viernes, 28 de septiembre de 2012

Enrique Valdez ... o la gente que hace falta



Hace ya varios años, cuando apenas empezaba mi vida laboral, presencié un curso de Administración dictado por Enrique Valdez. Quien quiera que estuviera en el mundo de la gran empresa lo conocía. Yo y los participantes del curso no teníamos ni idea.

                Lo conocí en su casa unos días antes del inicio del curso. Entonces me dijo “Es la primera vez en mi vida que preparo un currículum” “Nunca me ha faltado trabajo” “Jamás he tenido vacaciones”. Me entregó una hoja mecanografiada con algunos datos y la copia de un diploma de ESAN de los tiempos en que ésta no era universidad. Los estrictos requisitos gubernamentales lo obligaban a presentar C.V. y título para el curso que se aprestaba a dictar en INICTEL, así que lo hizo. El título universitario no era obstáculo, Enrique Valdez era de aquellos que no necesitan cartones. 

               El día de inicio de clases estuve temprano, sentado en la parte trasera del aula. Yo era su coordinador. Entre el público menudeaban los gerentes, jefes, secretarias de jefes e ingenieros A1 del MTC. Algunos estuvieron puntuales, los más llegaron con un poco de tardanza. Don Enrique Valdez ingresó al aula a las 9 de la mañana en punto. Se quitó el saco quedando en chaleco al estilo Los Intocables y empezó su clase. En verdad, aquél señor un poco anciano parecía un cristiano entre los leones de la Roma imperial; se aprestaba a enfrentar a la plana mayor de los ministerios de la dictadura: una pandilla de envanecidos mandamases, expertos en hacer esperar en la antesala de sus despachos y negar todo lo que se les pidiera. Estaban allí para cumplir una orden ministerial, pero, ¿qué se les podía enseñar si lo sabían todo?

Enrique Valdez empezó diciéndoles “Quiero confesarles lo que deseo: quiero hacer perro chino con ustedes”. Perro chino, pensé, ¿Qué es eso?, ¿Alusiones al régimen? Don Enrique empezó a pasear junto a la pizarra su mediana figura. ¿Cómo se hace perro chino?, dijo, y continuó, “Se toma un perro de cualquier raza, recién nacido; abres el hocico al animal, introduces una mano, la ingresas sin miedo en el interior del perro deslizándola hasta que tomas la punta de la cola, agarras fuerte, y le das un tirón sacando la cola por el hocico del animal completamente. Y ya está, ya tienes perro chino”. “Eso quiero hacer con ustedes”. Los funcionarios se miraron sorprendidos. El viejito era cosa seria: quería cambiar completamente la forma de pensar de esos presumidos servidores gubernamentales. Yo pensaba entonces, “Esto será una guerra  y el Profe la lleva perdida”.

         Luego les dijo cómo eran: “Estoy seguro”, “Que cuando les han dicho que tienen que ir a capacitación, muchos de ustedes han pensado: “Sábado en la mañana, ya me fregaron”. Varios de los presentes sonrieron. Luego continuó diciendo, “Miren señores, los hombres se dividen en dos clases: los chupes y los gerentes” “El chupe viaja en el ómnibus prendido del pasamanos, roncando; el gerente puede viajar en ómnibus, pero viaja despierto, atento a todo, dispuesto a atrapar la oportunidad ¿Hay gerentes o chupes aquí? Silencio total, Enrique Valdez empezaba a sorprender a sus victimarios.

        Luego habló de la deformación profesional. Escribió un cálculo en la pizarra erróneamente y dijo “Si un ingeniero ve esto, inmediatamente me dirá “Profesor, allí hay un error”. “Pero no es un error”. Y empezó a explicar el porqué. En tanto pasaron los minutos y llegó un participante, tomó asiento, observó la pizarra y levantando la mano dijo “Profesor, el cálculo tiene un error”. Sin perder la calma Valdez le respondió “Usted es ingeniero, ¿verdad?”, “Sí señor” respondió con evidente orgullo el interpelado, mientras sus compañeros soltaban la risotada. 

