martes, 22 de noviembre de 2011

Un Balcón en el cielo del Codo del Pozuzo. Fundación y Tribulación. Última parte.


           Cuenta don Lázaro, “Partimos de Santa Rosa. Cada persona llevaba 30 kilos de equipaje, entre alimentos y algunas cosas más. Los alimentos eran para la ida (venida a Codo), para el tiempo que estaríamos en el lugar, y para el retorno hasta Santa Rosa”. ¿Cuantas personas fueron en el primer viaje? “Siete personas ú ocho, no más”. Mi anfitrión habla con vivacidad, como si el viaje hubiera ocurrido ayer, o como si estuviera a punto de iniciarlo. Le pregunto cuánto demoraron en llegar. “Dos días y medio” “Teníamos que andar duro, porque sino no avanzábamos”, dice. Le inquiero si se ayudaban cortando el monte con machetes o hachas. “No. Una vez que cortas el día te gana. Con mal camino no se avanza”. ¿Entonces, pasaban entre la maleza? Introducíamos la cabeza y luego el cuerpo, teníamos que avanzar rápido. ¿Y los animales?, No había muchos. Pero aclara que también usaron la orilla del río cuando podían. Le pregunto si cuando llegaron a Codo hallaron gente, “Nada, nadie”, ¿Ni nativos?,  No, ellos estaban mucho más allá. Le hago notar que el suyo fue un viaje rápido, comparado con el de los colonos fundadores de Pozuzo que demoraron dos años en llegar. Entre Pozuzo y Codo hay algo más de 60 kilómetros. “Teníamos que avanzar rápido por los alimentos,  además es menos distancia” responde.  Mientras el señor Florida y yo hablamos, Rildo se ha quedado a unos metros de nosotros y eventualmente interviene para precisar algún dato. ¿Qué implementos traían? ¿Botas de jebe?, “Zapatos bajos, con botas de jebe no se avanza caminando”. Sorprendido le retruco, Les podía morder una culebra, “Mala suerte” me responde. Me inquieta cómo se pobló Codo, le pregunto, ¿Luego de que ustedes encuentran la tierra, les empieza a venir la gente?  “Poco a poco” responde. “En lugar de decirnos vayan, que yo voy a ir después de ustedes, nos decían están locos, se van a ir tan lejos, ¿acaso no tienen tierras para que trabajen, no tienen comida acaso?" “Así nos fastidiaban”. “Pero nosotros éramos 9 hermanos varones y tres mujeres. Unidos. Nos dábamos la mano unos a otros. Y nos vinimos poco a poco. Los otros nos siguieron después” Escuchando al señor Florida pienso que es lo de siempre, los visionarios son combatidos, la visión de quienes pueden ver más allá de los ojos de ver, es combatida con burla o escarnio desde que inicia el mundo hasta nuestros días. Le pregunto ¿Y qué implementos traían? Escopeta, machete, fósforos, arroz pilado, y azúcar para el café.

Vista del rio y el pueblo desde la vivienda de Lázaro Florida
Hay hombres y mujeres que escuchan al corazón y cambian su existencia y con ella la de cientos o miles de hombres. La odisea de Lázaro Florida y sus hermanos no fue sólo un viaje que pudo costarles la vida; sino vivir luego en medio de la nada, o de la abundancia, según se mire, pero en una soledad polar quizá para siempre, privados de todo. Esa decisión cambió la vida de los casi 12,000 habitantes que hoy tiene el Codo del Pozuzo y de otros miles que comercian con ellos. Codo es una tierra prodiga que sus ojos entrenados vieron antes que nadie. A través de su voz y sus gestos y mirada, descubro en el señor Florida el ardor y la sabiduría, la capacidad de quienes no se arredran y se juegan enteros por un objetivo. Es de imaginarlo a los 27 años arrasado por la fiebre de la decisión de hallar la tierra que buscaba. La encontró, creó una chacra, inventó y fundó un pueblo.

