sábado, 14 de febrero de 2015

Comer en Lima: Una sucia aventura

Cuando hace tres años Iván Thays escribió que la comida peruana era un petardo gastronómico e indigesta, el primero en atacarlo fue Gastón Acurio. El mediático cocinero escribió de Thays “No sé quién es, ni le hago caso”. No fue el único. Después de Acurio decenas de cocineros del exclusivo club de Gastón, insultaron públicamente y con saña a Iván. Nosotros dijimos lo nuestro. Pero esto de escribir verdades es como el fútbol, da revanchas, y la revancha de Thays ha llegado pronto de la mano de insectos y roedores en fast foods y restaurantes.

En éste local empezó el escándalo
Lo de Domino’s Pizza es un juego de niños a pesar de las cucarachas. Comer en Lima ha sido siempre una sucia aventura y más ahora con el "éxito de la comida peruana", que ha llevado a que cualquier hijo de vecino se convierta en empresario de la comida. Desde hace un año debo almorzar en el centro de Lima por razones de trabajo. El primer día sufrí pensando en que llegaría la hora del almuerzo y mis anteriores experiencias en el centro habían sido nefastas. Yo, nada que ver con el choclo con queso de carretilla, o el huevo duro con papa sancochada, que inundan las calles céntricas. Tampoco con las fast food, pues trataba de conservar la forma humana sin parecerme a esas auténticas orcas humanas surgidas a propósito del boom gastronómico. Sufrí entonces toda la mañana, preguntándome que pasaría a la una de la tarde. 





Cuando Comer es lo "Real-Maravilloso"


A la una en punto empezó el suplicio. En Lima la gente se para al costado de tu mesa, sin roches, sin paltas, a esperar que termines para tomar tu asiento. Una onda a lo bestia y lo más incivilizada del mundo, pero es lo que hay. A mi pesar hube de hacer cosa parecida, algo más caleta, desde la entrada del establecimiento. Me paré allí apuntándole a una mesa con cara de que la iban a desocupar, con la intención de salir yo corriendo como Usain Bolt para hacerme con el asiento liberado. Error. Otros competidores me ganaron vez tras vez, porque estaban varios metros más cerca que yo, parados junto a la mesa. Finalmente Ventura se apiado de mi. Ventura no era la suerte, sino el propietario del restaurante y me dijo “¿Nuevo, verdad?”, le dije, “Nuevo e irrenunciablemente vergonzoso”. Me miró con lástima y me explicó mientras me cedía su asiento, “Ven, siéntate aquí por hoy, pero si no te vuelves medio sinvergüenza sufrirás mucho para comer”.  

Agradecí el consejo y tomé asiento dispuesto a aprender todo lo que pudiera. Una vez sentado me percaté de que los comensales en derredor no tenían bandera, es decir, gente inescrupulosa como aconsejaba Ventura, es cierto; pero con modales de cargador de mercado: sorbían, se sonaban los mocos, los codos recostados en la mesa, la cabeza sin levantarse del plato, con hawaianas y bermudas y polo barato de Gamarra. De locos. Y las señoritas que atendían, unas diosas. Vino una de ellas muy linda con lunar en la mejilla y dentadura de perfectos dientes pequeños, que mientras pasaba un trapo a la mesa, me dijo sin mirarme “Qué se sirve”. Así, sin tono de pregunta. Le dije, ya obviamente fastidiado, “¿Buenos días no?” Me miró incrédula y preguntó “¿Cómo dice?”. Pues eso, era linda, más yo no me iba a retractar, le dije “Que no deberíamos perder la educación, siempre un buenos días es mejor”. Respondió “Uhm ¿va a comer o no?

Después de que se fue con mi pedido apuntado en un papel manteca (y no hablo de aquellos papeles marroncitos de antaño, sino de un papel sucio de manteca) la vi aproximarse al hueco de una puerta, gritar hacia adentro anunciando los pedidos, recoger algo y volverse con idéntica premura hacia otras mesas. Al costado de ella una puerta lucía semi abierta y con  la luz encendida. Era el baño de hombres. ¿Un baño junto a la puerta de la cocina? Que digo, no junto, adosado, soldado, codo con codo, la puerta del baño de hombres y la puerta de la cocina de la cual salían nuestros alimentos, estaban pegadas una a la otra como dos amantes en su noche de bodas. Es decir, alimentos y microbios se complementaban a la perfección. Una pena, pero más que nada una humillación al sentido común y el amor propio.

Vino mi comida, que no era la gran cosa y costaba como si lo fuera. Me persigné varias veces, como si fuera a disputar la final de la Champions y empecé a ingerir. No mentiré, cada bocado que llevaba a mi boca era un auténtico suplicio preguntándome si tendría que salir corriendo hacia ese baño que me había disgustado tanto. Entre tanto un muchacho salió de la cocina, dio un paso para ingresar al baño y cerró la puerta tras de sí. Demoró varios minutos adentro y finalmente salió retornando a la cocina. Fue suficiente, me levanté, pagué a Ventura estoicamente y me fui de allí.