     Don Enrique Valdez enseñó mediante casos como administrar mejor las situaciones cotidianas. Uno de esos casos trató de cómo lograr que un mecánico entregue una llave que él había diseñado y la empresa necesitaba. Nada de “órdenes superiores”, ni gritos o amenazas. Nada de empresario Picapiedras, dijo. Alabar su ingenio, su habilidad, pedirle por favor que se hiciera una réplica, decirle “¿Nos ayuda, amigo?”.  Como ese otros casos enseñaron a los participantes la ventaja de actuar no por impulsos sino por razones, meditando mucho los pasos y las palabras cuando se presentaran casos difíciles.

       Ese sábado y los siete siguientes, Enrique Valdez enseñó a pensar como administradores a su defectuoso auditorio; les quitó la arrogancia convirtiéndolos en gente sencilla y amable. Los despojó de títulos y privilegios y les cambió la vida convirtiéndolos en gente ávida de conocimientos. Nadie nunca más llegó tarde y la atmósfera de clases fue de compañerismo total entre esas personas ayer apenas cargadas de ego y distancias. El último sábado de clases al que asistí, Enrique Valdez había terminado de hacer “Perro Chino” con sus inicialmente renuentes pupilos. Su figura añosa de hombre “desactualizado” había demostrado que la sabiduría es años, que el sentido común y la sencillez enseñan más que la juventud y los diplomas. Los mismos que habían lamentado la mala suerte de asistir a clases en sábado por la mañana, solicitaron y lograron que el MTC comprara un segundo curso de Administración con Enrique Valdez. Entendieron que levantarse temprano en el día de descanso para aprender cosas nuevas, era una necesidad de sus espíritus.

Ignoro a cuantos empresarios buenos hizo malos Enrique Valdez; cuantos, y si fueron más, los empresarios malos a los que Valdez hizo buenos. Ignoro si fueron muchos más los que llegaron en blanco y él convirtió en buenos empresarios, éticos, útiles, hábiles, ganadores. No lo conozco para afirmar esto o lo otro. Lo que si puedo afirmar es que don Enrique Valdez hizo de esos hombres y mujeres que conocí, personas asiduas del esfuerzo. Gente que entendió que podía dar más de lo se le pedía. Que cada uno traía un arsenal de recursos que usar si los descubrían. Que los detalles hacen lo extraordinario. Que nunca algo es mucho. Que el ego es mal consejero y que una sonrisa y un gesto amable conquistan personas y abren puertas y espíritus. Esos hombres y mujeres escaparon al hombre y mujer común que eran y al sino de arrogantes envanecidos que les estaba señalado, porque un maestro cruzó sus caminos para hacerlos mejores. Y en estos tiempos de verdad hacen falta maestros, gente comprometida con su misión. Gente que no quiera hacer hora, sino que desee hacer trascender a otros.

San Isidro 27 de setiembre del 2012

martes, 18 de septiembre de 2012

Setiembre es el mes cruel



¿Cómo sería el mundo si no hubiera habido 11-S en Nueva York? ¿Ni un 11/09 en Santiago? El refrán dice que abril es el mes cruel. Pues no es así. Setiembre es cruel por excelencia y por contraste. ¿Como explicarse algo más cruel que el 11 de setiembre de 1973? ¿O algo más impactante que el 11 de setiembre del 2001? ¿O una noticia más extasiante que la de Fujimori diciendo que no iba más en setiembre del 2000? De cómo estos hechos tocaron nuestras existencias tratan las líneas que siguen.


