viernes, 27 de marzo de 2015

Vivimos Demasiado

Hace dos años el ministro de economía de Japón, Taro Aso, uno de los políticos nipones más ricos, dijo a los ancianos japoneses que “se den prisa y se mueran”, para aliviar los gastos del estado en atención médica. La cosa no pasaría de anécdota si no fuera porque en Japón el 25% de las personas son mayores de 60 años. La cosa no quedó allí, el ministro llamó a los ancianos que no pueden alimentarse con sus propias manos “gente de tubo”.  Además el caballero explicó lo siguiente: “Yo me despertaría sintiéndome mal si sé que el tratamiento está pagado por el Gobierno".
Taro Aso: "Muéranse rápido"
Digo, ¿dónde se fue el sentimiento de humanidad? ¿El respeto a los ancianos o seres humanos en general? ¿Es que lo único que importa son las cuentas en azul? Por último, cuál es la solución para políticos como este japonés frente al envejecimiento de la población. ¿Matar a los viejos?

El FMI También


En el 2012 un documento del FMI ya había puesto el dedo en la llaga. La directora del organismo, Christine Lagarde, había dicho “hay un problema porque ahora la gente vive mucho”. El FMI en documentos internos proponía retrasar la edad de jubilación ante "el riesgo de que la gente viva más de lo esperado". Según el FMI “vivir más es bueno, pero conlleva un riesgo financiero”. Ante eso proponía soluciones de mercado, como recortar las prestaciones sociales y retrasar la edad de jubilación.
Lagarde: "Hay riesgo de que la gente viva más de lo esperado"
Dos cosas me parece observar aquí. Por un lado que el FMI, como es de anticipar, sólo ve un problema financiero y ante ello responde como cualquier avariento aferrándose a sus monedas. Le parece que vivir demasiado es un riesgo que amenaza sus ganancias y no lo va a permitir. Para ello despliega soluciones de mercado, dar menos y quitar más. Menos prestaciones a cambio de más años de trabajo de la gente.

Cuando la Solución no soluciona nada


Por otro lado, lo que no se observa es un planteamiento integral del problema. El mismo Japón de Taro aso, dentro de 50 años tendrá al 40% de la población total viviendo con más de 60 años. La solución del FMI para ese problema es que trabajen más y reciban menos, pero lo cierto es que si bien la esperanza de vida se ha incrementado, no se llega a edades avanzadas con la fuerza de la juventud. ¿Quién trabajará entonces si el 40% de la población está compuesta de ancianos? ¿Se producirán entonces alimentos para todos? Si la tendencia en los países desarrollados es tener uno o ningún hijos  ¿Quién trabajará y producirá alimentos para todos? Por último, ¿Es que se cree que es tan fácil decir “Muéranse rápido” y se acaba el problema?

La solución desde la perspectiva del capitalismo salvaje que vivimos es matar a los improductivos. Es una solución profundamente inmoral puesto que sólo privilegia resultados económicos y desampara el derecho a la vida, consagrado en la carta de las naciones unidas, y aunque en estos días suena cursi, hay que decirlo, el humanismo nos impide optar esa solución de mercado.

Es un tema harto complejo. El envejecimiento de la población del planeta es real y trae problemas prácticos como ¿Quién trabajará? Pero también trae problemas morales ¿matar a los viejos? ¿Cuándo se es viejo, desde los cuantos años?

A veces parece que los funcionarios del orden mundial imperante sólo ven cuentas de bancos y olvidan que fueron elegidos para gobernar naciones para bien de todos.  

Pueblo Libre, 22 de marzo del 2015


domingo, 22 de marzo de 2015

Castañedismo: La Fiebre Amarilla

El alcalde Luis Castañeda ha iniciado quizás sin saberlo, una práctica peligrosa. Al borrado de pinturas en el centro de la ciudad ¿Qué seguirá? Yo creo que sería bueno leer los libros escritos por Vargas Llosa en su época comunista, para ver qué se encuentra. Qué ideas subversivas afloraban en esa mente pérfida de Varguitas. Después habría que revisar extensamente todas las pinturas del territorio nacional. Está claro que en las pinturas borradas habían muchos cerros y que estos evocaban a sendero luminoso. Pues a buscar se ha dicho. Yo, patrióticamente cumplo con informar que en Trujillo, en el famoso mural de la UNT compuesto por millones de cerámicos, en el sector correspondiente a Rafael Hastings, (ver aquí el mural) existen unos cuantos cerros. Hay que ir allí y tumbar esos subversivos mensajes. De paso, interrogar a Hastings, ¿Qué es eso de andar pintando cerros? No se nos olviden las esculturas de Víctor Delfin y algunos otros. De seguro que allí también la caviarada internacional he plasmado sus mensajes terroristas. Hay que revisarlo todo. ¡Que viva la cacería de brujas! Larga vida al macartismo más rancio, vergonzoso  y anti histórico.

