miércoles, 24 de septiembre de 2014

Trujillo: ¿Cero Problemas? ¿Verdad o Mentira?

Los trujillanos adoramos nuestra ciudad al punto de hacerle daño. Estamos tan convencidos de su belleza que deseamos que nada en ella cambie. Es más, no queremos ni enterarnos de sus males y aquel individuo que los señalare es considerado un mal trujillano, un apóstata, hereje, traidor.

En medio de tanto amor los problemas se acumulan. Por ejemplo, la dotación de agua en el centro de la ciudad, tan insuficiente como carente de presión; o el servicio eléctrico, deficiente por décadas y sin intensidad, para una ciudad que ahora crece a ritmo acelerado; y aún, la llegada a nuestra ciudad de ejércitos de foráneos, que carentes de educación la ensucian abundantemente. Ninguno de estos problemas se discute porque cegados por un orgullo tonto, los trujillanos se han convertido en enemigos de su ciudad. ¿Dónde está la verdad y dónde la mentira? ¿Cero problemas?

El Verdadero Problema

Para nada. Sin embargo, el gran problema de Trujillo no es alguno de los mencionados antes, sino uno que afecta su viabilidad como ciudad moderna, incluso su derecho a un lugar, el peligro de atraer sólo a gente sin capacidades y a sectores terciarios de la economía. Algo de eso se nota ya en la elección de autoridades. En unas décadas hemos pasado de la dirección municipal de los ingenieros Guillermo Larco y Jorge Torres, que llevaron adelante municipalidades de vanguardia, a la dirección municipal del Ing. César Acuña, auténtico analfabeto funcional, que se jacta de "no leer ni escribir" y cuya comunicación verbal es abochornante para cualquiera que lo escuche. Ese es el riesgo de atraer a gente que no entiende el mundo actual, circunscrito a su cacicazgo local, peleado con la modernidad y las nuevas tecnologías y el aprovechamiento que éstas pueden darnos de las ingentes riquezas que la región produce. Eso llevará a Trujillo en cambio a hacer suyo un destino de ciudad banal, estacionada, de evocación frívola, sin mañana y moribunda.

Catedral de Trujillo
En los últimos años 300,000 trujillanos han debido abandonar la ciudad porque las condiciones de vida que ella nos puede proveer son condiciones de miseria o de gran escases material. Es la fuga de talentos. Los sueldos de un trabajador promedio y aún de un ejecutivo promedio, son tan bajos que impiden aspirar a la vivienda propia, o aún, a dar a los hijos una buena educación. Frente a este panorama 170,000 trujillanos de los más capaces, optaron por emigrar al extranjero, y otros 130,000, también de los más capacitados, han emigrado a Lima, repitiendo el triste destino de dotar de recursos humanos capacitados a países o regiones que no pagan por ellos lo que en fútbol se llama ahora “derecho de formación”. Luego la ciudad pobre, se empobrece más, y la ciudad rica, se enriquece con las capacidades de gente por cuya formación no pagó un quinto partido a la mitad.

¿Frente a esto, qué hacer? ¿Cómo hacer viable nuestra ciudad? ¿Cómo hacer que los sueldos crezcan de modo que la ciudad sea atractiva para sus hijos desde unos sueldos dignos y una generación de empleo que garantice la empleabilidad de la gente.

¿Qué Hacer? 

Para empezar hay que mirar nuestros recursos y qué tan bien son utilizados: la pesca, minería, agricultura, ganadería, agroindustriales, servicios, comercio, industria. Hay sectores como la industria, verdaderamente incipientes y donde más bien se han producido retrocesos, caso Pilsen Trujillo, o bebidas gaseosas hoy desaparecidas. En cambio, la fruticultura y aún la agricultura, son nuestra joya de la corona ¿Pero, estos sectores benefician a los trujillanos? ¿Con qué sueldos? ¿Y en exportaciones cómo vamos? ¿El dinero se queda en la ciudad o va a enriquecer fortunas limeñas? ¿Hay reinversión? Es un misterio que deberíamos resolver. La tercera etapa de Chavimochic, debería posibilitar que decenas de miles de trujillanos se conviertan en propietarios de la tierra y no como parece, que unas pocas empresas se harán con ellas, convirtiendo a los trujillanos en sus empleados.