La Verdad Gastronómica Monda y Lironda 


Es sabido en casi toda Lima cuadrada que en ese ámbito sólo hay tres o cuatro lugares que merecen el nombre de restaurantes. Están ubicados a media cuadra de la plaza de armas. Eso es todo, lo demás son cientos de establecimientos donde comerciantes inescrupulosos la pegan de empresarios y contratan como personal de cocina a cocineros que no son tales, que carecen de carnet de sanidad y desconocen las mínimas prácticas de higiene. No tienen una educación sustentable y el trabajo les ha caído del cielo y sin exigencias. El personal que atiende las mesas puede ser peor. Es común verlos frotarse las narices mientras esperan un plato o recogen un pedido. También se toman el cabello o el rostro y se secan el sudor con el dorso de las manos que manipulan nuestros platos. Algunos llegan a atender en etapas de tos y estornudos. Todo vale. Lo triste es que los comensales no exigen algo diferente, llevan la bandera arriada y muchas veces es porque no conocen otra cosa y su poca educación no les permite ver el riesgo que corren comiendo en semejantes condiciones. Como dijo mi hermana, tienen la valla puesta muy abajo.

Es la verdad. Lima es una ciudad donde comer es una sucia aventura. Solicitar permiso para ver el estado de las cocinas es algo que los propietarios jamás permiten y las municipalidades no practican. La experiencia narrada más arriba no es ficción sino la verdad tal cual. El problema no se reduce a Lima cuadrada sino a todos los distritos. A las autoridades no les preocupa ésta situación y cuando reciben alguna queja o denuncia ésta sirve para extorsionar al establecimiento denunciado, más no para sanción, multa o mejora. Así, la afirmación de que somos capital gastronómica de latinoamérica es una broma asquerosa e insalubre. Pronto empezaremos a aparecer entre los lugares peligrosos para visitar, como aparecíamos en tiempos de la subversión. Entonces toda la fantasía se derrumbará.

Higienizar o Morir 


Quien piense que comer higiénicamente es asunto de pagar más, no tiene la peregrina idea de qué va la cosa. La higiene es innegociable y los precios deben incluirla como un insumo más. Si por abaratar costos se prescinde de la higiene mal negocio hacen los comensales. Además, nada garantiza que los restaurantes caros tengan mejor higiene que los baratos. En mi criterio, la gran deuda de los servicios en Lima está en los campos del transporte y la comida, y ésta última por la falta de higiene y en ésto hemos sido grandes hipócritas callando la verdad. A la distancia de 3 años, Iván Thays ha demostrado tener razón como una catedral y Gastón Acurio ser por lo menos un tipo desconectado de la realidad, sin cultura ninguna y en el peor caso, un inescrupuloso como el que más, al que sólo le importa su negocio. En el escándalo de los fast food no ha dicho ni media palabra.

Pueblo Libre, 11 de febrero del 2015.


lunes, 12 de enero de 2015

Ley Pulpin o Canto del Cisne del Sistema

Escuchando algunos debates en torno a la ley Pulpin, sorprende que contertulios como el ministro de Trabajo o Rosa María Palacios, se refieran a los jóvenes que protestan contra la ley como “chicos”, en forma absolutamente peyorativa. No sólo es un truco sucio para etiquetar y disminuir a los jóvenes, sino que desnuda las concepciones terribles de cierto sector que no quiere construir un país de hombres libres, sino un país de menores a los que ellos puedan reprender y decir lo que hacer, condenándolos a ganar miserias. Todo ello en nombre de las empresas y de la libertad.

Jóvenes peruanos protestan contra ley Pulpín
              “Es que”, dicen ellos, “las empresas crean el trabajo; no la ley, ni el gobierno”. Mentiras redondas. Lo que crea el trabajo es la necesidad; si se quiere, la demanda. Pero no la empresa. Cuando aparece la demanda, viene la empresa y oferta soluciones. Esa es la verdad. Luego dice ésta gente (Rosa maría, el ministro, y varios más) que como la empresa crea el trabajo, hay que darle competitividad, y para darle esto, hay que bajar sueldos, quitar derechos y todo lo que atente contra la competitividad.

                Pero claro, decir que las empresas no son competitivas porque los jóvenes ganan mucho y tienen muchos derechos, es como decir que los negros lo son porque no usan Camay: una mentira. Para empezar, los jóvenes no ganan mucho. Son mal pagados por grandes empresas que los exprimen todo lo posible a cambio de “la experiencia” en supermercados, telefónicas, call centers, centros comerciales y similares. En cuanto a derechos, estos les son escamoteados sin piedad.

Competitividad


Incrementar la competitividad bajando sueldos, no es incrementar competitividad, falso; la competitividad se incrementa con empleados (instruidos) que ganan bien, que tienen sus necesidades cubiertas, que comen ellos y sus familias 3 veces al día. Para incrementar la productividad la empresa invierte en Investigación y Desarrollo de sus servicios y productos para hacerlos mejores. La China, convertida hoy día en la gran locomotora mundial, no podría competir en el mundo entero como hace hoy en día bajando los sueldos más, sino hubiera invertido en Investigación y Desarrollo que les permiten crear los productos que el mundo compra. Llama la atención que los liberales peruanos no sepan esto. O no lo saben o son muy cínicos.

