viernes, 18 de abril de 2014

Fallece Gabriel García Márquez: La Soledad que se nos viene

De las muchas cosas que pueden decirse de García Márquez, voy a quedarme con dos por ahora, en ésta soledad que de pronto nos asalta en jueves santo y de improviso. Una primera, su enorme contribución a hacer de la lectura un hábito popular. Es García Márquez quien con sus historias en las que los niños nacen con una cola de cerdo, y existen jóvenes hermosas que se elevan hacia el cielo; es él, digo, quién lleva a millones de latinoamericanos a descubrir la literatura como una actividad medular. Esas primeras lecturas nos llevan después a otras del mismo Gabo; pero también a otros autores: Cortázar, Borges, Fuentes, Rulfo. La prosa de García Márquez es una delicia; el sentido del humor, una incitación a un placer cotidiano; la descripción  de los pueblos, un paseo por la latinoamérica de los abuelos. En su obra además ocurre una cosa como mágica, pasa como que la conquista jamás hubiera ocurrido y siempre hubiéramos sido mestizos; no hay dolor, no hay traumas, no hay pesar. Y eso nos libera, nos permite crecer y leer sin odiar.


El otro aspecto valioso del Gabo, de los muchos que tiene, es sin dudas, el compromiso. García Márquez no sólo no elude un compromiso sino que lo asume con delectación, con protagonismo, con unción. La temática que falta en sus novelas sobra en su compromiso político. Latinoamérica, una justicia social, los olvidados, los marginados, estarán por siempre en su discurso y posición oficial. En la ceremonia de recibimiento del Premio Nobel dice  con esa maravillosa voz caribe suya “¿Por qué pensar que la justicia social que los europeos de avanzada intentan imponer en sus países no puede ser también un objetivo latinoamericano con métodos distintos en condiciones diferentes?”


García Márquez no se queda a vivir la paz chicha en Europa, fiel a sus raíces y consecuente con su lucha retorna a América Latina y aquí continúa escribiendo y opinando. No busca una cátedra norteamericana o europea, ni una vida de sabandija. El hace una cátedra vital, honesta, principista. Y eso es lo que vamos a extrañar: su extraña serenidad para decir cosas tremendas, para conmovernos con esa voz caribe, con ese humor latino y ponerse el overall siempre, y cual coronel Aureliano Buendía en Cien años de Soledad, irse a nueva guerra por nosotros, diciendo su motivación, una verdad que podría resumirse en su frase “Frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida.”


Pueblo Libre, 17 de abril del 2014


sábado, 12 de abril de 2014

Sudamérica...o Cómo no Olvidar Nosotros Mismos la Historia

"Soy lo que dejaron, soy todas las sobras de lo que se robaron.”

Conversando con una amiga (o ex amiga) peruana radicada en Europa ella me dice “sudamericano”. Dice que los sudamericanos somos machistas, que nos incomodamos cuando una mujer nos argumenta; que los europeos son diversos, que prefieren a las mujeres inteligentes. Casi dice que ella ama Europa y que Sudamérica es poca cosa. Y yo la leo y pienso. 

Es raro, me he sentido insultado inicialmente. Primero, ella ha metido en un saco a decenas de millones. Me he dicho yo mismo que los sudamericanos somos muy diversos. Es más, sólo los peruanos, para no ir muy lejos, somos absolutamente diversos. Con esfuerzo podríamos agregarnos en los del centro, el norte, el sur. Al norte somos sonrientes, lúdicos; al centro, son serios, circunspectos; al sur, son malgeniados, endurecidos de carácter. Y sin embargo, es una clasificación abusiva, hay mucha diversidad en cada región. Y así en cada ciudad o pueblo. ¿Con cuales  sudamericanos o peruanos está comparando está amiga?