Por otro lado, el tonto orgullo nos tiene tan atontados que nos impide ver lo obvio. Por ejemplo la desaparición virtual de las pocas industrias y algunos comercios importantes de la ciudad y región. El banco Nor Perú, la Pilsen Trujillo, Merpisa, son empresas que han cerrado sus puertas entregando sus respectivos mercados a firmas limeñas o entranjeras, que pagan a sus empleados trujillanos sueldos miserables; que como la Pilsen Trujillo ya nada tiene de trujillana, ni el agua, pero explota comercialmente el nombre, para seguir desvalijando a los trujillanos con el beneplácito de estos..

Ante lo anterior cabe la pregunta ¿Qué han hecho las nuevas universidades trujillanas y sus graduados para generar las nuevas industrias y actividades económicas? O es que como parece ocurrir, ¿las nuevas universidades están generando profesionales clientelistas en busca del nombramiento en alguna dependencia del estado central o local?



Toda la estructura, como se ve, apunta a eso, la pauperización de las familias, el PBI regional estancado o disminuyendo. Frente a ello un orgullo de dientes para afuera, pero que no materializa en planes y acciones que solucionen el problema. Cabe preguntares nuevamente ¿Trujillo, cero problemas?¿Somos una ciudad viable?¿O futuro incierto? ¿Nos interesa nuestra ciudad o sólo jugar a la comidita? El debate está abierto.

Pueblo Libre, 21 de setiembre del 2014.


domingo, 21 de septiembre de 2014

¿Elecciones Municipales Lima 2014: Cómo vamos y a Donde?

Soy un convencido de que los procesos sociales toman tiempos que humanamente nos pueden ser insoportables, pero que socialmente son bastante cortos. Lo malo es que en Lima parece que sin importar el tiempo que pase, las cosas no cambian y no sólo eso, desmejoran. Y si por ejemplo a fines de los 90s la ciudad parecía avergonzada de la corrupción que había prohijado en esa década y se sacudía violentamente, hoy parece que Lima siente vergüenza de su vergüenza de entonces y se aferra a la fórmula conocida de abrazarse a la corrupción  y ganarse alguito.

Y es que ya desde hace varios, realmente muchos años, los limeños responden sin sonrojo en las encuestas en una cantidad cercana al 45%, que prefieren un alcalde que robe y haga obras, a uno que no haga obras ni robe. No se sabe qué dirían frente a uno que haga obras y no robe (Susana Villarán), pero eso no es importante. Y para que la cosa no quede en ejercicios teóricos, en mera palabrería, los limeños del tradicional distrito de Magdalena hicieron su alcalde en el 2011 a Francis Allison, ex militante del PPC y alcalde franelero del ex presidente aprista Alan Garcia, a quién ofreció organizarle mítines y fue premiado por García con un ministerio.

Caso Allison 


El caso es que Allison fue pescado en los EEUU con 30,000 dólares no declarados, por los cuales fue condenado a una pena de cárcel por una corta temporada obteniendo su libertad por unos cientos de miles de dólares cuya procedencia nunca fue clara. En EEUU lo encarcelaron y en Perú ni siquiera le preguntaron su procedencia. El sueldo de alcalde en Perú no es de los más voluminosos. Estos hechos que en cualquier país hubieran supuesto la sepultura para la carrera política de Allison, en la Lima de la que hablamos no lo condenaron a ningún ostracismo, ni siquiera a dar una buena explicación, sino que lo encumbraron como candidato a la reelección al cargo de alcalde, que consiguió con una altísima votación.

Caso Castañeda 


Por ello no es de sorprender que el ex alcalde Luis Castañeda tenga al día de hoy una intención de voto en Lima, que sobrepasa el 50% del sufragio. Castañeda jamás aclaró su participación en el escándalo COMUNICORE, hecho por el cual son investigados todos los gerentes de su gestión, y a cuya investigación Castañeda se sustrajo de forma que recién ahora se está conociendo. El escándalo involucra pagos por 21 millones de soles a una empresa de fachada que hizo en el término de 10 días el negocio de su vida. Tampoco ha explicado Castañeda porqué el Metropolitano que empezó presupuestado en 200 millones de soles, terminó costando 1,000 millones, multiplicando su  presupuesto varias veces, como casi todas sus obras. O explicar por qué entregar la supervisión de las obras a instituciones extranjeras, lo que en la práctica deriva en la imposibilidad de las autoridades peruanas de fiscalizar los dineros millonarios que en ellas se gastan.