Lo otro que no se dice es que si para que las empresas no cierren hay que tirar al piso los sueldos, es que no son competitivas. Y si no lo son, según las leyes del mercado deben cerrar. Y si cierran muchas al punto que el desempleo sube a niveles peligrosos, entonces es que el sistema no puede absorber y dar empleo a los ciudadanos de un país. Luego el sistema no sirve, lo que hay que hacer es cambiar el sistema por uno que de trabajo y un sueldo que garantice la satisfacción de las necesidades de la gente.


¿Existe un límite?


Ante la ley Pulpin una pregunta válida a hacer es ¿Cuál es el límite? Llevamos décadas desde que se nos dijo que había que ajustarse los cinturones. Ayer apenas se nos decía que en los 90s se había tomado el camino correcto y estábamos viviendo una bonanza de padre y señor mío y que por tanto no debíamos alejarnos del “camino correcto”. Pues ahora, cuando hay que redistribuir esa bonanza, se nos dice que ya no, que para que los jóvenes tengan empleo hay que pagarles poco. PPK, el inefable PPK, aconseja hacer eso hasta los 30 años. Jóvenes viviendo de favor junto a sus padres hasta los 30 años es indigno, y hasta los 24 que señala la ley, también es indigno. Acostumbrándose al tutelaje, no serán jamás hombres libres, serán sometidos después como el elefante aquél al que le quitaron la cuerda que lo ataba al árbol y él siguió atado para siempre en su mente.

La derecha peruana no quiere un país competitivo, quiere un país de esclavos en el que mantener sus privilegios y en el cual el reparto de la riqueza de forma más justa se postergue para siempre. Cuando dicen que no están quitando derechos a los jóvenes porque no los tienen, están diciendo falacias. Que los jóvenes (y mayores también) no los ejerzan porque las empresas se los escamotean, no significa que no los tengan, significa que no los ejercen, entre otras cosas porque el estado no hace cumplir la ley. Y como los jóvenes no los ejercen, oh solución inteligente, hay que quitárselos. Pero vamos, es claro, si nuestro país no puede dar derechos a la gente y se paga lo que se paga, una miseria, es que éste país que han gobernado las derechas peruanas, ha fracasado de cabo a rabo y hay que buscar otro modelo; porque ¿Cuando los índices de competitividad digan que seguimos a la cola que harán? Vendrán a cercenar nuevos derechos o nos dirán como dicen las derechas españolas, que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. Y nos quitarán todo.

Es claro que esta gente es insaciable. Y también es claro que están tensando la cuerda al punto que ésta va a terminar pillándoles los dedos. Esperemos que nuestro país genere soluciones políticas de altura a éste unipolarismo ideológico nocivo y peligroso que estamos viviendo. Lo único positivo de la ley Pulpin es que nos permite repensar cuestionadoramente el modelo que se ha implementado en nuestro país escamoteando la voluntad popular expresada en las urnas en el 2011.

Pueblo Libre, 12 de enero del 2015


miércoles, 17 de diciembre de 2014

La Era de Los Impostores y de su Audiencia Contentísima

Vargas Llosa titula así ("Era de los Impostores") su último artículo para el diario El País. Cuenta que el escritor Javier Cercas ha narrado la historia de Enric Marco, un tipo que se fabricó una personalidad a medida, como sobreviviente de los campos de exterminio nazis, y luchador de la resistencia española contra el franquismo. Como tal dio conferencias y escribió libros: Un héroe. Toda la historia no era más que un timo que desveló el historiador Benito Bermejo, y que Javier Cercas pone en evidencia en forma de novela.

En esas lecturas estaba yo cuando se ha esparcido en el mundo y filtrado en mi PC la historia de este estudiante de nombre Mohammed Islam, que ha acumulado una fortuna de 72 millones de dólares a sus escasos 17 años. Claro, uno siente vergüenza cuando lee una noticia de esas. No se sabe si el problema de no alcanzar esos notables logros es uno, o el país en que uno vive. Más aún cuando se acaba de promulgar una ley de “Empleo juvenil” que convierte en sueño cualquier esperanza juvenil de ser como Islam, qué va, ni ahorrando como Lucianita.

La noticia del estudiante Islam (fijaos el nombrecito problemático que tiene, lo que hace más notable su éxito) ha aparecido primero que nadie en el New York Magazine y luego se ha esparcido por todo el mundo a velocidad luz, que hubiera envidiado el capitán Kirk; siendo replicada por los rotativos de los diarios y repetida en los noticieros de las principales cadenas  noticiosas del mundo. Todo ello con la aureola del camino a seguir; es decir “Ya lo veis, sed como Islam, él os enseña el camino, pobre es el que quiere”.

Mohammed Islam

Mohammed Islam, Enric Marco, López Meneses


Pero la verdad es que Islam  es otro timador. Tan avezado como Enric Marco, o a un nivel más local, como un López Meneses, ese otro timador peruano que se hacía pasar por amigo empoderado del presidente Humala y de su esposa, y que gracias a su temeridad se hizo poner escolta policial en la casa y vendió (estoy seguro) a altos precios sus servicios de lobista de la entelequia. Y no era nadie, ni tenía poder alguno.