Por otro lado, cuando mi amiga presenta a los europeos como mejores, como lindos, yo digo, ¿de qué europeos está hablando? ¿Habla acaso de los romanos que echaban cristianos a los leones? ¿O de los que vivaban a Mussolini hasta poco antes de colgarlo de cabeza en una viga? ¿O de los que soportaron 20 años a Berlusconi con sus robos y pederastías? ¿Habla de los españoles matando indios conquistados en América? ¿O de los españoles matando con balas de goma a los africanos que llegan a sus costas, ayer apenas? ¿Habla de los ingleses y franceses yendo de guerra de conquista como comparsa de los gringos a cortar como un queso Yugoslavia y matar civiles en Irak y Afganistán? ¿Habla de los europeos que llevan dos guerras mundiales en sus anales? Ah, que no, que habla sólo de los de Milán; de los que hacen cine, de los que visten a la moda; esos que se robaron la mejor cultura de otras sociedades. Vaya, es como juzgar y clasificar a los europeos mirando a Alain Delon, y a los sudamericanos mirando a un cantante de chicha, tal vez tongo. Y a los africanos con Idi Amin como referente.

Los europeos clavaron sus espadas en norteamérica, en Mexico, en Perú y toda sudamérica. ¿De qué pueden acusarnos a los sudamericanos si siempre pusimos la sangre y los muertos desde que Colón y los suyos gritaron “Tierra”? Es increíble cómo podemos olvidarnos nosotros mismos de la historia que vivimos y recibimos en herencia, y decir cosas que trastocan o niegan los horrores. Todos los pueblos y continentes tienen sus guiones macabros escritos desde hace siglos en la historia y ninguno al día de hoy parece libre de repetirlos, de escandalizarnos con sus decisiones sangrientas, con sus cobardías,  con sus guerras de conquista y sus intereses subalternos que los desnudan hipócritas, necios, dementes.



¿Estamos los sudamericanos, o centroamericanos, o africanos, o asiáticos, atados al pasado? Es posible que algunos, que grandes o pequeños sectores. Pero más bien hace mucho comprendimos que avanzar requiere dejar al pasado en donde está. Nosotros vamos a Europa, y los europeos vienen a nuestro continente a trabajar. Muy paso a paso avanzamos el proceso de integración, de mestizaje. Que la diáspora latinoamericana pretenda dar lecciones desde allá, como ocurre muchas veces, millones de veces, es sólo una muestra de nuestros complejos no superados, no digeridos, no trabajados. Nos falta madurez, como a todos. Hay que dejar la américa latina cuando nos vamos; o la Europa, cuando venimos; no hay que vivir atados al complejo, hay que superar nuestras propias pequeñeces.

En Sudamérica, esa Sudamérica que muchas veces se juzga sin conocer, a veces, cuando se abre los ojos, basta un campesino con su esfuerzo arando la tierra, para saber que ese esfuerzo, heroico y solo, vale la pena. Que el niño caminando kilómetros desde el amanecer para llegar a la escuela, es un buen motivo. Que la mujer, madre o no, joven o vieja, transita desde que empieza la mañana por dificultades sin cuento y de admirar. Somos un continente joven, plagado de esperanzas y errores. Tengamos respeto por nosotros mismos.

Yo la leo a esta amiga (o ex amiga) y pienso, Sudamericano sí, a mucha honra, más que nunca. Como siempre.



Sudamérica, 12 de abril del 2014 

miércoles, 26 de febrero de 2014

Los Otros en Lima

Rosa María Palacios dice que en Lima, el otro no existe. Lo dice siempre en su programa radial de las mañanas. No le falta razón, en Lima la existencia del otro es una quimera, una irrealidad; es como en la notable película de Almodóvar, un juego de posiciones para ver cómo le arrebatamos al otro la casa, la habitación, la sala; o en Lima, la cola, el estacionamiento, el jardín, algo; porque algo, ese algo pequeñito o grande, da sentido de realización.