Luis Castañeda
No obstante todo lo anterior, que en otras latitudes hubieran supuesto la culminación de la carrera política de Castañeda, en Lima parece razón de premiarlo con una reelección. ¿Si usted sabe que una persona es un ladrón, le encargaría la gerencia de su (el de usted) negocio?...Pues parece que los limeños van a encargar la gerencia de Lima a Luis Castañeda Lossio, no obstante todo lo que sabe de él. Siempre me ha maravillado esa falta de escrúpulos de los limeños para aliarse con la corrupción, para darse palmaditas comprensivas en la espalda, para ser el siguiente corrupto en la cola de espera, de padres a hijos, todos igualitos. Claro, lo que se defiende en estos casos es la necesidad de asegurar la casa, el auto, la imagen exitosa que se aspira a tener, aunque se tenga y se logre por ladrón.

Pueblo Libre, 19 de setiembre del 2014


sábado, 13 de septiembre de 2014

Juventud limeña: Cara y Cruz


Pocas veces mencioné hasta ahora a la juventud limeña en este blog, porque pienso que cada época y sus jóvenes tienen derecho de hacer lo que les venga en gana con sus vidas y meterse en ello es poco elegante. Pero es válido hacerse unas preguntas y tener mirada crítica y hasta hacer una defensa cuando eso es bueno. Preguntado por Ivan Thays acerca del afán parricida de los jóvenes escritores que querían enterrarlo a él y a su generación, Vargas Llosa respondió que le parecía natural, “pero no entregaremos la cabeza sin pelear”, terminó diciendo. Yo intentaré dar una mirada a esa juventud limeña actual a través de dos historias breves ocurridas ésta semana.

Primera historia

(del miércoles reciente). Un chico como de 18 sube al ómnibus. Tiene el rostro un poco deforme y el cabello negro hirsuto. Trae una guitarra en una mano y una chalina en el cuello que complementa a una casaca verde. Hay cientos como él subiéndose a los micros a cantar, por eso no le hago caso a éste. Él empieza a interpretar una balada muy antigua. Su voz suavemente gana potencia y lo invade todo. La gente es atraída por esa voz inesperada, se callan y lo escuchan. El chico tiene una serenidad de otro mundo. No hace alharaca, no grita, ni es estruendoso. Tiene un dominio de escena envidiable desde el asiento en que canta; sólo eso hace, cantar. Inicia una segunda canción. Es de Manolo Otero y se llama "Con todo el Alma". Ahora sí le hago caso al chico. Es un talentoso y canta en el ómnibus vaya a saber porqué. Cuando él termina yo canto mentalmente. No oía el tema desde tiempos. El chico pide unas monedas y la gente le llena las manos con ellas. Él no se cansa de decir gracias a tanta gente que le paga. Lo dice sin sonrisas, sereno como grande, artista al fin. Talento y honestidad de la mano de un chico de 18 en un ómnibus limeño. Mentalmente digo Gracias y sigo cantando esa canción que hace años no escuchaba.