Antes y Después de Castañeda
Que el alcalde de Lima no es un hombre de letras no es un secreto. Que su cultura cabe en la cabeza de un alfiler, tampoco. Al final es un hombre que se ha forjado la imagen de constructor eficiente, aunque de eso no estamos seguros. En su periodo anterior los obras no las hizo él, sino organismos internacionales a los que encargaba las obras para no ser auditadas por Contraloría. De todos modos se puede decir que era un buen encargador de obras. Hay escaleras y bypases que lo acreditan como hombre de trabajo. ¿Qué necesidad de aparecer como moderno Torquemada? Castañeda es un alcalde que ha sido elegido con uno de los porcentajes más elevados en la historia de Lima. Eso le confería un consenso para llevar adelante reformas y obras con el apoyo mayoritario de la gente. 

Amarillo Absurdo


Por eso es incomprensible esta fiebre amarilla que empieza a cubrir toda Lima y donde el alcalde luce sin ideas, sin iniciativas que no sean borrar todo lo hecho por su antecesora. Es una cosa pequeñita, de niño trancisionero; no de estadista que entiende su rol de líder que rema hacia el futuro. Castañeda está anclado en el retrovisor, pero además funge no de ingeniero constructor, sino de capataz de demolición. Lo de los murales es cosa de niños si nos fijamos en las mega obras iniciadas por Susana Villarán, a las que Castañeda trata de detener. La reforma del transporte es una de las reformas más esperadas por la ciudadanía, y aunque con deficiencias, había sido iniciada por Villarán. Había que mejorar, dar continuidad, sembrar el buen ejemplo para las generaciones futuras. El corredor azul es ejemplo de solución económica al problema del transporte. Son empresas de verdad, no se arranchan los pasajeros, no compiten entre sí, no existe la guerra del centavo, hay una frecuencia, un orden, son buses higiénicos, hay un trato respetuoso. ¿Exigía alguna mejora? Claro que sí. Jamás su destrucción y Castañeda se encamina hacia ello además de petardear la operatividad de los otros corredores.

Hermoso mural borrado por alcalde Castañeda
Castañeda aún está a tiempo de reconocer sus errores y quedar como caballero. El ejemplo que reciben nuestros jóvenes del odio entre líderes no es bueno para la ciudad. Haría bien Castañeda si mañana reconociera un “exceso de entusiasmo” y que estuvo mal borrar la cultura urbana. Después convocara a los artistas a pintar nuevamente sus murales y reconociera que falló al parar los corredores viales. Si reconociera que su antecesora, con todas sus deficiencias, hizo algunas cosas buenas y la llamara a conversar y juntos presentarse a los medios sellando una paz, no por ellos, sino por la ciudad y sobre todo por sus niños y jóvenes. Pero pedir a Castañeda una cosa tan pequeña y sensata es pedir peras al olmo. Sus intereses son otros, la ciudad poco le interesa. Como decía Valle Riestra, hay gente a la que no le interesa la historia, sino la quincena. A Castañeda no le interesa la historia ni la quincena. Lo que le interesa sólo él lo sabe aunque todos lo imaginan.

La fiebre amarilla pasa por tres etapas en sus víctimas. En la tercera, luego de haber pasado por la primera, que es la de la ictericia, el paciente sufre convulsiones, coma y delirio. Este último parece ser el que más afecta a Castañeda, convencido de que es, no el alcalde y primer servidor de la ciudad, sino el dueño, el mandón o mandamás de una ciudad que lo ha honrado eligiéndolo alcalde por tercera oportunidad. Es triste decirlo, pero todo parece indicar que Castañeda no saldrá bien de éste mandato. 


Pueblo Libre, 22 de marzo del 2015


lunes, 9 de marzo de 2015

Trujillo: Cero Problemas ¿Verdad o Mentira? (2)

En un post anterior mencionábamos algunos problemas tangibles y antiguos como la poca presión del agua en la ciudad y la insuficiencia de la potencia eléctrica en las conexiones. El problema es mayor y tiene relación con la propiedad de las cosas. Si no estuviéramos tan distraídos con el día a día, el regionalismo de los trujillanos tan sólo superado por el regionalismo de los arequipeños, tendría razones para avergonzarse. El regionalismo invocado y desarrollado hace apenas 3 o 4 décadas por líderes como Jorge Torres y Guillermo Larco, hoy luce descabezado, declarativo. Es como un niño al que le falta recientemente un ser querido, por abandono, separación o lo que fuere, y ante eso el niño arma un berrinche. Cuando a los trujillanos se les hace ver que ya no son nada, responden con insultos, o con la negación de los hechos, con la mirada al cielo y silbada, o peor aún, responden diciendo “no me digas lo feo, dime lo bueno”.