A propósito de esto me recuerda lo que me contaba un amigo hace poco. Me decía algo más o menos así. “Los faroleros, los lobistas, los corruptos, te ofrecen ganar una licitación. Te aseguran por su madre que te harán ganar. Te juran que conocen a las personas claves que toman las decisiones de compra y que ya todo está conversado”. Cuenta éste amigo que los contactos al interior de las organizaciones no dejan lugar a dudas en su ofrecimiento “Vas a ganar”. El único requisito es que hay que pagar el 10% del monto asignado antes de que se conozca el resultado. Cuando éste sale se puede ganar o perder. Si se pierde, el contacto dará alguna explicación del tipo “ha intervenido otro jefe, el más grande”. Si se gana, el contacto se frota las manos y elogia su propia habilidad, “Ya viste, conmigo te vas a hacer millonario”, dirá. Lo cierto es que si ganas, ganas por tus propios méritos y no por intervención del contacto "influyente". Sin embargo, el contacto que se ofreció como persona bien conectada y con influencias nunca pierde, y vende un servicio que no dará nunca. Es otro timador que se aprovecha de la ambición y angurria de que los que lo quieren oír.

Así estamos. Wall Street nos ha querido timar con la historia del joven de origen humilde, perteneciente una minoría racial, que se ha hecho gracias a su habilidad con una considerable fortuna. El mundo ha creído la historia por un rato. Pero Mohammed Islam, no tiene ninguna fortuna conseguida en base a fantásticas inversiones, ni es un genio de las finanzas. Todo no pasa de ser un juego de transacciones simuladas, bien explotado, un pasatiempo de mocosos que juegan a la bolsa, que se ha convertido en un notición para quienes han querido creérselo. Es verdad que, como dice Vargas Llosa, vivimos una Era de Impostores; pero también es verdad que estos existen porque hay gente ávida y contentísima de creerse esas historias.

Lima, 16 de diciembre del 2014


jueves, 11 de diciembre de 2014

Basta de Hipocresías

El jueves 27 de noviembre Patricia del Rio tituló así su post en El Comercio “Basta de Hipocresías”. Ese mismo día en el canal 4, la Maju Mantilla abrió su programa de la una de la tarde con un pequeño discurso en pro de que se acabe la violencia contra las mujeres. La bella Maju vestía un short pequeñísimo que permitía verle hasta el alma, en un día bastante frío.  Paralelamente el ministerio de la mujer había invadido las calles de la ciudad con un volante que decía “La mujer no es un objeto”. Hasta allí todo bien. O casi.


Para quien esto escribe la violencia contra la mujer es repudiable en todas sus formas. Física o sicológica, no me importa, es repudiable, condenable, castigable; lo hemos tratado antes aquí;  pero no solo contra la mujer, también la violencia contra el hombre lo es, y contra las minorías sexuales, del mismo modo. La violencia no debe ser tolerada en ninguna de sus formas, eso está claro. Todo bien, o casi.

Porque una cosa es la lucha frontal contra la violencia, y otra cosa un rollo cansino que enmascara un feminismo trasnochado, solapa, de juguete, como el que practica Patricia del Rio y que es lamentablemente, un feminismo tan extendido en nuestro país, y tan presente en los te de tías de las tardes limeñas y peruanas en general. Porque detrás de la condena a la violencia contra la mujer, sólo está el vacío, está el victimizarse y lanzar alguna palabra soez (joder) que sirve para pegarla de mala, de valiente, de achorada. Y eso es todo, no hay más, y por tanto no se resuelve nada; es, repito, vacío. Lloriqueo innecesario y cínico.

Lo que dice Patricia del Río


En su inteligente artículo Patricia del Río dice que no se le puede seguir pidiendo a la mujer que se defienda, que es momento de que los hombres hagan su parte. Se queja Paty, de que las mujeres ganan el 40% menos del sueldo que gana un hombre por el mismo trabajo. Dice, que los hombres piensan que las mujeres deben ocuparse del trabajo de la casa,  y que si ellas sienten temor de que los hijos hombres vayan a la calle, sienten terror cuando las hijas mujeres deben hacer lo mismo.  Dice literalmente la buena de Paty lo siguiente de nada servirán mil leyes más de feminicidio si los hombres no asumen su parte. Si no se miran al espejo. Si no abandonan las justificaciones vergonzosas y deciden equilibrar la balanza”.

Lo que no Dice Patricia del Río


Por el título del post yo había pensado que Patricia diría esta vez la verdad, que abandonaría la monserga y nos abriría los ojos. Que no. Que Patricia sigue sumándose de manera ya vergonzosa, a la vergonzosa excusa de cierto sector de peruanas que no quiere hacer nada para terminar con el problema. Porque nada dice Patty por ejemplo de lo que cuento líneas arriba de la Maju Mantilla (y muchos programas similares), ¿o es que se cree que salir en pantalla buscando erotizar a los televidentes en horario de protección al menor no es también violencia en un programa aparentemente familiar? ¿O es que se cree que el espectáculo diario de peleas, infidencias y guerras entre hermanas, que la Mantilla y sus colegas presentan, no es también violencia contra la mujer? ¿Es que se cree que la Maju tiene mucho calor y por eso exhibe las piernas en invierno, o es porque lo manda la pauta de un programa que la convierte en objeto con su beneplácito?