Segunda historia

(de hoy Viernes). Un chico de 17 y yo vamos andando por Wilson. Una camioneta pasa llevando un gran panel con la foto de Castañeda en su tolva. El mira la foto de Castañeda y le habla como si fuera su Dios, “No necesitas pedir mi voto, ya lo tienes”. Luego el chico me pregunta por quién voy a votar. Le digo, Por Susana. Él me pregunta nuevamente, ¿Por qué? Le respondo, Porque hace obras y no roba. El chico de 17 se llama Jonathan y me dice, Todos roban. No contento con eso remata diciendo, ¿Tú crees que una persona que maneja tanto dinero no va a robar aunque sea un poquito? Le respondo, Sí, no va a robar. Hay personas cuyos valores y formación son más fuertes que todas las tentaciones del mundo. No van a perder su honestidad ni por todo el oro. Te lo digo, porque soy una de esas personas. Él chico de 17 no insiste. Se creyó listo y ahora no tiene más que decir. Sin querer ha confesado que robaría si pudiera, ya lleva la predisposición en su ADN. Es un chico muy humilde. Sufre una rara enfermedad que debilita su organismo como si fuera de cristal. El chico no ha dicho que Castañeda sea honesto, eso no parece importarle; ha dicho que Susana también roba. Seguramente es un chico más listo que yo y juzga a los demás a partir de lo que conoce de las portadas de diarios amarillistas o de televisiones similares. El sistema ha logrado corromper a los jóvenes y a los desprotegidos. Los jóvenes ya no son generosidad, ideales y buena onda. Eso son pavadas. Ahora abundan los traicioneros, los mal hablados, los alegosos de nada que sólo conocen 50 palabras pero quieren cobrar su mes a precio de oro. Y en sus visiones delirantes creen que los corruptos son todos y que llevamos las uñas agrandadas. No hay derecho, Los ladrones son otros, no la gente limpia que vivimos exclusivamente de nuestro trabajo. Jonathan merecería que el sistema le enseñara a confiar en que esos ladrones y esos corruptos van a ser castigados con la ley. Que le enseñe que ser ladrón o corrupto no es negocio.

Estas dos instantáneas de la juventud actual nos dicen de la vieja pugna bíblica del bien y el mal. Lo malo es que en Lima los signos positivos son siempre muy escasos. Para encontrar algún hecho positivo rescatable en la capital peruana debo retroceder al año 2007, cuando se armó una gran cadena de solidaridad movida por los jóvenes frente al terremoto de Ica. Siempre quisé saber qué hubiera ocurrido si el sismo no se sentía en Lima con la intensidad que se sintió, pero lo cierto es que la solidaridad se existió. Desde ese año la juventud limeña parece movida por lo que un escritor peruano llamo “incultura, falta de compromiso, juventud minimalista”. Jonathan es un corrupto en potencia, limitado en parte por una enfermedad física, pero deformado por una sociedad que le muestra la corrupción como algo natural e impune. El chico cantor, tan humilde como Jonathan, es la esperanza de que el talento se encuentre a sí mismo y ésta ciudad sea rescatada desde el arte y la virtud de gente que a pesar de las dificultades cree que la forma de hacer las cosas es la honesta acompañada de esfuerzo. Sólo el tiempo nos dirá cuál fue el camino tomado; aunque valgan verdades, hoy parece que la suerte de ésta ciudad está echada.

Pueblo Libre, 13 de setiembre del 2014


viernes, 12 de septiembre de 2014

Gracias Por Insultar

Insultar está de moda, lo sé. También está de moda hablar mal de la gente. Si el insulto se hace en público, mejor;  y si se hace en algún medio de comunicación masivo, mejor que mejor. Allí está el hoy famoso Guti Carrera (¿?) que ha cimentado su fama insultando o hablando mal de las muy respetables señoritas Milett Figueroa, y Melissa Loza, la ex de Roberto Martínez. Así que si estas estrellitas mediáticas salen así de magulladas por el tal Carrera, hay que ver lo que pasa en otros niveles. La cosa es harto dura.

Pero, ¿es un insulto tan malo? ¿Estoy loco cuando lo pregunto? Quizás, pero dénme unos minutos antes de juzgarme. El refrán dice que nadie necesita más una sonrisa que aquel que no puede darla. Tal vez debamos empezar a decir que nadie necesita más cariño que aquel que sólo puede insultar. Bien visto, quien nos insulta no tiene otra cosa que darnos. Es lo único que tiene, y nos lo da. Quien nos insulta no tiene cariño que dar, porque quizás tampoco lo ha tenido en  su vida. Imaginemos lo que es una vida sin cariño, sin recibir un beso, un abrazo, una palabra amable, un reconocimiento. Debe ser terrible. ¿Podemos pedir más de un ser así?

Un corazón así solo tiene para dar su amargura. Si encuentra una pareja le hace la vida un calvario y es capaz, tiene capacidad de hacer calvario de la vida de muchas parejas. Y de todos los que cruzamos su vida.

¿Qué hacer frente a un insulto?