El 11 de setiembre del 73. Sólo he visto imágenes y oído audios de este evento. En esos audios, dramáticos, tensos; la cúpula militar chilena parece estar conociendo recién al mostruo que ha creado en Pinochet. Un general, al oírlo hablar llega a decir “pero este es un facho”. No solo facho, Augusto Pinochet iniciaría entonces una autentica cacería humana contra la izquierda chilena sembrando de cadáveres su estadio nacional y los caminos del sur después con la tristemente célebre Caravana de la Muerte. En los audios del 11-S chileno, se escucha decir a Pinochet acerca de Allende, “se lo toma preso, se lo sube en un avión con rumbo a Cuba, y el avión se cae”. Allende, el llamado presidente mártir, sin conocer el macabro plan de Pinochet, decide que como los grandes hombres de la historia, él no se rinde. El morirá peleando, con un fusil y un casco. En los momentos finales despide a su hija, la obliga a abandonar el palacio presidencial, y monta la resistencia contra los aviones bombarderos. Finalmente se dispara un tiro en la cabeza. Empieza la noche más aciaga para Chile, pero también para América latina, que se llena de dictadores  militares puestos por Washington. Morales Bermúdez, Videla, Pinochet: plan cóndor. Miles de personas secuestradas, desaparecidas, asesinadas. Bebes secuestrados, gente arrojada al mar desde helicópteros, personas sumergidas en barriles o colgadas de los pulgares. Todo ello se magnifica desde la llegada de Pinochet. Su caída 16 años después marca también el inicio del fin de ese estilo en el continente. Las huellas aún nos acompañan.
Bombardero de La Moneda
11 de setiembre del 2001. A las 8 de la mañana tengo ya una hora en el trabajo. No hay problemas. Veo la web de CNN en español, un edificio en llamas. La nota reza “Explosión en el WTC”. ¿Qué diablos era el WTC? ¡Por supuesto!...Las torres gemelas; ese icono del sueño americano, del imperio, del poder económico. En ese momento, aún no se aclara si fue una bomba, un balón de gas, un simple incendio. Algunos minutos después la web de la CNN ya habla de un avión estrellado. Luego, otro avión se estrella en la otra torre. Ni Spielberg hubiera soñado semejante espectacularidad del guión. Miles de personas atrapadas empiezan a huir. Demasiado lejos el hecho. O Demasiado ingenuos nosotros porque hasta lo lejano nos toca siempre de algún modo. Al margen de la autoría del atentado, es más importante lo que vino después. La aún formidable maquinaria guerrera de EEUU se lanzó sobre Afganistán primero, y sobre Irak después. A Saddam Husein y 900,000 iraquíes más, el WTC les ocasionó la muerte, buscando unas “armas de destrucción masiva” que nadie encontró. El mundo islámico fue identificado por el ciudadano común estadounidense como el nuevo cuco y enemigo que los quería matar (el anterior eran los rusos) y para combatirlo renunció a sus derechos ciudadanos más elementales: todos eran sospechosos. Todo extranjero que llegaba era puesto (aún lo es) contra la pared norteamericana. El mundo es hoy más inseguro que en el 2001. Ese es el sentir general. El 11-S nos tocó sin que nos diéramos cuenta. Por cierto, once años después EEUU esta firmando su derrota en Afganistán e Irak.

El primer avión se ha estrellado
 12 de setiembre del 1992. Avenida Elmer Fawcett. En la radio escucho decir que Abimael Guzmán ha caído preso. El hombre invisible, el que era espíritu, el que se paseaba en la madrugada entre el frio de la puna con el torso desnudo, había caído en manos del policía Ketin Vidal. Esa caída precipitó el desmoronamiento de SL que vio como una a una sus células eran desbaratadas. Lo que debió abrir una época extraordinaria no lo fue. EL gobernante de entonces usó la captura para escamotearla a sus autores, adjudicándosela a sí mismo para perpetuarse en el poder. Alberto Fujimori llevó tortas a Guzmán a cambio de la firma de una carta de subyugamiento. Guzmán firmó. El 12 de setiembre del 92 marca un respiro en la espiral de violencia fratricida que nos consumía, pero el inicio de una noche negra de las libertades democráticas en el país. Se podía discrepar, pero esa discrepancia sería la última para cualquiera.
Guzmán acaba de perder su libertas 12-09-1992
16 de setiembre del 2000. Sábado, casi las 10 de la noche, a punto de irme a dormir. Fujimori irrumpe en las pantallas, dice que convocará a nuevas elecciones. Esta demás decir que no participaré en ellas, anuncia. Yo levanto los brazos, ¡Por fin libres! Es cierto, la bestia ha caído, o anuncia su caída. Pocas semanas antes había juramentado para quedarse cinco años más gobernándonos: aquello hubiera sido insufrible. Fujimori decide ganar tiempo, persigue a su socio mayor Montesinos, renuncia por fax en noviembre. Pero esa es otra historia. Esa noche de sábado abandone la cama y me fui a bailar. Años de enfrentar a la dictadura ante la indiferencia de las mayorías habían llegado a su fin. Un respiro, un recodo en el camino. 
Ultimos actos del dictador Setiembre del 2000
Pero Fujimori había corrompido todo, su lastre aún nos cuesta, la política se volvió mercenaria con él, todo se pragmatizó en aras de los resultados. Nos quedamos sin valores. Los Luis Alberto Sánchez se reemplazaron por los Siura, los Chu Meriz; para llegar a los comepollo, robacable y otros. Hemos tenido una buena andadura económica desde que Paniagua juramentó como presidente en noviembre del 2001 y nos sacó de la recesión que nos consumía. Quizás ya sea tiempo de hacer la andadura de los valores y de la decencia.