La TV hace de la mujer objeto con silencio y complicidad de éstas

Tampoco dice Patricia del Río que los sueldos de los que se queja, muchísimas veces, son señalados y puestos por jefas de personal, oséa, mujeres. Nada, allí solo hay silencio. Es que, claro,  hay que apuntar la carabina contra el enemigo de siempre, el culpable de todo, el que se va a guerrear porque le encantan la sangre humana, los pleitos; el avaro, el codicioso que quiere para sí los oros; el lascivo que se va de putas abandonando a los hijos y tiene alguna otra mujer oculta en el ropero: el hombre, el maldito, ¡Cómo no! ¿Quién si no?

La Madre del Cordero (machista)


Patricia del Río, como feminista que no sabe que lo es, no dice que todo hombre violento ha sido educado por una mujer, llámese madre, tía, hermana o lo que se quiera, ha sido una mujer. Es esa educación machista que practican las madres lo que hay que terminar primero. Y segundo, hay que educar a la gente. No todos los educados son no violentos, pero todos los no violentos son educados. Por lo menos básicamente han sido educados por sus madres o por la escuela, para no agredir a sus parejas. Esa es la clave, la educación.

Mil veces he visto madres en los omnibuses limeños, que ante la cesión del asiento para ellas por un caballero, hacen sentar como príncipe al hijo. En ese acto de aparente amor están creando al monstruo que piensa que todos los privilegios le son debidos. O las madres que envían a la hija a lavar la ropa y cocinar para los hermanos varones. O las madres que se enorgullecen de la promiscuidad sentimental y sexual del hijo varón, mientras someten a la hija a una existencia de mojigatas. ¿Cuál es la culpa del varón en todo ese embrollo? Ellas crean al monstruo y luego se quejan de su monstruosidad.

Otra cosa. Jamás hemos visto a las mujeres de nuestro país protestar para que sus hijos tengan una mejor educación en las escuelas. Peor aún, jamás las hemos visto protestar en nuestras calles, para terminar con esa situación que Patricia del Rio convierte en bandera: detener la violencia contra la mujer. Se han acostumbrado a la comodidad de un té de tías para el raje, a las lisuras frente a un micrófono por un minuto. Llenan sus horas hablando de gastronomía, y de sus éxitos en la vida, antes que de la violencia contra la mujer. No tienen conciencia del problema, ni siquiera lo discuten seriamente. Que diferencia con, por ejemplo,  los negros norteamericanos, que obtuvieron en las calles el reconocimiento de sus derechos. ¿Quieres derechos? ¡Gánalos!

Acabar con el problema de la violencia contra la mujer no pasa por leyes de feminicidio como lo demuestra la realidad. Pasa por sensibilizar a una opinión pública, pasa por educar en la casa y en la escuela de mejor manera a los hijos, y pasa por dejar la actitud del té de tías, de dejar la comodidad del sofá, para empezar a protestar de verdad. Y solo al final del camino se necesitarán leyes ¡Dejémonos de hipocresías!

Pueblo Libre, 11 de diciembre del 2014


miércoles, 3 de diciembre de 2014

Perú: tierra de Oportunidades

En las clases con el maestro Enrique Valdez en INICTEL, hubo algo que jamás olvidaremos quienes lo escuchamos. A parte de esa atmósfera especial que él sabía crear  y que nos hacía pensar que nada de lo que ocurriera afuera de esa aula importaba, porque nosotros lo podíamos cambiar; ni si éramos de izquierda o de derecha, porque esas eran sólo palabras para diferenciarnos. Lo cierto era que en el país había más luz que la que parecía haber. Recuérdese que estas anécdotas son de fines de los 90s. Los años de la subversión y el caos estaban muy  cercanos para ignorarlos; por otro lado la dictadura de Fujimori había metido al Perú en una recesión espantosa y la esperanza en días mejores había desaparecido de la mente de los peruanos. Los nacionales se iban al extranjero en oleadas en busca de un futuro mejor, sin importar a donde: Japón, para los más pudientes; EEUU, para los clásicos; Argentina o Chile, para los de menores recursos; todos se iban, o eso parecía. Nadie reprochaba a aquel que hablaba de irse. En ese contexto Valdez nos cambió el chip.

Demostrando que el Perú es Tierra de Oportunidades (de negocio)


Desembarazado del saco  de lanilla con que vestía y del sombrero que arrojaba por algún lugar, Valdez nos decía ¿Buscar oportunidades en el extranjero? ¡¡¡Si los extranjeros vienen a buscar oportunidades al Perú!!! “El Perú es tierra de oportunidades”. Era difícil creer eso a la primera vez, pero él empezó a ejemplificar. Primero con San Fernando, la buena familia. Originalmente, nos dijo, el propietario de San Fernando fue un japonés que vino al Perú y trabajó inicialmente como peluquero, y en sus ratos libres empezó a criar aves y a venderlas. El negocio le fue bien, creció. Con altibajos, pero creció. Dejó la peluquería para dedicarse íntegramente a la avicultura. Así se origina una de las empresas peruanas más grandes y reconocidas.