Cada vez que miro a alguien insultar a otro, o insultarme a mí mismo, con esa facilidad y presteza que tienen los insultadores, lo primero que viene a mi mente es que esa es una etapa que ya supere. Ya soy otro, mejor que un insultador, no puedo responderle igual. No digo que sea un santo de cuyos labios sólo salen palabras blancas, también sale un carajo, un mierda; pero desde hace muchos años no insulto a nadie y menos acompaño de emoción mis palabras fuertes. Acompañar de emoción un insulto se vuelve contra uno. El  insulto se convierte en gastritis o una enfermedad peor. Una parálisis tal vez. No hace millonario ni da la felicidad a nadie.

Por otro lado, cada vez que alguien me insulta o lo veo insultar a otro, eso me recuerda mi educación. Los años intentando educarme no pueden irse por el tubo del lavatorio. He adquirido control y ese que me insulta está descontrolado, no puede con su genio; pero sobretodo, no tiene capacidad para llevar con altura una discusión o exponer una idea. Va de pérdida quien así se conduce.

Así que nada, cuando alguien me insulta no respondo con insultos. No trato de reconvertir a nadie. El proceso de aprendizaje es personal. O lo aprendes por tu cuenta o nada. Los insultadores, tan de moda hoy en día, son personas que no reconocen estar mal. Su conducta atraviesa sus vidas. El mensaje es para las víctimas de ellos. Una sonrisa, un gracias, un buen deseo, es todo lo que necesitan esos personas que nos insultan. También hay cariño en nuestro silencio, y ellos están muy necesitados de cariño. Eso es todo.




Pueblo Libre, 08 de setiembre del 2014


martes, 19 de agosto de 2014

Robin Williams In Memorian

En estos días ha fallecido el actor Robin Williams. Dicen que se ha suicidado. Su esposa explicó que le había sido detectado un caso de Parkinson. Es lo que hay oficialmente. Han salido a luz algunas imágenes que serían las últimas en vida del actor. Se le ve sonriente y sin planes de suicidio participando de una muestra de pintura.

Para nuestra  generación Williams fue un icono. Lo vimos en La Sociedad de Los Poetas Muertos, sin comprender muy bien de qué iba la película. Era algo idealista, un poco soñadora, llena de mensajes bonitos que por entonces no entendíamos del todo. Con los años Williams continuó haciendo papeles extraños, que parecían escritos exclusivamente para él.

¿Cómo pudo vivir tanto? 

Ahora me pregunto ¿cómo pudo vivir tanto?  A nosotros hoy en día nos cuesta mucho asumirnos como somos. Vivimos cubiertos de máscaras. Me refiero, nadie se atreve a ir por allí dejando “pastillas para el alma.” El último fue Ricardo Belmont y ya sabemos cómo acabó. Combatido, perseguido, aislado, ridiculizado por adversarios y traicionado por amigos y gente a la que sacó del anonimato. Decir la verdad de uno es difícil; más difícil es decir lo que se piensa. Cuando se dice lo que se piensa, los que no se atreven al mismo acto de valor, se aglutinan para reprobarte. Es como si ese acto de valor los denunciara, los dejara en evidencia, los desnudara en su pequeñez humana, en la cobardía de no llamar a las cosas por su nombre y exponer los sentimientos a corazón abierto.

Robin Williams hacía todo eso. En la Sociedad de Los Poetas Muertos saca  a sus alumnos del aula,  los lleva al patio y los hace andar mientras les dice “Sus convicciones son  únicas aunque a otros les parezcan raras o inaceptables”. Ya no se enseña esto en los colegios. El idealismo, el perseguir un imposible, la ética, le rebeldía, todo ello ha sido desterrado de aulas en las que se enseña seguridades, técnicas, estrategias para que nada cambie, para que todo vaya al ganar o ganar siguiendo un guión correcto o aparentemente correcto. En la misma película, un poco más adelante, Williams les dice a sus alumnos “Hagan de su vida algo extraordinario”. ¿Tenemos vidas extraordinarias? ¿Hacemos cosas extraordinarias? ¿Buscamos una vida de leyenda o perseguimos una vida de placer hedonista y glamour? Desde hace años los valores que nos rigen y las metas que nos planteamos como humanidad entera, es aparecer de manera regia en el Facebook. Cero problemas, cero conflicto, comiendo en el restaurante de moda, el más caro; o de viaje por Luxor o Myanmar, el sitio más exótico. Ese es nuestro sueño hoy en día. Sueño, porque la verdad es que todo es cada vez más una porquería.