Por cierto, setiembre también es mes de la primavera.

Pueblo Libre, 16 de setiembre del 2012

sábado, 11 de agosto de 2012

Entregar la carta a García: buscando esperanzandamente un Rowan


Esto es un blog, por tanto es un registro personal que escribe alguien. Por ello he evitado incluir texto de otras personas. Nada de "Copy and paste" hasta hoy. Hace algunos años tuve la fortuna de presenciar un curso dictado por el maestro de empresarios Enrique Valdez. Fue inolvidable. Ese hombre ya mayor, se metió al bolsillo a unos alumnos de lo más remolones y empinados, que terminaron vivándolo. De todos los casos que desarrolló en clases el que recuerdo siempre es el de "Entregar la Carta a García". Ciertos hechos me lo han recordado. Por eso hoy quiero compartir ese documento, porque conmueve y emociona, porque nos reta y nos pone a pensar en qué estamos haciendo y quienes somos de verdad. 

 Una Carta a García

Hubo un hombre cuya actuación en la guerra de Cuba, culmina como un astro en su perihelio.
Sucedió que cuando hubo estallado la guerra entre España y los Estados Unidos, palpóse clara la necesidad de un entendimiento inmediato entre el Presidente de la Unión Americana y el General Calixto García. Pero, ¿cómo hacerlo? Hallábase García en esos momentos Dios sabe dónde en alguna serranía perdida en el interior de la Isla. Y era precisa su colaboración. Pero, ¿cómo hacer llegar a sus manos un despacho? ¿Qué hacer? 

Alguien dice al Presidente: "Conozco a un hombre llamado Rowan. Si alguna persona en el mundo es capaz de dar con García es él: Rowan". 

Cómo el sujeto que lleva por nombre Rowan toma la carta, guárdala en una bolsa que cierra contra su corazón, desembarca a los cuatro días en las costas de Cuba, desaparece en la selva primitiva para reaparecer de nuevo a las tres semanas al otro extremo de la Isla, cruzando un territorio hostil, y entrega la carta a García, son cosas de las cuales no tengo especial interés narrar aquí. El punto sobre el cual quiero llamar la atención es éste: 

"McKinley da a Rowan una carta para que la lleve a García. Rowan toma la carta y no pregunta: ¿en dónde podré encontrarlo?". 

El Mensaje a Garcia se ha impreso por millones
¡Por Dios vivo!, que aquí hay un hombre cuya estatua debería ser vaciada en bronces eternos y colocada en cada uno de los colegios del universo. Porque lo que debe enseñarse a los jóvenes no es esto o lo de más allá; sino vigorizar, templar su ser íntegro para el deber, enseñarlos a obrar prontamente, a concentrar sus energías, a hacer las cosas, "a llevar la carta a García". 

El General García ya no existe. Pero hay muchos Garcías en el mundo. Qué desaliento no habrá sentido todo hombre de empresa, que necesita de la colaboración de muchos, que no se haya quedado alguna vez estupefacto ante la imbecilidad del común de los hombres, ante su abulia, ante su falta de energía para llevar a término la ejecución de un acto. 