Relaciones Sociales Quebradas: El Otro es el Enemigo


RMP lo explica con el ejemplo del ascensor limeño, en donde los que lo van a abordar se aglomeran en la puerta impidiendo salir al que baja: las leyes de la física abolidas en las mentes. El problema es mucho más profundo en realidad, crea fracturas invisibles en el tejido social; lo dicho, el otro no existe, no es el semejante, no es el prójimo, es el enemigo. Nadie se ha muerto ignorando al otro, por cierto; pero ha llevado una vida gris, comprimida como un puño, incompleta. Un ejemplo: Si en alguna provincia peruana, un conductor necesita un empujón al auto, los vecinos lo ayudan aunque no lo conozcan y podrán contar con  esa ayuda en el futuro para sí mismos. Si en Lima un conductor necesita un empujón, debe cerrar su vehículo, llamar a algún familiar o a la grúa y rezar para que no lo asalten. En provincias llamar a la grúa sería el último recurso; en  Lima, es el único.

Los vecinos que llevan al perro a defecar en el parque, se zurran en el derecho del otro a disfrutar de áreas verdes, sobre todo el derecho de los niños que se ven expulsados de su medio natural para refugiarse entre cuatro paredes. El que arroja la basura al frontis del vecino, quiere su frontis limpio; para ello no le importa ensuciar la casa del otro y envenenar sus relaciones con éste.

En uno de los restaurantes en que almuerzo suele aparecer un señor entrado en años acompañado de una guitarra y cantos. No pide permiso a nadie y se pone a cantar interrumpiendo conversaciones o pensamientos de los comensales como si tal cosa  fuera normal. Es como aquellos que por montones suben a los ómnibuses y lanzan un discurso inacabable como Pedro en su casa, sin permiso de nadie, pero diciendo “disculpen si interrumpo su conversación”. ¿No sería mejor no interrumpir?

En la negación de los otros esta nuestra propia negación. En la inexistencia del vecino, esta nuestra propia inexistencia. Meter el carro en esta esquina para adelantar, es hallar quien nos haga lo mismo en la esquina siguiente. Si obstaculizamos al que sale del ascensor, tampoco podremos entrar. Cuando se ignora al otro las relaciones sociales se convierten en un solo de hipocresías. Es imposible saludar y hablar al vecino que te arroja su basura. En algún momento el atacado, atacará. Ignorar al otro, esa conducta tan limeña señalada por la Palacios, tiene consecuencias nefastas e inconmensurables. No se puede hablar de calidad de vida en una sociedad así. Ni el éxito económico soluciona este problema del cual a veces ni se tiene conciencia. Los limeños han ignorado al otro o lo han visto hacer ello desde que nacieron. Desconocen una conducta diferente, piensan que el mundo es así.


Pensar y actuar Diferente


Incluir al otro, pensar y ponerse en los zapatos del otro, es reconocer la propia existencia. Mirar a los ojos de la gente para reconocerse como miembros de una comunidad es empezar la solución. Es en el reconocimiento de la existencia del otro que uno reconoce su propia existencia. Incluir es pasar del egoísmo infantil para reconocerse como miembro de una comunidad: es ceder el paso, el turno cuando es posible, el asiento, es mirar al otro, esperarse un momento, respetar, reconocer que las normas de conducta civilizada, escritas o no, son sabiduría de siglos que nadie debería ignorar. 

Tiempo al tiempo. Esto, también pasará. ¿Cuánto tiempo? Imposible saberlo. En la película de Almodovar no hay ganadores, todos están muertos; en Lima tampoco hay ganadores, las relaciones sociales están llenas de sospechosos y muertos vivientes. 



Pueblo Libre, 22 de febrero del 2014. 

miércoles, 29 de enero de 2014

Edward Snowden: Premio Nobel de la Paz 2014


Edward Snowden acaba de ser nominado al Nobel de la Paz del año 2014 por dos diputados noruegos. No sé si se lo entregarán, pero estoy seguro de que lo merece. En el año 2013, el año en que hizo sus grandes revelaciones y debió refugiarse en Moscú, Snowden ya debió ser declarado hombre del año por las revelaciones efectuadas y por su solitaria lucha por la verdad.