Última aparición de Robin Williams

¿Quién Mató a Robin Williams?

Robin Willimas no se suicidó. A Robin Williams lo matamos entre muchos. El quería cambiar el mundo con ideas y palabras y nosotros éramos sus ayudantes, los que debimos trepar la carpeta. Lo traicionamos, lo dejamos solo, lo abandonamos con sus palabras y hoy estamos solos nosotros. El dedicó su vida a cambiarnos y motivarnos y en estos tiempos eso es imposible. Nosotros le fallamos, es cierto, hay que asumirlo, le fallamos en la práctica y en sentido figurado. 

Pero a él lo mató la verdad del día a día de hoy, contra el que no podía luchar. Lo mataron los Obama que envían drones asesinos a matar gente sin juicio, como si EEUU fuera una nación de sicarios sin ley. Lo han asesinado los bombardeos recientes de EEUU en Irak, de nuevo metiéndose en una pelea que no es suya. Lo ha asesinado la Masacre de Gaza, con sus cientos de niños muertos absurdamente y los miles de heridos y barrios destruidos. Lo ha asesinado la guerra de Siria, la guerra de Crimea, los negros muertos en las aguas del mediterráneo cuando luchaban por alcanzar el suelo de Europa.

Toda esa realidad que no podía cambiar ni negar y la soledad en que había caído su mensaje, han terminado, creo yo, por matar a Robin Williams.

Esa realidad seguirá matando gente de carne y hueso si no hacemos algo. Ha ocurrido antes, es cierto. Lo nuevo es que hoy están matando el espíritu humano. Ninguna oposición parece posible. Ningún discurso altera esa realidad. Los ejércitos y los intereses de los poderosos de la tierra han llegado para enseñorearse. Desde esa óptica Robin Williams no tenía un lugar. Por eso se ha ido. Pero las preguntas siguen vigentes ¿Buscamos hacer de nuestras vidas algo extraordinario? ¿O buscamos pasar piola, cumplir? ¿Es que la vida es eso? ¿El auto, la casa? ¿Tú que opinas? ¿Contribuimos a hacer del mundo un lugar mejor? ¿Le fallamos a Robin Williams sin darnos cuenta?

Pueblo Libre, 17 de agosto del 2014


domingo, 3 de agosto de 2014

Dos amigas, dos historias, dos egos colosales: Parte II

Historia N° 2: Milagros


A Milagros la conozco hace 8 meses.  Ha vivido en Europa por más de 10 años. Regresó al Perú para siempre hace un tiempo y es de una sensualidad arrolladora. Tiene dos pequeños sin problemas y un matrimonio en problemas. En Facebook, donde ingresa para hacer hora, los admiradores le nacen como los hongos debajo de las piedras, a borbotones. Doy fe de ello. Hay de todo. Los tontos, los vivos, los pícaros, los vampiros. Como estamos en los mismos grupos, veo a sus admiradores y leo los mensajes que ellos le envían en el grupo solicitando su amistad. Hay la mar de tonterías que dicen para hacerse los simpáticos, los amiguitos buenos. Ella los lee, los filtra, los pone en lista de espera. Eventualmente los acepta como contactos. Antes de ser aceptados ellos esperan algo, no les queda otra, no saben muy bien qué pasa con sus solicitudes de amistad. No lo tienen claro. En cambio  yo diría que ella tiene muy claro lo que quiere, y no quiere nada. Así de simple.