Descuido culpable, trabajo a medio hacer, desgreño, indiferencia, parecen ser la regla general. Y sin embargo no se puede tener éxito, si no se logra por uno u otro medio la colaboración completa de los subalternos, a menos que Dios en su bondad, obre un milagro y envie un ángel iluminador como ayudante.
El lector puede poner a prueba mis palabras: llame a uno de los muchos empleados que trabajan a sus órdenes y dígale: "Consulte usted la Enciclopedia y hágame el favor de sacar un extracto de la vida de Corregio". ¿Cree usted que su ayudante le dirá: "sí señor", y ponga manos a la obra?
Pues no lo crea. Le lanzará una mirada vaga y le hará una o varias de las siguientes preguntas:
  • ¿Quién era él?
  • ¿En qué Enciclopedia busco eso?
  • ¿Está usted seguro de que esto está entre mis deberes?
  • ¿No será la vida de Bismark la que usted necesita?
  • ¿Por qué no ponemos a Carlos a que busque eso?
  • ¿Necesita usted de ello con urgencia?
  • ¿Quiere que le traiga el libro para que usted mismo busque allí lo que necesita?
  • Diga: ¿para qué quiere saber eso?
Y apuesto diez contra uno a que después de que usted haya respondido íntegramente el anterior cuestionario y haya explicado el modo de verificar la información y para qué la necesita usted, el prodigioso ayudante se retirará y buscará otro empleado para que le ayude a buscar a "GARCÍA" y regresará luego a informarle que tal hombre no existió en el mundo. 

Puede suceder que yo pierda mi apuesta, pero si la ley de los promedios es cierta, no la perderé. Y si usted es un hombre cuerdo no se tomará el trabajo de explicarle a su ayudante que Corregio se busca en la C y no en la K; se sonreirá usted y suavemente le dirá: "dejemos eso". Y buscará usted personalmente lo que necesita averiguar. 

Y esta incapacidad para la acción independiente, esta estupidez moral, esta atrofia de la voluntad, esta mala gana para remover por sí mismo los obstáculos, es lo que retarda el bienestar colectivo de la sociedad. Y si los hombres no obran en su provecho personal, ¿qué harán cuando el beneficio de su esfuerzo sea para todos? 

Se palpa la necesidad de un capataz armado de garrote. El temor de ser despedidos el sábado por la tarde es lo único que retiene a muchos trabajadores en su puesto. Ponga un aviso solicitando un secretario, y de cada diez aspirantes, nueve no saben ni ortografía ni puntuación.
¿Podrían tales gentes llevar la carta a García? 

En cierta ocasión me decía el jefe de una gran fábrica: "Ve usted a ese contador que está allí?"
"Lo veo, ¿y qué?"
"Es un gran contabilista; pero si lo envio a la parte alta de la ciudad con cualquier objeto, puede que desempeñe la misión correctamente; pero puede ser también que en su viaje se detenga en cuatro cantinas y al llegar a la calle principal de la ciudad haya olvidado absolutamente a qué iba". ¿Podría confiársele a un tío semejante la carta para García? 

En los últimos tiempos es frecuente oir hablar con gran simpatía del pobre trabajador víctima de la explotación industrial, del hombre honrado, sin trabajo, que por todas partes busca inútilmente emplearse. Y a todo esto se mezclan palabras duras contra los que están arriba, y nada se dice del jefe de industria que envejece prematuramente luchando en vano por enseñar a ejecutar a otros un trabajo que ni quieren aprender ni les importa; ni de su larga y paciente lucha con colaboradores que no colaboran y que sólo esperan verlo volver la espalda para malgastar el tiempo. En todo almacén, en toda fábrica, hay una continua renovación de empleados. El jefe despide a cada instante a individuos incapaces de impulsar su industria y llama a otros a ocupar sus puestos. Y esta escogencia no cesa en tiempo alguno ni en los buenos ni en los malos. Con la sola diferencia de que cuando hay escasez de trabajo la selección se hace mejor; pero en todo tiempo y siempre el incapaz es despedido; "la ley de la supervivencia de los mejores se impone". Por interés propio todo patrono conserva a su servicio a los más hábiles: aquellos capaces de llevar la carta a García. 