El tráfago de informaciones suele nublar o postergar nuestro análisis, así que analicemos un poco. Edward Snowden es un muchacho de 29 años, una edad en que hoy en día muchos aún viven con los padres o están pensando en cómo adquirir la 4 x 4. A esa edad Snowden se ha enfrentado al gobierno de su país, el más poderoso del mundo. Lo ha hecho en solitario y sin haber comprometido el apoyo de nadie. Ha tenido la suerte de que Ecuador primero, y Rusia después, hayan querido comprarse el pleito ofreciéndole y dándole asilo, a despecho de las amenazas que recibieron por hacerlo. Los hombres del Tío Sam aún se están dando cabezazos contra la pared, ¿Cómo dejaron escapar a este traidor? Así lo llaman, “traidor”. Explican que traicionó a la empresa para la que trabajaba, y también que traicionó a los EEUU. Snowden, muy poco dado al histrionismo que practican sus acusadores ha dicho “no quierovivir en un mundo en el nos espían a todos”.  

Es que las revelaciones de Snowden han supuesto enterarnos de que el gobierno de los EEUU ha estado espiando no sólo a ciudadanos sospechosos de actividades ilegales, o activistas de izquierda de su país, o actores antisistema como hacía en el Hollywood de los 50; sino que espiar hoy en día implica a todos. Y todos es todos los ciudadanos del planeta, incluidos los gobernantes “amigos” como la presidente Dilma Rousseff  de Brasil, o la canciller alemana AngelaMerkel; pasando por España y Francia, a los que apenas si ha tolerado una tímida reacción.

Snowden ha hecho lo que deberían haber hecho los periodistas o los políticos. Pero son malos tiempos para la prensa en el mundo y no porque estén muy perseguidos por los gobiernos; sino porque los ideales que los mueven hoy son más bien subalternos. Si ayer competían por desvelar la trama de Nixon, hoy lo hacen por ocultar y maquillar la trama de Obama y de sus antecesores. Y los políticos también están en malas horas, porque han renunciado a las ideas para volverse pragmáticos

Justamente, Snowden ha declarado en una de sus pocas apariciones posteriores a su asilo en Rusia, que la información del espionaje de su país la tuvo mucho tiempo antes, pero que decidió postergar su denuncia en espera de que el entonces recién elegido presidente norteamericano terminara con toda esta ilegalidad. Se equivocó completamente. Obama no sólo no terminó con el espionaje, sino que a propósito de Snowden, ha dicho que hay que renunciar a la intimidad en pro de la seguridad. El Snowden de hoy, debe ser como el Obama de los 29 años, o aún como el candidato Obama que decía “Yes, we can” y ofrecía cerrar Guantánamo: un idealista que quería cambiar el mundo.

Aún no sabemos si la candidatura de Snowden la Nobel de la Paz 2014, sea aceptada, pero acaso este sea un caso como el Dwayne Johnson, aquel carismático peleador de la cultura americana del  entretenimiento, al que no le era necesario ganar el campeonato de lucha por el comité oficial, que muchas veces le hacía trampas; sino que le bastaba hacer las cosas correctas, para ser “The people Champions”, El Campeón del Pueblo. Así, Snowden ha ganado un lugar en la historia más allá de que el influenciable comité noruego acepte la candidatura o emita un fallo favorable a finales del presente año. Quiérase o no, las revelaciones de Snowden han obligado a los EEUU a aceptar que hacía un espionaje ilegal y abiertamente abusivo. Además el gobierno norteamericano se ha comprometido a revisar esas políticas y ha hecho promesas a sus socios de que las cosas cambiarán. Además se ha generado un debate a nivel mundial acerca de la vigilancia a estados e individuos.  El mundo se ha vuelto un poco más justo por un tiempo. Todo gracias a las revelaciones de Snowden.