Éxodo de los Trujillanos


En los últimos años 300,000 trujillanos han abandonado la ciudad impelidos por causas principalmente económicas. 170,000 han huido al extranjero y 130,000 a Lima. La razón principal es que Trujillo no puede garantizarles una calidad de vida adecuada  ni para expectativas mínimas. Para peor, los trujillanos que han partido son los que tienen la mejor educación y preparación profesional. El lugar de los que salen es tomado por ciudadanos con niveles educativos exiguos que sólo garantizan un empeoramiento de las capacidades conjuntas de la ciudad, una paulatina pauperización de las organizaciones locales, entidades del estado y empresa privada.

Empresas Trujillanas para la Nostalgia 

Es quizás en esta última, empresa privada, pero no sólo en ella, que se nota lo mencionado. Hace algunas décadas en Trujillo se fabricaba las gaseosas Twist y Cassineli; la cerveza Pilsen Trujillo y el ron Cartavio. También existía la Mutual Panamericana y el BancoNor perú, entidades crediticias que recaudaban el dinero de los trujillanos para ser invertido en la región, dando trabajo y generando desarrollo. Hoy eso no existe más. El caso de la Pilsen Trujillo es paradigmático. La otrora cerveza engreída de los trujillanos no es más una cerveza local. Su fabricación se realiza en la vecina ciudad de Guadalupe, sus propietarios son la SABMiller (empresa canadiense), por lo que los dineros de la venta de cerveza no se quedan como antes en Trujillo, sino que parten hacia Lima y luego al extranjero. Los trabajadores de la empresa ya no son trujillanos, al igual que el agua con que se produce tampoco lo es. Una muestra del nulo respeto a la marca y a la tradición lo tenemos en la página web de Backus: cinco líneas es todo loque le dedican a la ex emblemática cerveza trujillana. Al revisar la página web dedicada exclusivamente a Pilsen Trujillo, sólo se observa 5 o 6 pantallazosinútiles. Nada de información de los productos o siquiera información histórica o estadísticas. Sin embargo los trujillanos siguen hablando de la Pilsen Trujillo como su cerveza.

Ex Emblemática Cerveza trujillana

 Analizando la información mencionada vemos que el tejido productivo trujillano ha sido desmantelado progresivamente. La propiedad de las otrora fábricas trujillanas ha pasado a otras manos y sus fábricas desmanteladas o reducidas. Algo similar ocurre con la llegada de los supermercados y centros comerciales. El dinero de los trujillanos es recaudado por empresas extranjeras y limeñas que lo remiten a Lima y el extranjero a sus casas matrices. El empobrecimiento galopante de una ciudad que se perfilaba para polo de desarrollo hace pocos años es evidente en los sueldos que se pagan. Un ejecutivo promedio gana en poco más de 2,000 soles.
Banco Nor Perú otrora orgullo de la región

¿Hay Futuro?

Existen en la ciudad familias trujillanas con los dineros necesarios para impulsar nuevas empresas, supermercados y fábricas. También existe aún población con la formación necesaria para emprender exitosamente nuevos proyectos, pero está fallando el espíritu emprendedor. Faltan liderazgos y mejor educación. Y esa es una preocupación. ¿Cuán buena es la educación que se imparte actualmente en los colegios trujillanos? La educación impartida en ellos hasta los años 80 permitió a esas generaciones destacar o adaptarse positivamente en cualquier latitud siendo bien recibidos. ¿Están los nuevos trujillanos siendo educados para tomar las riendas de la ciudad y llevarla adelante? ¿O estamos condenados a ser gobernados en el futuro por gente como César Acuña (que no es trujillano felizmente) que se jacta de no leer ni escribir?

La economía de la región y de la ciudad se ha mantenido soportada por los dineros de la agricultura proveniente de Chavimochic, pero ese dinero ha llegado a la gente en forma de salarios de supervivencia. Ha habido concentración de la riqueza en pocas manos, limeñas o extranjeras para más señas. Es lo de nunca acabar.
Gaseosas Twist 
Sin embargo creo firmemente en la gente de la ciudad. Ocultos, disminuidos por la presión de los ejércitos de foráneos y la fuerza de medios de comunicación alienantes que transmiten formas de vida y valores ajenos a la ciudad, están nuestros valores y tradiciones. Toda la riqueza de una región y una ciudad que se hicieron a sí mismos durante décadas y centurias de soledad, están intactas. La riqueza y fertilidad de nuestros andes, la riqueza de nuestro mar, la productividad agrícola y comercial de nuestra costa, están todos allí. Pero más que todo ello está la gente que se sabe heredera de una tradición valiosa de centurias, transmitida de padres a hijos a través de generaciones.