Conozco a un hombre de facultades verdaderamente brillantes, pero inhábil para manejar sus propios negocios y absolutamente inútil para gestionar los ajenos, porque lleva siempre consigo la insana sospecha de que sus superiores lo oprimen o tratan de oprimirlo. Ni sabe dar órdenes ni sabe recibirlas. Si se enviara con él la carta a García, contestaría muy probablemente: "llévela usted". Hoy este hombre vaga por las calles en busca de oficio, mientras el viento silba al pasar entre las hilachas de su vestido. Nadie que lo conozca se atreve a emplearlo por ser él un sembrador de discordias. No le entra la razón y sólo sería sensible al taconazo de una bota número 45 de doble suela. 

Comprendo que un hombre tan deformado moralmente merece tanta compasión como si lo fuera físicamente; pero al compadecerlo recordemos también a aquellos que luchan por sacar triunfante una empresa, sin que sus horas de trabajo estén limitadas por el pito de la fábrica, y cuyo cabello se torna prematuramente blanco en la lucha tenaz por conservar sus puestos a individuos de indiferencia glacial, imbéciles e ingratos que le deben a él el pan que se comen y el hogar que los abriga. 

¿Habré exagerado demasiado? Puede ser; pero cuando todo el mundo habla de los trabajadores, así, sin distinción ninguna; quiero tener una frase de simpatía para el hombre que logra éxito; para aquél que luchando contra todos los obstáculos, dirige los esfuerzos de los otros, y cuando ha triunfado, sólo obtiene por recompensa --si acaso-- pan y abrigo. Yo también he trabajado a jornal y me he hecho la comida con mis propias manos; he sido patrono y puedo juzgar por experiencia propia y sé que hay mucho que decir de parte y parte. La pobreza no da excelencia por sí sola; los harapos no son recomendación; no todos los patronos son duros y rapaces, ni todos los pobres son virtuosos. 

Mi corazón está con aquellos obreros que trabajan lo mismo cuando el capataz está presente que cuando está ausente. Y el hombre que se hace cargo de una carta para García y la lleva tranquilamente sin hacer preguntas idiotas, y sin la intención perversa de arrojarla en la primera alcantarilla que se encuentra al paso, y sin otro objetivo que llevarla a su destino; a este hombre jamás se le despedirá de su trabajo, ni tendrá jamás que entrar en huelga para obtener un aumento de salario. La civilización es una lucha prolongada en busca de tales individuos. Todo lo que un hombre de esta clase pida, lo tendrá; lo necesitan en todas partes; en las ciudades, en los pueblos, en las aldeas, en las oficinas; en las fábricas; en los almacenes. El mundo los pide a gritos, el mundo está esperando siempre ansioso el advenimiento de hombres capaces de llevar la carta a García. 

El mundo confiere su mejores premios tanto en honores como en dinero, a una sola cosa: a la iniciativa
General Calixto Garcia (de bigote) destinatario de la carta




Pueblo Libre, 11 de agosto del 2012

domingo, 5 de agosto de 2012

Del día del Pollo al día de la Disciplina


Hace varios años ya, premunidos de cuchillos y tenedores, o sin ellos y a mano pelada, los peruanos venimos celebrando el día del pollo. También el día de Ron, el día del Ceviche y alguno que otro elemento similar. Lo dicen todos y lo repiten sin pausa: el Pollo a la brasa es el plato de bandera preferido por los peruanos. También el Ceviche, el Arroz con pollo, el Tacu tacu, el Seco de  cualquier cosa. Vamos encaminados por una senda triunfal. La gente saca pecho -y no solo pecho, también barriga-  henchida de orgullo patrio, segura de que este campeonato de la comida lo vamos a ganar.