Pueblo Libre, 29 de enero del 2014.

miércoles, 15 de enero de 2014

Cristiano Ronaldo: El Balón de Oro 2013 no importa

Digo, no es que no importe el balón de oro. Es que al ver a su novia Irina Shayk premiarlo con un beso de esos labios, a uno le vienen ganas de entrarle al fútbol y dejarlo todo atrás. De que todas tengan un Ronaldo, de que todos tengamos una Irina; anda a ver si no habría más amor en el mundo si así fuera. Pero esto tampoco es lo importante. Ver bañado en lágrimas al Cristiano Ronaldo que  merodea las áreas rivales como un tiburón asesino, es por decir lo menos, algo que nos hace reencontrarnos  con algo muy profundo y olvidado: la sensibilidad, la debilidad. Es la emoción de vernos retratados en aquel hombre emocionado al ver a su hijo, a la novia, o a la madre; que se baña en lágrimas inconteniblemente. Digo, es la rabia de un grito, es la victoria huidiza que llega por fin, es el reconocimiento al esfuerzo de meses para ser el mejor, es todo eso que explota y acalla la voz de Cristiano y la nuestra. El es nosotros, nosotros somos él. Y eso es más que cualquier balón de oro.

Un Cristiano Ronaldo emocionado es aplaudido por Pelé
Acaso en todo el show lo único fuera de libreto hayan sido las lágrimas. Y son ellas las que humanizan al personaje odiado y satanizado por los medios que jamás le perdonaron una. Que dijera que lo envidiaban porque era guapo, rico y bueno, para la prensa se convirtió en una cruzada contra la falta de “humildad” y le hicieron pagar muy caro el atrevimiento por tres años. Hasta hoy en que a los ojos del mundo tenemos un “Comandante Cristiano” humanizado. Es que los comandantes también lloran.


Pero finalmente no son esas lágrimas, ni el beso de Irina, ni el hijo, o la madre, o las paces con la FIFA, lo que yo rescataría. Ocurrió hace algún tiempo y se destacó poco en la prensa. Un hincha se mete a la cancha en medio de un partido, y se acerca a Cristiano para robarle un abrazo. El ídolo toma entre sus brazos al hincha, lo arropa unos largos segundos, lo calma, lo llena de su propio calor humano y ante el estadio enmudecido y con el juego esperándolo, escolta al hincha fuera del campo para entregarlo a la policía que espera; lo entrega con recomendación de que no le hagan nada, “sólo es un chico que quiere un abrazo”. Cuando Cristiano Ronaldo regresa a la cancha está visiblemente emocionado; un jugador del equipo contrario, conquistado por el gesto humano del luso, le da una palmada de gratitud al pasar.

En esos segundos estos tres hombres han escrito una esperanza para la humanidad. En medio de un mundo envilecido, de corrupción, egoísmo, lleno de espías y propósitos subalternos, para ellos, el otro ha sido importante. Si alguien me lo preguntara el narrado arriba, el de la cancha y el abrazo, es el gesto que yo rescataría de entre todos alguna vez. Ganador justo del balón de oro, Cristiano Ronaldo nos deja muchas lecciones de humildad. 

Cristiano posa con su novia antes de su triunfo
Pueblo Libre, 15 de enero del 2014

jueves, 9 de enero de 2014

Tomás Borda: Dr. TV Yekill and Mister Hide

Tomás Borda es el último y el más éxitos de muchos médicos peruanos que desde hace varios años ingresan a nuestros hogares a dejarnos la salud. Es la promesa que a juzgar por los resultados no se cumple. Si no, si estuviéramos bien ¿por qué siguen entrando más y más médicos a los medios de comunicación?