A excepción de un tal Talavera. No digo que ella le haya creído, pero le aceptó la amistad y más. Yo le advertí: “Cuidado”. No me hizo ningún caso, y hasta fue mejor para mí. No fue mala onda de mi parte, es que tan luego le vi la foto el tipo me cayó mal. No que digo, la encarnación del satisfecho, del haragán que busca que los demás le rindan pleitesía, el ególatra. Un pelmazo. Escuché a Milagros y luego le dije, Este caballero se ha inventado un personaje, cuídate, los conozco bien y éste no es capaz de amar a nadie. Lo dicho, ella no me hizo caso y lo metió en la lista de “amigos”. Fue la clásica, un tiempo de bla bla y luego dar el zarpazo. Pues bien, el tipo quiso conocer a Milagros en persona, presionó fuertemente en ese sentido. Conocerla en Trujillo, de donde es ella, o en Lima, donde vive él. Milagros se negó y él se molesto de mala manera. Rompieron el contacto. El personaje que él había creado era amante de la pintura, gran conocedor, difusor cultural, romántico y buen cantante. Ya sabemos, era el premio gordo de la Tinka
.
Hace unas horas Milagros abrió un mensaje privado que él le había enviado tras la ruptura. En él, Talavera le decía a Milagros que es una cobarde. Si, cobarde. Porque no se había atrevido a conocerlo. Después le ha dicho malcriada por no saludarlo en el grupo, como si ella le debiera rendir pleitesía. Y se ha pasado las horas dando like a todo mundo menos a Milagros.

Me extraña un poco el ego. Es un tipo bastante mayorcito (fácil 40 años) para jugar al novio abandonado y despechado. Pero lo hace. Lo diré de nuevo, es un ego colosal que se crea alguna gente que los lleva a pensar que nadie los debe rechazar. No importa eso sino lo agresivo que se ponen con las damas, su carencia de perspectiva, de límites, hasta de decencia. Cuando él le dice a Milagros que es una cobarde, no sólo olvida que ella es mujer, olvida que es madre de dos niños. El cobarde es él. Cuando le dice que es cobarde por no haberse atrevido a conocerlo, ignora que a través de esa frase  Milagros logra conocer mejor  a la persona con la que había tratado varias semanas. Digo bien, a la persona, ya no al personaje de ficción que él creo, sino al auténtico tipo que vivió oculto. Como ella dice, algunos tienen que aprender que no todas las mujeres son iguales. Y es que el quiso seducirla con lo típico, llevarla a comer, al Karaoke, hacerse el interesante, el mágico, el platudo. Eso no funciona con Milagros y esto lo enfurece a él.


Entre éste Talavera y el novio de la amiga de Maité (historia n° 1) hay un denominador común: una falsa superioridad por sobre los otros, que es producto de un ego colosal que tiene mucho de materialismo y poco de espiritualismo. Una falsa superioridad que ha invadido las relaciones sociales haciendo invivible la atmósfera. Las relaciones son más bien una guerra o un campeonato de hipocresías.  Estos egos colosales exigen sumisión, pleitesía, abdicación de los demás, y como dije antes, si son mujeres, doble sumisión, pleitesía, abdicación. Esta es una de las cosas que es indispensable y urgente cambiar. Y es también sólo un tema de educación. Aunque ninguna dama merece ser tratada como estos tipos las tratan, yo diría, Que lo hagan con quién quieran, no con las personas que estimo, valoro y quiero. No con Milagros,  no con Maité. Que sus madres los aguanten “Egos colosales” .

PD: los nombres han sido cambiados

Pueblo Libre, 03 de agosto del 2014



jueves, 31 de julio de 2014

Dos amigas, dos historias, dos egos colosales

Historia N° 1 : Maité


Maité tiene poco más de 25 años. La conozco hace como 4 o 5 meses. Vive desde hace 8 años en Europa, en España. Ha venido a Perú por unos estudios. No le he preguntado por qué hacer estudios en Perú, si está en Europa; no necesito preguntar, sé lo que pasa, también soy migrante. Maité tiene una risa de niña que desarma y conmueve. Es una risa franca, casi ingenua, da miedo ver una risa así de desnuda, de vulnerable. Maité es bonita. Hemos coincidido algunas veces en reuniones con otros amigos. Una tarde de sábado, cuando terminó la reunión, se me acercó y dijo ¿Cómo te llamas? Después de que se lo dije añadió “Hemos coincidido como cuatro veces, creo que es tiempo de conocernos”. No había que emocionarse. Conocernos era saber nuestros nombres. Sólo ello. Y bajar barreras, saludarnos a veces.