Si después de todo lo que hemos perdido en estos veinte o veinticinco años, Trujillo continúa siendo la tercera ciudad del Perú, apenas superada por Arequipa, con enmendar un poco el rumbo podremos hacer de la nuestra la mejor región para vivir y de Trujillo una ciudad sostenible con el producto per cápita más rico del Perú. Eso si corregimos el rumbo, sino el futuro pinta negro para una ciudad tan rica.

06 de marzo del 2015


sábado, 14 de febrero de 2015

Comer en Lima: Una sucia aventura

Cuando hace tres años Iván Thays escribió que la comida peruana era un petardo gastronómico e indigesta, el primero en atacarlo fue Gastón Acurio. El mediático cocinero escribió de Thays “No sé quién es, ni le hago caso”. No fue el único. Después de Acurio decenas de cocineros del exclusivo club de Gastón, insultaron públicamente y con saña a Iván. Nosotros dijimos lo nuestro. Pero esto de escribir verdades es como el fútbol, da revanchas, y la revancha de Thays ha llegado pronto de la mano de insectos y roedores en fast foods y restaurantes.

En éste local empezó el escándalo
Lo de Domino’s Pizza es un juego de niños a pesar de las cucarachas. Comer en Lima ha sido siempre una sucia aventura y más ahora con el "éxito de la comida peruana", que ha llevado a que cualquier hijo de vecino se convierta en empresario de la comida. Desde hace un año debo almorzar en el centro de Lima por razones de trabajo. El primer día sufrí pensando en que llegaría la hora del almuerzo y mis anteriores experiencias en el centro habían sido nefastas. Yo, nada que ver con el choclo con queso de carretilla, o el huevo duro con papa sancochada, que inundan las calles céntricas. Tampoco con las fast food, pues trataba de conservar la forma humana sin parecerme a esas auténticas orcas humanas surgidas a propósito del boom gastronómico. Sufrí entonces toda la mañana, preguntándome que pasaría a la una de la tarde. 





Cuando Comer es lo "Real-Maravilloso"


A la una en punto empezó el suplicio. En Lima la gente se para al costado de tu mesa, sin roches, sin paltas, a esperar que termines para tomar tu asiento. Una onda a lo bestia y lo más incivilizada del mundo, pero es lo que hay. A mi pesar hube de hacer cosa parecida, algo más caleta, desde la entrada del establecimiento. Me paré allí apuntándole a una mesa con cara de que la iban a desocupar, con la intención de salir yo corriendo como Usain Bolt para hacerme con el asiento liberado. Error. Otros competidores me ganaron vez tras vez, porque estaban varios metros más cerca que yo, parados junto a la mesa. Finalmente Ventura se apiado de mi. Ventura no era la suerte, sino el propietario del restaurante y me dijo “¿Nuevo, verdad?”, le dije, “Nuevo e irrenunciablemente vergonzoso”. Me miró con lástima y me explicó mientras me cedía su asiento, “Ven, siéntate aquí por hoy, pero si no te vuelves medio sinvergüenza sufrirás mucho para comer”.  

Agradecí el consejo y tomé asiento dispuesto a aprender todo lo que pudiera. Una vez sentado me percaté de que los comensales en derredor no tenían bandera, es decir, gente inescrupulosa como aconsejaba Ventura, es cierto; pero con modales de cargador de mercado: sorbían, se sonaban los mocos, los codos recostados en la mesa, la cabeza sin levantarse del plato, con hawaianas y bermudas y polo barato de Gamarra. De locos. Y las señoritas que atendían, unas diosas. Vino una de ellas muy linda con lunar en la mejilla y dentadura de perfectos dientes pequeños, que mientras pasaba un trapo a la mesa, me dijo sin mirarme “Qué se sirve”. Así, sin tono de pregunta. Le dije, ya obviamente fastidiado, “¿Buenos días no?” Me miró incrédula y preguntó “¿Cómo dice?”. Pues eso, era linda, más yo no me iba a retractar, le dije “Que no deberíamos perder la educación, siempre un buenos días es mejor”. Respondió “Uhm ¿va a comer o no?

Después de que se fue con mi pedido apuntado en un papel manteca (y no hablo de aquellos papeles marroncitos de antaño, sino de un papel sucio de manteca) la vi aproximarse al hueco de una puerta, gritar hacia adentro anunciando los pedidos, recoger algo y volverse con idéntica premura hacia otras mesas. Al costado de ella una puerta lucía semi abierta y con  la luz encendida. Era el baño de hombres. ¿Un baño junto a la puerta de la cocina? Que digo, no junto, adosado, soldado, codo con codo, la puerta del baño de hombres y la puerta de la cocina de la cual salían nuestros alimentos, estaban pegadas una a la otra como dos amantes en su noche de bodas. Es decir, alimentos y microbios se complementaban a la perfección. Una pena, pero más que nada una humillación al sentido común y el amor propio.