Después nos contó el caso de D’onofrio. La historia de Pedro D’Onofrio es la del migrante italiano que llega al Perú procedente de Argentina, con una carreta de madera, una esposa y un sueño; y construye un imperio colosal de productos que, empezando por los helados, se convierten en los preferidos de los peruanos.  No sólo son helados en carretillas amarillas, sino muchos productos como el chocolate Sublime o los famosos panetones. Un imperio del dulce que décadas después fue comprado por la multinacional Nestlé, por su gran aceptación.

Luego don Enrique Valdez, con sus oyentes en el bolsillo, disciplinados como chiquillos, nos mencionó el caso de Wong (fijarse que esta anécdota ocurrió antes del crecimiento espectacular que Wong tuvo en la década siguiente). El primer Wong era lo que él llamó, un “auténtico chino de la esquina”. Había empezado con una bodega en San Isidro en la cual atendían el propietario y sus hijos, hasta convertirse en lo que en ese momento (año 97) ya era una auténtica corporación con muchos locales en toda Lima y envidia del empresariado tradicional. ¿No eran acaso migrantes chinos? ¿No era entonces cierto que el Perú era tierra de oportunidades y que los extranjeros lo demostraban? Claro que sí. Ese fue el cambio de chip. Esos rudos funcionarios que lo oían, estaban de verdad cambiando tal como Enrique Valdez había prometido.


Fábrica de D'onofrio en 1,910

Otros Casos de Éxito


Desde entonces, y ya han pasado como 15 años, cada vez que alguien me habla de irse o de irme he respondido, no, gracias. A los ejemplos del maestro Enrique Valdez pueden sumarse muchos otros. El caso del Banco de Crédito tiene una génesis similar, extranjeros buscando fortuna en Perú. Lo más importante que ha ocurrido en años recientes es que algunos peruanos han demostrado desde dimensiones diferentes como es cierto que el Perú es tierra de oportunidades.

El caso de los Añaños es emblemático. Una modesta familia ayacuchana que en los 80’s ve una oportunidad en la retirada de las gaseosas más clásicas del mercado ayacuchano y la aprovechan para lanzar su propia bebida gaseosa, con un éxito tal que se han convertido en la transnacional peruana de mayor éxito mundial. No hablamos de un grupo tradicional de criollos limeños, sino de una familia salida de los andes del Perú. Eso es lo grandioso. Pensar un poco el Perú y sus problemas desde el más nimio al más complejo es abrir puertas a oportunidades que están esperando por uno.  

Epílogo


 Muchas veces los peruanos pensamos que no hay más salida que ir al extranjero para tener la vida soñada, o corromperse en Perú con el mismo fin. No está en nuestra genética apostar por nuestro país. Décadas, quizás cientos de años de un discurso extranjerizante han logrado ese resultado. Pues es hora de cambiar ese discurso y cambiar la historia. El Perú es en verdad tierra de oportunidades. Nuestros recursos  y nuestra gente son riquísimos y al parecer inagotables. Faltan dos cosas. La voluntad de apostar por el país por parte de la gente. La voluntad y recursos para apostar por la educación de la gente, por parte de las clases dirigentes. Eso es todo, con eso este país nuestro será uno completamente diferente y mejor.

01 de diciembre del 20014


sábado, 29 de noviembre de 2014

La Niña del Ayer

Todos hemos tenido unos vecinos de ómnibus alguna vez. Cuando estudiábamos, o en el camino del trabajo, o de la universidad. Son gente  con la que coincidimos en ruta  y a la que llegamos o no a conocer. Aparecen una vez, luego otra, de pronto se vuelven habituales, y un día desaparecen sin dejar rastro. No viven en nuestro barrio. Solo están allí como un aviso, un recordatorio, una invitación a que se amplíe nuestro mundo. Días atrás pasé cerca de una dama en una reunión. Al pasar junto a ella, pude ver su rostro pecoso, su cabello castaño abundante, la raya en el centro ordenando esos cabellos que se levantaban suavemente como una llamarada. Esa imagen me retrocedió a muchos años antes y recordé a la niña del ayer.
En el quinto año de secundaria tuve varias vecinas de ómnibus, cuatro o cinco, quizás fueron más y las he olvidado; chicas preciosas como todas las trujillanas que he conocido. Ellas hacían del viaje al colegio una aventura agradable con su belleza y frescura. Había una que era casi una niña. Debía andar por los trece o catorce años. Vestía el uniforme único de aquellos tiempos; tenía el cabello ligeramente ondulado, castaño claro, hasta los hombros. Tenía la piel clara, teñida de pecas en su rostro, como si hubiera comido tanto chocolate que se estuviera manchando desde adentro hacia afuera, junto con esa nariz a lo “Hechizada”, ornada de manchitas marrones. Nunca pareció prestarme atención. Valgan verdades, yo tampoco se la prestaba. Era linda y todo, pero cuando uno está en quinto año de secundaria y tiene 16, las de tercer año parecen unas niñas. Eso era ella entonces, una niña, ideal para un hermanito menor si lo hubiera tenido. Yo prestaba atención a otras chicas igual de lindas. Una de ellas era mayor que yo, con unos enormes ojos oscuros y pestañas como sombrillas; no me hacía el menor caso, o eso era lo que ella decía, porque 18 meses después fue ella la que me habló. Las otras tres chicas estaban que ni pintadas para mí. Nos mirábamos con una sonrisa casi siempre. A veces yo subía a un ómnibus y me la encontraba a una, otras veces me encontraba a otra. Casi siempre encontraba a alguna y rara vez coincidían dos de ellas. Cuando me trepaba tarde al ómnibus, y eso ocurría pocas veces, me encontraba a la niña de esta historia. 