Tomás Borda, con voz almirabada y sus ojos claros a los doctor Kildare, parece un actor de cine y es así como lo miran todas las señoras entradas en años y cabellos blancos, que conforman su auditorio en vivo.  Pero no son las únicas. Los hogares peruanos lo han convertido en su favorito. Mientras almuerzan Ceviches y Papa a la Huancaína, miran al médico que les habla y les muestra con lujo de detalles heces, sangre, vómitos, mucosidad, acné, pus y diversas enfermedades una más terrible que la otra.

Ignoro cuánta gente se ha curado mirando el programa, pero me consta que la gente lo sigue como una religión. Cuando ingreso a algún restaurante a almorzar, me lo encuentro sintonizado con el médico y su macabro show de sangre y enfermedad. La gente lo mira con fruición masticando sus bocados sin quitarle ojo de encima. En conjunto es una imagen surreal, pero resulta muy real hoy en día. No importa cuán terrible sea la enfermedad, el asunto es saber, aprender, prevenir; colgarse de las imágenes sangrientas y mirar, después de todo, no todos los días los médicos dan consejo gratis.



Ese es el asunto. Tomás Borda y todo el gremio médico no dan puntada sin hilo. Es claro que a más médicos en pantalla, más enfermos están los peruanos. Quién lo dude eche una mirada a la cantidad de clínicas privadas medianas y enormes que se han levantado a su alrededor en los últimos años.  ¿Cuál es la relación? Hace mucho tiempo le oí decir a Miguel Angel Cornejo “Si a un niño le dices todos los días que va a ser un campeón, ese niño terminará por ser un campeón”. Suena  a verdad. Si los peruanos todos los días escuchan y ven gente quejarse de sus enfermedades, terminarán por enfermarse ellos mismos. Sugestionados o no, terminamos por replicar los síntomas que oímos de otros. Los médicos conocen y practican el efecto “PLACEBO”, aquello de engañar al paciente con una falsa medicina que gracias al engaño termina por curarlo. Es un asunto mental. Si la salud se puede engañar, la enfermedad también se puede engañar creándola por sugestión.

De modo que si para “prevenir” miramos programas como el de Tomás Borda, lo más probable es que terminemos por contraer alguna de los terribles enfermedades que él exhibe durante el almuerzo. Pensamientos como “a tal edad te puede dar un infarto”, “está dando mucho cáncer”, “es bueno hacerse un chequeo”, “mídase el colesterol, los triglicéridos, la circulación” y otras tantas tonterías que minan nuestras resistencias y nos predisponen a la enfermedad debilitándonos, nos han convertido en una sociedad físicamente enferma, en beneficio del bueno de Tomás y sus colegas que levantan imperios con el miedo de la gente.

Sus antecesores, los doctores Huerta, Rondón, Maestre, Rubio, Max Lazo,  la doctora Gonzales, la sexóloga Romina y otros, no han curado ni ayudado a curar a nadie. Lo saben perfectamente, pero son parte del show. Llevan años prometiendo una salud que escamotean y deterioran con denuedo. Junto a Tomás, se travisten de buenos a malvados con micro, como el Doctor Yekill y Mister Hide.  Y como el personaje de Stevenson, el lado oscuro los está rebasando.

Es la gente, es la educación, es el miedo a la enfermedad y a la muerte; más que estos doctores. Pero no están exentos de culpa, ellos conocen el mecanismo de la mente y lo practican sin rubor.

El mejor consejo es no mirar ni oir los decires de estos falsos profetas que no traen túnicas blancas como antiguo, pero traen mandiles blancos y micrófonos, sonríen como amigos y ponen sus brazos sobre nuestros hombros para darnos confianza.  Con sus palabras más que la salud viene la enfermedad. La mejor cura es sentirnos siempre saludables, deporte, aire libre, comida sana, y poca, muy poca televisión.