Vino mi comida, que no era la gran cosa y costaba como si lo fuera. Me persigné varias veces, como si fuera a disputar la final de la Champions y empecé a ingerir. No mentiré, cada bocado que llevaba a mi boca era un auténtico suplicio preguntándome si tendría que salir corriendo hacia ese baño que me había disgustado tanto. Entre tanto un muchacho salió de la cocina, dio un paso para ingresar al baño y cerró la puerta tras de sí. Demoró varios minutos adentro y finalmente salió retornando a la cocina. Fue suficiente, me levanté, pagué a Ventura estoicamente y me fui de allí.

La Verdad Gastronómica Monda y Lironda 


Es sabido en casi toda Lima cuadrada que en ese ámbito sólo hay tres o cuatro lugares que merecen el nombre de restaurantes. Están ubicados a media cuadra de la plaza de armas. Eso es todo, lo demás son cientos de establecimientos donde comerciantes inescrupulosos la pegan de empresarios y contratan como personal de cocina a cocineros que no son tales, que carecen de carnet de sanidad y desconocen las mínimas prácticas de higiene. No tienen una educación sustentable y el trabajo les ha caído del cielo y sin exigencias. El personal que atiende las mesas puede ser peor. Es común verlos frotarse las narices mientras esperan un plato o recogen un pedido. También se toman el cabello o el rostro y se secan el sudor con el dorso de las manos que manipulan nuestros platos. Algunos llegan a atender en etapas de tos y estornudos. Todo vale. Lo triste es que los comensales no exigen algo diferente, llevan la bandera arriada y muchas veces es porque no conocen otra cosa y su poca educación no les permite ver el riesgo que corren comiendo en semejantes condiciones. Como dijo mi hermana, tienen la valla puesta muy abajo.

Es la verdad. Lima es una ciudad donde comer es una sucia aventura. Solicitar permiso para ver el estado de las cocinas es algo que los propietarios jamás permiten y las municipalidades no practican. La experiencia narrada más arriba no es ficción sino la verdad tal cual. El problema no se reduce a Lima cuadrada sino a todos los distritos. A las autoridades no les preocupa ésta situación y cuando reciben alguna queja o denuncia ésta sirve para extorsionar al establecimiento denunciado, más no para sanción, multa o mejora. Así, la afirmación de que somos capital gastronómica de latinoamérica es una broma asquerosa e insalubre. Pronto empezaremos a aparecer entre los lugares peligrosos para visitar, como aparecíamos en tiempos de la subversión. Entonces toda la fantasía se derrumbará.

Higienizar o Morir 


Quien piense que comer higiénicamente es asunto de pagar más, no tiene la peregrina idea de qué va la cosa. La higiene es innegociable y los precios deben incluirla como un insumo más. Si por abaratar costos se prescinde de la higiene mal negocio hacen los comensales. Además, nada garantiza que los restaurantes caros tengan mejor higiene que los baratos. En mi criterio, la gran deuda de los servicios en Lima está en los campos del transporte y la comida, y ésta última por la falta de higiene y en ésto hemos sido grandes hipócritas callando la verdad. A la distancia de 3 años, Iván Thays ha demostrado tener razón como una catedral y Gastón Acurio ser por lo menos un tipo desconectado de la realidad, sin cultura ninguna y en el peor caso, un inescrupuloso como el que más, al que sólo le importa su negocio. En el escándalo de los fast food no ha dicho ni media palabra.

Pueblo Libre, 11 de febrero del 2015.


lunes, 12 de enero de 2015

Ley Pulpin o Canto del Cisne del Sistema

Escuchando algunos debates en torno a la ley Pulpin, sorprende que contertulios como el ministro de Trabajo o Rosa María Palacios, se refieran a los jóvenes que protestan contra la ley como “chicos”, en forma absolutamente peyorativa. No sólo es un truco sucio para etiquetar y disminuir a los jóvenes, sino que desnuda las concepciones terribles de cierto sector que no quiere construir un país de hombres libres, sino un país de menores a los que ellos puedan reprender y decir lo que hacer, condenándolos a ganar miserias. Todo ello en nombre de las empresas y de la libertad.

Jóvenes peruanos protestan contra ley Pulpín
              “Es que”, dicen ellos, “las empresas crean el trabajo; no la ley, ni el gobierno”. Mentiras redondas. Lo que crea el trabajo es la necesidad; si se quiere, la demanda. Pero no la empresa. Cuando aparece la demanda, viene la empresa y oferta soluciones. Esa es la verdad. Luego dice ésta gente (Rosa maría, el ministro, y varios más) que como la empresa crea el trabajo, hay que darle competitividad, y para darle esto, hay que bajar sueldos, quitar derechos y todo lo que atente contra la competitividad.