La niña del ayer
Un día subí tarde al ómnibus y me la encontré. Ella sentada en el asiento delantero, blusa blanca y limpia, muy señorita. Yo, ni hablar, en quinto año en San Juan, eras impecable o nada. Había subido a ese ómnibus amplio y azul, con la esperanza de encontrarla. Me senté en los asientos posteriores. Era fin de año y estábamos en los últimos días de clases. Probablemente jamás la volvería a ver, ni a ella ni a otras de mis vecinas de ómnibus. Quizás fue por esa razón que la miré un poco, de espaldas a mí apenas podía ver su cabellera. Miré la calle y luego a ella. Entonces ella volteó, me quedó mirando unos segundos y luego me regaló una sonrisa, la más linda que yo hubiera visto jamás hasta entonces. Fue un momento inolvidable, apenas duró unos segundos, pero es de aquellos que no se olvidan. No dije nada, sólo le respondí con otra sonrisa, apenas por condescender a esa especie de aceptación de última hora, como decir hola vecino, vecina, me caes bien, te voy a extrañar. Y nada. Ella dejó el ómnibus en su paradero y después yo hice lo mismo en el mío. Nunca más volví a verla en persona. No sabía su nombre ni nada. En el verano siguiente su foto apareció en el diario de la tarde con nombre y apellido. La razón no importa. El tiempo hizo su parte y yo olvidé ese nombre y luego la fui olvidando a ella.  Hasta ahora en que la recuerdo de golpe con esa imagen eterna de los catorce años en que la vi por última vez.

EPILOGO

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Hay seres como la niña de mi historia que pueblan nuestra vida. Seres que el destino puso cerca y los dejamos pasar. Acaso pudieron haber escrito  junto a nosotros otra historia. Acaso son, como lo sugiere Brian Weiss, esa otra parte de la partícula elemental que somos nosotros, y que vamos buscándonos a través de los tiempos. Acaso sean la media naranja, el alma gemela, ese amor que dejamos de lado porque no lo reconocemos. porque no creemos que sea tan fácil hallarlo, ni que aparezca tan pronto. Y le decimos adiós sin darnos cuenta, para nunca volvernos a ver. A veces son como ángeles que llegan a nuestras vidas para hacernos saber  que la felicidad y la belleza son posibles, si los queremos tomar.

25 de noviembre del 2014

lunes, 24 de noviembre de 2014

El Extraño caso de Calle 13 en Lima - Perú


El Perú es un país raro. La diversión jamás falta y el aburrimiento es un desconocido. Hoy día las calles del centro de la capital peruana, que un grupo enloquecido insiste en reivindicar como “Ciudad Milenaria”, están henchidas de trogloditas que la ensucian como chacra ajena. Los restos de huevos duros, choclos, papas, y quesos adornan las calles. Émulos de Gastón Acurio vestidos de mandiles blancos, como él, expenden todo tipo de comida condimentada con polvo de calle y humo de omnibuses. La ciudad en sí misma es un espectáculo que los foráneos casi no pueden creer al verla, cuando la recorren en modernos buses rojos de techos descubiertos.

A ese escenario en el que la cultura ha huido a guetos ínfimos ha venido Calle 13 el mes de noviembre del 2014, tercos como mulas, a cantar. Los de Calle 13 han ganado 21 Grammys latinos y 4 Grammys a secas. En Octubre del 2006 su líder fue catalogado por el New York Times como “El primer intelectual que llega al estrellato del género del reggaetón”. Definitivamente es mucho lote para una ciudad que se ha empeñado en tener como ídolos a cumbiamberos de la peor estofa, con cerebros mono neuronales, pleitistas de a medio, incapaces de concatenar dos ideas...Volver a Lima, extraño caso el de Calle 13, empeñados en nadar contra la contracorriente. 

2011: Triunfo en los Grammys y Enojo en Lima


En junio del 2011 Calle Trece se presentó con 5 horas de retraso en Lima. Residente, su líder, explico que se habían comunicado con el empresario para mover (de fecha) el concierto. El empresario no aceptó y Calle 13 se presentó a las 3 de la mañana. UN asistente fastidiado con la tardanza arrojó un llavero a la cabeza del cantante y “Residente” soltó su rollo. Invitó a los descontentos a retirarse, y explicó que él no había estado en un jacuzzi, como Shakira o Luis Miguel. Había estado en Venezuela reivindicando a su país. El incidente, no obstante que no se había referido a Perú sino a los descontentos, fue aprovechado por la prensa limeña para armar el escándalo diciendo  “CalleTrece ofende a Peruanos”.  En el mismo concierto y luego de oír sus palabras, miles de limeños (la mayoría) no se habían sentido ofendidos, pero la cizaña de los medios había sido sembrada y en los siguientes días esa misma prensa desató un culebrón mediático exigiendo disculpas del grupo, más por desprestigiarlo, que por las disculpas. El grupo ya se había disculpado  y explicado el incidente, pero en Perú se continuó la campaña “Nacionalista” de escarnio al grupo.