Pueblo Libre 9 de enero del 2014.

martes, 31 de diciembre de 2013

El hombre del Año 2013 en el Perú

Juan Carlos Tafur preguntaba hace unos días en su programa de radio quién había sido el hombre del año en nuestro país. Para orientar un poco la elección, o proponer posibles candidaturas, narró una encuesta  de El Comercio, según la cual el Hombre del Año era Natalia Málaga, la entrenadora del equipo de voleibol peruano que había obtenido el cuarto lugar hacía poco en algún campeonato.

Señalaba Tafur, y yo coincido, que no le parecía un gran logro. El Perú en otros años ha disputado primeros lugares, no cuartoS. Durante los minutos que duró la encuesta, la audiencia no pudo erigir un ganador claro, más bien no existieron muchos candidatos. La conclusión es que a diferencia de otros años no hay hombre destacado en nuestro país. Esto va a contrapelo de una situación económica que parece ser buena, al menos en el discurso oficial y en los centros comerciales que han brotado por doquier.

Un país que de pronto se ve en una llamada bonanza económica, cierta o falsa; que no tiene líderes visibles, que carece de derroteros, que no puede elegir entre 30 millones un hombre destacado; es un país que se encuentra en un problema gordo. Nos faltan líderes e idealistas. El año 2013 vio derrumbarse las figuras de los ex presidentes AlejandroToledo y Alan García sepultados por escándalos de corrupción. Además KeikoFujimori ha sido absorbida por la imagen del padre llorón, despeinado, ajado, que esté ha querido crear en sus juicios. También la han afectado los hallazgos de drogas en las empresas de su hermano y las donaciones recibidas por su partido de cabecillas del tráfico de drogas. No obstante cualquiera de ellos podría ganar la elección del 2016,  lo que no cambiaría nada, es el fango.  El triunfo electoral de ellos representaría una mayoría de votos, no una superioridad moral, ni una propuesta diferente; tampoco la incorporación de reclamos de grandes mayoría olvidadas.

Las elecciones de Toledo y Humala, que exigían cambios de fondo, fueron burladas tan luego llegar estos al poder. La elección de García fue una elección decidida por Lima, en la que  el resto del país exigía y no obtuvo cambios importantes. Esas traiciones visibles de los candidatos elegidos, a su oferta electoral, y el soslayo de los medios de comunicación de los reclamos de las mayorías, en aras de una “sensatez” que tiene color político e impone a una minoría que nadie elige, son la primera piedra de la corrupción nacional. Estamos tan mal que frente a este tipo de traiciones la gente calla, se resigna, se conforma. Los medios de comunicación doran la píldora y justifican comprensivamente la traición y la explican con “hojas de ruta” aparentemente mayoritarias, en un ejercicio adivinatorio más propio de Josie Diez Canseco que de comunicadores serios.

Hombres mejores que reemplacen a los anteriores no se vislumbran en el horizonte. Nadie quiere vivir un ideal, levantar una bandera, encabezar una transformación, enfrentar el obsoleto sistema político de nuestro país. Sin ideales que defender ni levantar, cada cual está en lo suyo, hablando de la bonanza, aburguesados por completo.

Podemos vivir así, pero nos hemos convertido en una nación vulnerable. Un país carente de líderes e ideales, aplacado, es fácilmente vapuleado por otro o aún por sí mismo. Los escenarios vividos en años luctuosos de nuestra patria, están recreándose peligrosamente en un momento en el que cosas grandes están por definirse. La efervescencia de la bonanza económica  puede terminarse de pronto de forma inimaginable. La esperanza como otras veces, son los vastos sectores de gente olvidada en las regiones y en el interior del país. Desde allí quizás venga el hombre providencial que siembre las nuevas ideas y derroteros que hoy nos faltan. Desde ese Perú que Humala prometió incorporar, García Pérez insultó, Toledo ignoró y Fujimori expolió. Hoy por hoy en el Perú no existe un hombre del año y nos hemos nivelado todos hacia abajo.

Pueblo Libre, 31 de diciembre del 2013