                Pero claro, decir que las empresas no son competitivas porque los jóvenes ganan mucho y tienen muchos derechos, es como decir que los negros lo son porque no usan Camay: una mentira. Para empezar, los jóvenes no ganan mucho. Son mal pagados por grandes empresas que los exprimen todo lo posible a cambio de “la experiencia” en supermercados, telefónicas, call centers, centros comerciales y similares. En cuanto a derechos, estos les son escamoteados sin piedad.

Competitividad


Incrementar la competitividad bajando sueldos, no es incrementar competitividad, falso; la competitividad se incrementa con empleados (instruidos) que ganan bien, que tienen sus necesidades cubiertas, que comen ellos y sus familias 3 veces al día. Para incrementar la productividad la empresa invierte en Investigación y Desarrollo de sus servicios y productos para hacerlos mejores. La China, convertida hoy día en la gran locomotora mundial, no podría competir en el mundo entero como hace hoy en día bajando los sueldos más, sino hubiera invertido en Investigación y Desarrollo que les permiten crear los productos que el mundo compra. Llama la atención que los liberales peruanos no sepan esto. O no lo saben o son muy cínicos.

Lo otro que no se dice es que si para que las empresas no cierren hay que tirar al piso los sueldos, es que no son competitivas. Y si no lo son, según las leyes del mercado deben cerrar. Y si cierran muchas al punto que el desempleo sube a niveles peligrosos, entonces es que el sistema no puede absorber y dar empleo a los ciudadanos de un país. Luego el sistema no sirve, lo que hay que hacer es cambiar el sistema por uno que de trabajo y un sueldo que garantice la satisfacción de las necesidades de la gente.


¿Existe un límite?


Ante la ley Pulpin una pregunta válida a hacer es ¿Cuál es el límite? Llevamos décadas desde que se nos dijo que había que ajustarse los cinturones. Ayer apenas se nos decía que en los 90s se había tomado el camino correcto y estábamos viviendo una bonanza de padre y señor mío y que por tanto no debíamos alejarnos del “camino correcto”. Pues ahora, cuando hay que redistribuir esa bonanza, se nos dice que ya no, que para que los jóvenes tengan empleo hay que pagarles poco. PPK, el inefable PPK, aconseja hacer eso hasta los 30 años. Jóvenes viviendo de favor junto a sus padres hasta los 30 años es indigno, y hasta los 24 que señala la ley, también es indigno. Acostumbrándose al tutelaje, no serán jamás hombres libres, serán sometidos después como el elefante aquél al que le quitaron la cuerda que lo ataba al árbol y él siguió atado para siempre en su mente.

La derecha peruana no quiere un país competitivo, quiere un país de esclavos en el que mantener sus privilegios y en el cual el reparto de la riqueza de forma más justa se postergue para siempre. Cuando dicen que no están quitando derechos a los jóvenes porque no los tienen, están diciendo falacias. Que los jóvenes (y mayores también) no los ejerzan porque las empresas se los escamotean, no significa que no los tengan, significa que no los ejercen, entre otras cosas porque el estado no hace cumplir la ley. Y como los jóvenes no los ejercen, oh solución inteligente, hay que quitárselos. Pero vamos, es claro, si nuestro país no puede dar derechos a la gente y se paga lo que se paga, una miseria, es que éste país que han gobernado las derechas peruanas, ha fracasado de cabo a rabo y hay que buscar otro modelo; porque ¿Cuando los índices de competitividad digan que seguimos a la cola que harán? Vendrán a cercenar nuevos derechos o nos dirán como dicen las derechas españolas, que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. Y nos quitarán todo.

Es claro que esta gente es insaciable. Y también es claro que están tensando la cuerda al punto que ésta va a terminar pillándoles los dedos. Esperemos que nuestro país genere soluciones políticas de altura a éste unipolarismo ideológico nocivo y peligroso que estamos viviendo. Lo único positivo de la ley Pulpin es que nos permite repensar cuestionadoramente el modelo que se ha implementado en nuestro país escamoteando la voluntad popular expresada en las urnas en el 2011.

Pueblo Libre, 12 de enero del 2015


miércoles, 17 de diciembre de 2014

La Era de Los Impostores y de su Audiencia Contentísima

Vargas Llosa titula así ("Era de los Impostores") su último artículo para el diario El País. Cuenta que el escritor Javier Cercas ha narrado la historia de Enric Marco, un tipo que se fabricó una personalidad a medida, como sobreviviente de los campos de exterminio nazis, y luchador de la resistencia española contra el franquismo. Como tal dio conferencias y escribió libros: Un héroe. Toda la historia no era más que un timo que desveló el historiador Benito Bermejo, y que Javier Cercas pone en evidencia en forma de novela.

En esas lecturas estaba yo cuando se ha esparcido en el mundo y filtrado en mi PC la historia de este estudiante de nombre Mohammed Islam, que ha acumulado una fortuna de 72 millones de dólares a sus escasos 17 años. Claro, uno siente vergüenza cuando lee una noticia de esas. No se sabe si el problema de no alcanzar esos notables logros es uno, o el país en que uno vive. Más aún cuando se acaba de promulgar una ley de “Empleo juvenil” que convierte en sueño cualquier esperanza juvenil de ser como Islam, qué va, ni ahorrando como Lucianita.