Pollo a la Brasa: es innegable que provoca
Los héroes modernos no son Grau y Bolognesi, acaso ingenuos que se creyeron un cuento; no, ahora los héroes poseen restaurantes aquí y en niuyorq, se enojan con los escritores a quienes mientan la madre y mandan a callar. Desfilan en la TV, declaran para los medios, dictan línea enarcando las cejas, esparcen la sal de la salud entre sus fieles y luego a contar, que para eso están más que para cocinar.  A quién Dios le dio en buena hora San Pedro se lo bendiga, decimos.
La víctima: millones moriran en su día
Pero digo, ¿es tán bueno esto del día del Pollo y la vida ordenada por los chefs? ¿Acaso este sacrificio de crear tantos platillos que la mayoría de peruanos nunca probará, es bueno? ¿Será saludable? ¿Nos conducirá a algo? El ministerio de salud ya ha debido salir a pedir moderación, porque la epidemia de gordos que transitan las calles limeñas es cosa de correr. He tenido oportunidad de viajar en el interior del país, en el asiento trasero de una combi, 4 pasajeros apretujados 4. Pero en Lima es casi imposible que entren 4 pasajeros en el trasero de una Coaster, no obstante su mayor tamaño. Así de gordos están.

Quizás el Día del Pollo es un reflejo de lo que somos. En lugar de un Día de la puntualidad, que tanta falta nos hace, salimos con un Día del Chicharrón. O en lugar del Día del Esfuerzo, creamos el Día de Pisco Sour. O (arderán las orejas señor) en lugar del Día de la DISCIPLINA, crearemos el Día del Rocoto. Digo, ¿no es esa nuestra vergonzante verdad? NO está mal lo gastronómico, pero ¿Por qué sólo eso? Nos gusta lo fácil, la criollada, la cochinadita. Somos buenos para meter el diente y empinar el codo, pero no nos gusta el esfuerzo que forja el carácter y las naciones ganadoras. Y no echemos culpa de esto a los españoles a quienes siempre cargamos las cuentas. Hay que reconocer que nada tienen de protagonismo en este genocidio polluno. Esto es creación nuestra. 

¿Y por qué no un Día de la Disciplina? 

Disciplina es perseverancia, es orden; es actuar de forma determinada para lograr metas y objetivos grandes y pequeños.  Exige sacrificio, es hacer las cosas aún cuando no nos guste hacerlas, porque sabemos que nos conduce hacia un objetivo superior. Es vencer nuestra propia resistencia, correr el kilómetro adicional. Es autocontrol, es el imperio de nuestra voluntad sobre nuestros instintos básicos, es no dar más y sin embargo dar más. Es decir, disciplina es todo aquello que a los peruanos nos duele; es ponerse a tiro de alcanzar una estrella por lejana que parezca, es levantarse temprano, es decirle adiós al trago o al cigarro, es vencer para siempre la idea de que no podemos hacer cosas serias. Es cierto que hay algunas aves raras disciplinadas sobre nuestro territorio, pero no es una moda, ni una norma, ni un sello distintivo que nos enaltezca  y respalde en situaciones difíciles. Lo nuestro es lo barato, el patriotismo de camiseta y bubuzela.

Disciplina japonesa:6 meses después Fukushima ya se levantaba
Ahora que están desarrollándose las olimpiadas, pienso en qué serían todos esos campeones sin disciplina y si algún afamado chef los hubiera convencido de hartarse de alguna comida. Pienso el tiburón Phelps ganando sus 22 medallas de oro a base de disciplina y no de otra cosa. Y me pregunto en donde anduvieron los deportistas nuestros,  acostumbrados a ser convidados de piedra en estos certámenes. Abajo, el video conmovedor del efecto de una disciplina y voluntad de hierro: Nick Vujicic.


Pero pienso en algo más. Es de todos conocidos la proverbial disciplina de alemanes y japoneses. Estos últimos nos han dado un ejemplo práctico del valor de la disciplina. Tras el terremoto, tsunami y crisis nuclear del año 2011, el territorio devastado por estos eventos necesitó apenas unos pocos meses para mostrar un rostro diferente al de la devastación en que se sumió. Pero no sólo eso, todos vimos a esos dolidos japoneses soportando estoicamente todo el dolor de su tragedia sin exclamar ayes de dolor ni de nada. Nuestros gobiernos pollunos en cambio, no han podido reconstruir las zonas afectadas por el terremoto del 2007. La población víctima de la tragedia tampoco fue muy estoica. Así somos. Definitivamente un día de la disciplina, del esfuerzo, del sacrificio, o de la puntualidad, nos vendría mucho mejor que estos días gastronómicos que se han creado últimamente.