Y otras veces también. Lo malo es que lo bonito se termina. Y en mi caso ocurre casi siempre. Hace como 21 días ella y yo nos encontramos y me confió datos que recién supe en ese momento. Por ejemplo, que vive en Barcelona y que en una semana se volvía para allá. Que antes viajaría a Trujillo, luego retorno a Lima y finalmente avión a Barcelona. Claro que sí, le hice la pregunta obvia ¿Eres de Trujillo? Sí, a secas, Sí. Hombre, me digo, haberlo dicho antes Maité, hubiéramos sido más amigos hace rato. Uno baja ciertas defensas cuando encuentra una persona de su ciudad. Desde ese día, cuando le dije que también yo era trujillano, nos hemos visto varias veces, nuestros orígenes comunes hicieron su trabajo, el diálogo fluyó, y la confianza tomó un lugar entre ambos. No confundir, es sólo que el diálogo se volvió más fluido. Pero ocurrió tarde. Maité se volvía a España. O quizás por eso todo fluyó más fácil.

La penúltima noche antes de su viaje a Trujillo me dio unas quejas, con esa sonrisa tan bonita con que celebró una de mis ocurrencias y su cabello negro agitándose. Había ido esa misma noche a una cena para despedirse de una amiga. En medio de la reunión llegó el novio de ésta. Después de los saludos de rigor, y de enterarse que Maité vive en Barcelona, al novio los colores le cambiaron. Para peor el otro dato, Maité es trujilana. La Maju Mantilla es trujillana, y con ella otra legión de reinas nacionales trujillanas han llevado a que estas, las trujillanas,  sean mal miradas en Lima. Es la envidia, los celos, la impotencia. Eso.

Ego colosal y machismo: combinación terrible
        Pues el novio de la amiga se mandó con cositas como ¿España? ¿Allí es donde están en crisis, verdad? ¿Y para qué te vuelves?...Maité cuenta que el tipo se pasó la noche haciendo comentarios de ese tipo, tratando de hacerla sentir mal. Dice Maité que no entiende la animadversión del tipo, si acababa de conocerla, ¿Qué le hice? Se pregunta. Yo, que algo sé de esas cosas, le di unas respuestas para que se sintiera mejor.

Es hasta fácil. El novio es un ego colosal. El punto es creerse lo máximo, irresistible, por encima de todos. Cuando eso ocurre el otro no existe. El novio de la amiga de Maité se cree lo máximo, está acostumbrado a fanfarronear y no soporta que alguien le haga sombra, peor si es mujer. Maité, peruana viviendo en Europa (aunque fuere en España), es una sombra enorme, una espina. El "novio" probablemente no ha salido de Lima, y si salió es como si no, porque no aprendió nada. En provincias pisoteó costumbres y personas como la cosa más normal del mundo. Por eso debe combatir a Maité, atacarla, bajarle la moral, para sentirse por encima aunque sea falsamente. Eso es todo. Ni siquiera es un mal tipo que lo hace por malo, es lo que ha hecho y visto hacer toda su vida. Desde sus padres y abuelos. Cree que es normal, que toda la gente es así en todas las ciudades. En su entorno es lo mismo. Las relaciones con mujeres y hombres son lo mismo, el exitismo de nada, la fanfarronería enmascarada de grandilocuencia y triunfo.

Maité, estudia y trabaja en Barcelona sin hacer daño a nadie, sólo para hacerse un lugar en la vida, ha sido la víctima esta vez. Su ciudad entorno y costumbres han sido diferentes. No comprende nada de lo que le pasa en Lima, de la envidia que genera, de las puyas. De la miseria moral de algunos que le quieren hacer daño porque ella es una denuncia sin habérselo propuesto. Es el otro resultado de nuestra “bonanza económica”. Los beneficiados se creen que ya la hicieron, que todos los demás son “losers”. Y atacan desde su ignorancia y sus triunfos de mentiritas. Una variante compleja son un tipo de individuos que se solazan en hacer la vida a cuadritos a las mujeres. Machistas de última hora con dinero suyo o de papá. Príncipes de papel educados en los colegios caros y hogares de mentalidad barata, que miran a las mujeres como extensión de sus logros.

Maité volvió a Europa una semana después de estos hechos. Se fue tranquila. Dejó en Lima unas pocas amistades a las que agradeció con una gratitud más que gigante sus atenciones, pero dejo también con sus pequeñeces a muchos egos colosales que son plaga en Lima y que andan por el mundo sin percatarse de todo el veneno que desparraman y sin pensar para nada, que las personas no son todas iguales.

Pueblo Libre, 28 de julio del 2014