La noticia del estudiante Islam (fijaos el nombrecito problemático que tiene, lo que hace más notable su éxito) ha aparecido primero que nadie en el New York Magazine y luego se ha esparcido por todo el mundo a velocidad luz, que hubiera envidiado el capitán Kirk; siendo replicada por los rotativos de los diarios y repetida en los noticieros de las principales cadenas  noticiosas del mundo. Todo ello con la aureola del camino a seguir; es decir “Ya lo veis, sed como Islam, él os enseña el camino, pobre es el que quiere”.

Mohammed Islam

Mohammed Islam, Enric Marco, López Meneses


Pero la verdad es que Islam  es otro timador. Tan avezado como Enric Marco, o a un nivel más local, como un López Meneses, ese otro timador peruano que se hacía pasar por amigo empoderado del presidente Humala y de su esposa, y que gracias a su temeridad se hizo poner escolta policial en la casa y vendió (estoy seguro) a altos precios sus servicios de lobista de la entelequia. Y no era nadie, ni tenía poder alguno.

A propósito de esto me recuerda lo que me contaba un amigo hace poco. Me decía algo más o menos así. “Los faroleros, los lobistas, los corruptos, te ofrecen ganar una licitación. Te aseguran por su madre que te harán ganar. Te juran que conocen a las personas claves que toman las decisiones de compra y que ya todo está conversado”. Cuenta éste amigo que los contactos al interior de las organizaciones no dejan lugar a dudas en su ofrecimiento “Vas a ganar”. El único requisito es que hay que pagar el 10% del monto asignado antes de que se conozca el resultado. Cuando éste sale se puede ganar o perder. Si se pierde, el contacto dará alguna explicación del tipo “ha intervenido otro jefe, el más grande”. Si se gana, el contacto se frota las manos y elogia su propia habilidad, “Ya viste, conmigo te vas a hacer millonario”, dirá. Lo cierto es que si ganas, ganas por tus propios méritos y no por intervención del contacto "influyente". Sin embargo, el contacto que se ofreció como persona bien conectada y con influencias nunca pierde, y vende un servicio que no dará nunca. Es otro timador que se aprovecha de la ambición y angurria de que los que lo quieren oír.

Así estamos. Wall Street nos ha querido timar con la historia del joven de origen humilde, perteneciente una minoría racial, que se ha hecho gracias a su habilidad con una considerable fortuna. El mundo ha creído la historia por un rato. Pero Mohammed Islam, no tiene ninguna fortuna conseguida en base a fantásticas inversiones, ni es un genio de las finanzas. Todo no pasa de ser un juego de transacciones simuladas, bien explotado, un pasatiempo de mocosos que juegan a la bolsa, que se ha convertido en un notición para quienes han querido creérselo. Es verdad que, como dice Vargas Llosa, vivimos una Era de Impostores; pero también es verdad que estos existen porque hay gente ávida y contentísima de creerse esas historias.

Lima, 16 de diciembre del 2014


jueves, 11 de diciembre de 2014

Basta de Hipocresías

El jueves 27 de noviembre Patricia del Rio tituló así su post en El Comercio “Basta de Hipocresías”. Ese mismo día en el canal 4, la Maju Mantilla abrió su programa de la una de la tarde con un pequeño discurso en pro de que se acabe la violencia contra las mujeres. La bella Maju vestía un short pequeñísimo que permitía verle hasta el alma, en un día bastante frío.  Paralelamente el ministerio de la mujer había invadido las calles de la ciudad con un volante que decía “La mujer no es un objeto”. Hasta allí todo bien. O casi.


Para quien esto escribe la violencia contra la mujer es repudiable en todas sus formas. Física o sicológica, no me importa, es repudiable, condenable, castigable; lo hemos tratado antes aquí;  pero no solo contra la mujer, también la violencia contra el hombre lo es, y contra las minorías sexuales, del mismo modo. La violencia no debe ser tolerada en ninguna de sus formas, eso está claro. Todo bien, o casi.

Porque una cosa es la lucha frontal contra la violencia, y otra cosa un rollo cansino que enmascara un feminismo trasnochado, solapa, de juguete, como el que practica Patricia del Rio y que es lamentablemente, un feminismo tan extendido en nuestro país, y tan presente en los te de tías de las tardes limeñas y peruanas en general. Porque detrás de la condena a la violencia contra la mujer, sólo está el vacío, está el victimizarse y lanzar alguna palabra soez (joder) que sirve para pegarla de mala, de valiente, de achorada. Y eso es todo, no hay más, y por tanto no se resuelve nada; es, repito, vacío. Lloriqueo innecesario y cínico.