Calle Trece ha participado activamente en campañas humanitarias en diversos países. En el 2010, realizaron un concierto en Buenos Aires, titulado «Íntimo e interactivo», donde se canjearon entradas por cajas de leche, las cuales fueron luego donadas a comedores de ayuda. Como ese ejemplo hay muchísimos. El incidente de Lima fue bien aprovechado por Gianmarco, cantante local, para despotricar contra Calle 13. El cantante, amigo del ex presidente George Bush, dijo: Calle 13 será un grupo muy bueno para muchos y para otros no. Todos tienen derecho a elegir, pero es el colmo. Miren cómo la gente aclama cuando los mandan al carajo...plop! No entiendo. ¿Alguien me puede explicar?". Gianmarco no se ha caracterizado jamás por protesta alguna, su oportunismo del 2011, contra Calle 13, fue cosa nueva si dejamos de lado su oportunismo de setiembre del 2001, cuando apareció de la mano de Bush. La explicación que Gianmarco solicita a lo que ve, es sencilla: la gente “aclama” que se mandara al carajo a los que se querían ir. “Giani” parece también ser otro mono neuronal.

En el 2011, con la canción “Latinoamérica”, Calle Trece ganó el grammy latino a mejor canción del año; ésta fue filmada íntegramente en Perú con la participación de Susana Baca, cantante local también ganadora del grammy. La prensa peruana que no escatima aplausos con cualquier artista grande o pequeño, pero extranjero, que diga que le gusta el ceviche o el rocoto, ignoró completamente la elección de localía de los puertorriqueños. Además, la canción de Calle Trece, que había empezado a sonar, fue rápidamente silenciada en nuestras radios. Qué vaina. Los censores no se han enterado del Yuotube.

2014: Triunfo y Enojo en Lima


Hace pocos días, estuvo programado un nuevo concierto de Calle 13 en  Lima. La empresa organizadora canceló el concierto a última hora sin dar ninguna explicación y nadie la ha pedido. ¿Qué poderosas influencias silenciaron al grupo? Para sortear el escollo Residente y su banda decidieron hacer un concierto gratuito en la céntrica plaza San Martín. Sortearon mil obstáculos y recibieron apoyo de grupos y gente desinteresada que los proveyeron de los instrumentos necesarios. Acudieron 20,000 personas convocadas por Twitter en horas. La prensa limeña, cual buitres, tomó nuevamente la oportunidad que se presentaba. Acusaron al grupo del hacer un concierto inseguro. De desobedecer las leyes peruanas. Conminaron a la municipalidad de Lima a actuar. La gente de la municipalidad canceló el concierto, no obstante haber en el 2011, condecorado al grupo. Fue el miedo, la falta de coraje para defender una idea. Ha sido la actitud de la alcaldesa limeña durante cuatro años.

Calle 13 en Lima
"Habia que tocar como sea". Desde un ómnibus.
Los limeños y algunos peruanos de otras ciudades seguirán chapaleando en el futuro en un idioma cada vez más ordinario y embrutecido, en el que ya no sólo los cumbiamberos, sino el máximo representante de los empresarios de la poderosa CONFIEP, los ministros y hasta los más cultos de hoy, dan vergüenza ajena cuando pretenden expresarse con las 50 palabras que dominan a duras penas. La cultura seguirá tan lejos.

Uno podría preguntarse de donde tanto nacionalismo y tanto apego a las reglas. Mentiras, nada que ver, puras pendejadas para el consumo local. Lo que asusta de Calle Trece en Perú es su poder para transmitir ideas. Sus conciertos en todo el mundo son seguidos por decenas de miles de asistentes, sus videos en internet tienen igualmente decenas de miles de visitas de gente que al oír su música va haciendo carne de sus letras, identificándose y levantando los puños. En un país como Perú, donde un discurso monocorde de derechas ha sido impuesto desde los círculos de poder que nos quieren silentes y tarados, con la complicidad de una izquierda pusilánime y acomplejada, el discurso de René Pérez, plagado de mensajes cuestionadores, es demasiado poderoso para ser permitido. La juventud limeña, no obstante, está dividida entre quienes los apoyan y quienes los combaten. Estos últimos los combaten con odio visceral, con saña, con ancianidad arrancada a sus padres y abuelos, pletórica de discursos macartistas. Quienes los apoyan son también miles pero traen una sonrisa en los labios. Entre ellos han aparecido algunos de orígenes humildes que suben a los ómnibuses a cuestionarlo todo, con el mismo desenfado de René. Es lo extraño, Calle Trece ha logrado romper la censura oficial limeña y se ha colado entre sectores de jóvenes que los imitan en pequeña escala. La próxima vez que visiten Lima volverán a convocar decenas de miles, pero también volverán a recibir la repulsa del poder local. En todo caso, nadie será ajeno a ellos como ha ocurrido en sus dos visitas anteriores. Extraño caso el de Calle 13, empeñados en nadar contra la contracorriente. Extraño si no fueran quienes son.


23 de Noviembre del 2011