Pueblo Libre, 04 de agosto del 2012.

miércoles, 18 de julio de 2012

Por qué nos hablan así?...Porque son perros pues conch...


El policía viste uniforme y botas militares. Trae casco, además de su arma de reglamento. La mujer humilde no viste ropa de marca, pregunta con la ingenuidad del que no  sabe y quiere saber ¿Por qué nos tratan así? El policía es del color de la mujer, voltea el rostro transformado en un odio y responde "Porque son perros pues conche....". En otro extremo de la plaza en que este policia insulta a la mujer, una turba de 15 policias arroja al piso a un hombre sentado en una banca. Le tuercen los brazos y lo patean. Algunos uniformados se entregan a la golpiza contra el hombre mientras otros ocultan con sus escudos los hechos que las cámaras tratan de registrar.


Nada de lo anterior es nuevo. Ha ocurrido desde siempre en un país en el que más allá de Lima la vida de la gente para el estado no vale nada si los hechos se pueden encapsular; y encapsular es silenciar, cercar un hecho en una geografía determinada para que de allí no trascienda.

 Las imágenes de Youtube que nos permiten ver el comportamiento violento del policía que insulta a la mujer y el ataque cobarde y desproporcionado contra el padre Marco Arana, son lo que realmente ha cambiado. Ya no es necesario tener un canal de TV para difundir una noticia, ahora basta una cámara.

Hace algunos años, casi 20, cuando el dictador Fujimori metió a los soldados en las universidades nacionales, hubo un día en que cansados de soportar abusos y manoseos de los soldados a las estudiantes, los universitarios sanmarquinos realizaron una gigantesca movilización al interior de la universidad. Allí estuvo toda la prensa y fotografiaron y filmaron todo. Esa noche en los noticieros la noticia no existió, fue encapsulada en la ciudad universitaria a pesar de ser primera vez que se producía una protesta masiva contra el ejercito de Fujimori. Así ha actuado la prensa capitalina desde siempre. En el caso de Marco Arana, a pesar de las imagenes narradas y recogidas por la prensa y TV, aún hay quienes desde los medios pretenden sindicarlo como agresor y cabecilla de una turba. Alguien intenta ganar a la opinión pública limeña, aunque el resto del país les dé la espalda. He allí el peligro. La tecnología actual de las redes sociales ayuda a difundir, pero no enriquece los reflejos morales de los torcidos.

Brutalidad Policial
Que ninguna autoridad oficial, parlamentaria, regional, o partidaria haya condenado energicamente ni los insultos a la mujer que pregunta ni la golpiza al padre Arena son una buena señal de nada. Habla de que nos hemos acostumbrado a una realidad de golpizas, gases, palos y balas que siempre se ensañan con las poblaciones de las provincias del país.
Pero sobre todo habla de un solapado racismo que es incapaz de indignarse frente al abuso y más bien lo alienta con el cuento de la "Mano Dura". Mientras el respeto por el otro y su inclusión preventiva en el diálogo, y el respeto a sus posiciones no se alcancen, los conflictos seguirán produciéndose sin pausa. En la génesis de este problema tienen protagonismo los partidos políticos, devenidos en aunténticos clubes o partidos Frankenstein que se  arman electoreramente, pero que carecen de auténtica vida partidaria y viven de espaldas a las reivindicaciones de los pueblos, motivando la aparición de los frentes regionales a los que luego quieren criminalizar. Es decir, quieren dejar a las regiones sin representación en el legislativo y sin representación en las calles. Peor, imposible.

Las cámaras filmadoras, la internet, y el Youtube pueden ser una buena noticia para desnudar abusos, pero no son eficaces cuando el abuso viene desde lo más alto. A menos de que tengamos una plaza Tahrir.
Lima, 11 de julio del 2012