Lo que dice Patricia del Río


En su inteligente artículo Patricia del Río dice que no se le puede seguir pidiendo a la mujer que se defienda, que es momento de que los hombres hagan su parte. Se queja Paty, de que las mujeres ganan el 40% menos del sueldo que gana un hombre por el mismo trabajo. Dice, que los hombres piensan que las mujeres deben ocuparse del trabajo de la casa,  y que si ellas sienten temor de que los hijos hombres vayan a la calle, sienten terror cuando las hijas mujeres deben hacer lo mismo.  Dice literalmente la buena de Paty lo siguiente de nada servirán mil leyes más de feminicidio si los hombres no asumen su parte. Si no se miran al espejo. Si no abandonan las justificaciones vergonzosas y deciden equilibrar la balanza”.

Lo que no Dice Patricia del Río


Por el título del post yo había pensado que Patricia diría esta vez la verdad, que abandonaría la monserga y nos abriría los ojos. Que no. Que Patricia sigue sumándose de manera ya vergonzosa, a la vergonzosa excusa de cierto sector de peruanas que no quiere hacer nada para terminar con el problema. Porque nada dice Patty por ejemplo de lo que cuento líneas arriba de la Maju Mantilla (y muchos programas similares), ¿o es que se cree que salir en pantalla buscando erotizar a los televidentes en horario de protección al menor no es también violencia en un programa aparentemente familiar? ¿O es que se cree que el espectáculo diario de peleas, infidencias y guerras entre hermanas, que la Mantilla y sus colegas presentan, no es también violencia contra la mujer? ¿Es que se cree que la Maju tiene mucho calor y por eso exhibe las piernas en invierno, o es porque lo manda la pauta de un programa que la convierte en objeto con su beneplácito?

La TV hace de la mujer objeto con silencio y complicidad de éstas

Tampoco dice Patricia del Río que los sueldos de los que se queja, muchísimas veces, son señalados y puestos por jefas de personal, oséa, mujeres. Nada, allí solo hay silencio. Es que, claro,  hay que apuntar la carabina contra el enemigo de siempre, el culpable de todo, el que se va a guerrear porque le encantan la sangre humana, los pleitos; el avaro, el codicioso que quiere para sí los oros; el lascivo que se va de putas abandonando a los hijos y tiene alguna otra mujer oculta en el ropero: el hombre, el maldito, ¡Cómo no! ¿Quién si no?

La Madre del Cordero (machista)


Patricia del Río, como feminista que no sabe que lo es, no dice que todo hombre violento ha sido educado por una mujer, llámese madre, tía, hermana o lo que se quiera, ha sido una mujer. Es esa educación machista que practican las madres lo que hay que terminar primero. Y segundo, hay que educar a la gente. No todos los educados son no violentos, pero todos los no violentos son educados. Por lo menos básicamente han sido educados por sus madres o por la escuela, para no agredir a sus parejas. Esa es la clave, la educación.

Mil veces he visto madres en los omnibuses limeños, que ante la cesión del asiento para ellas por un caballero, hacen sentar como príncipe al hijo. En ese acto de aparente amor están creando al monstruo que piensa que todos los privilegios le son debidos. O las madres que envían a la hija a lavar la ropa y cocinar para los hermanos varones. O las madres que se enorgullecen de la promiscuidad sentimental y sexual del hijo varón, mientras someten a la hija a una existencia de mojigatas. ¿Cuál es la culpa del varón en todo ese embrollo? Ellas crean al monstruo y luego se quejan de su monstruosidad.

Otra cosa. Jamás hemos visto a las mujeres de nuestro país protestar para que sus hijos tengan una mejor educación en las escuelas. Peor aún, jamás las hemos visto protestar en nuestras calles, para terminar con esa situación que Patricia del Rio convierte en bandera: detener la violencia contra la mujer. Se han acostumbrado a la comodidad de un té de tías para el raje, a las lisuras frente a un micrófono por un minuto. Llenan sus horas hablando de gastronomía, y de sus éxitos en la vida, antes que de la violencia contra la mujer. No tienen conciencia del problema, ni siquiera lo discuten seriamente. Que diferencia con, por ejemplo,  los negros norteamericanos, que obtuvieron en las calles el reconocimiento de sus derechos. ¿Quieres derechos? ¡Gánalos!

Acabar con el problema de la violencia contra la mujer no pasa por leyes de feminicidio como lo demuestra la realidad. Pasa por sensibilizar a una opinión pública, pasa por educar en la casa y en la escuela de mejor manera a los hijos, y pasa por dejar la actitud del té de tías, de dejar la comodidad del sofá, para empezar a protestar de verdad. Y solo al final del camino se necesitarán leyes ¡Dejémonos de hipocresías!

Pueblo Libre, 11 de diciembre del 2014