Después del duro trabajo en la chacra, el señor Florida
                 ¿El viaje lo benefició? ¿Está contento, orgulloso de lo que hicieron?, le pregunto, “Claro, pues”, responde y explica, “Lo bueno es que no hemos padecido por gusto. A nosotros se nos fue nuestra vida y pasamos tanto sacrificio, pero no ha sido en vano. Codo ya es una ciudad. Usted ve la cantidad de potencial económico que hay. Codo produce muchos miles de cabezas de ganado. Es considerado el distrito que produce más cantidad y mejor calidad de carne de ganado (del país). Aunque yo no tengo mucho, me gusta que ha crecido el pueblo”. Luego me comenta que trabaja con uno de sus hijos en cinco lugares. Recuerdo todo el camino que hemos ascendido para llegar hasta su cabaña y mirando el verdor que nos rodea por decenas de metros le comento que “tiene usted un jardín grande”. Sonríe y me explica que él “eligió este lugar altito, porque da una buena visión”. Le confirmo que así es y le pregunto si para el aniversario del pueblo a él lo invitan. Responde que ahora último han empezado a festejar pero en fecha cambiada. “La fecha es el 5 de junio, reclama. Aunque este año no se hizo por las elecciones generales”. Le pregunto (por fastidioso que soy) “Y  a usted… ¿ya le hicieron un monumento?  Sonríe otra vez y responde “A mí qué me van a hacer monumento” “A mí que me ayuden en algo cuando estoy vivo, no muerto” Sonrío escuchando a este hombre jovial, lúcido y sabio. Hago mi última pregunta, ¿Para el viaje no usaron el río?,  “No. El río es feo, muchas caídas, es peligroso”. Y sentencia con una lección final “No hay que tener miedo (al río), pero hay que respetar”. 

El jardin del señor Florida. Caen rayos y nos vamos
                Ha llegado el momento de partir. Don Lázaro Florida está preocupado porque han iniciado a estallar rayos en el cielo. “Los vaya a partir un rayo” dice. Antes de despedirnos quiere obsequiarme un racimo de plátanos de su provisión personal. Le explico que no, que he venido sólo a Codo y que es demasiado para mí. Y pienso –aunque no se lo digo- que soy yo quien está en deuda con este personaje extraordinario que me ha permitido llegar a su casa y contarme su historia, y conserva la sencillez y amabilidad de la gente buena. Nos despedimos como viejos amigos y me propone que lo visite algún día. Le aseguro que sí. Subimos a la moto y nos vamos. La lluvia esta cayendo, el cielo se ha puesto muy negro hasta simular una noche a las cinco de la tarde. Hemos descendido con rapidez la montaña sintiendo en nuestros hombros la lluvia que amenaza barrernos. He preguntado a Rildo si alguna vez se ha estrellado y le he pedido que ésta no sea la primera vez. Huimos de la lluvia, de los rayos, entre los campos y la carretera a velocidad interestelar. Huimos como si nos persiguiera el diablo y todos sus esbirros, porque siento que no le ha gustado que hoy yo conociera un balcón en el cielo del Codo del Pozuzo. Ha sido una aventura increíble. Jamás olvidaré éste día.

Dia 3. Balcón del Codo del Pozuzo, 26 de Octubre del 2011

...Fin...pero continuará...

lunes, 21 de noviembre de 2011

Un Balcón en el cielo del Codo del Pozuzo. Parte II


La verdad es que la cabaña del señor Florida estaba ante nosotros, pero él podría estar en cualquier parte. Así que Rildo ha descendido de la moto pidiéndome que lo espere un momento. Da algunos pasos acercándose a la cabaña y pronuncia algunas palabras hacia el interior. Luego me pide acercarme. Avanzo y atravesamos juntos el cerco perimétrico. Allí está por fin… don Lázaro Florida.


Tiene 71 años, pero aparenta menor edad. Luce delgado y tiene una mirada chispeante como un machete. Tiene el cabello corto  y viste un polo celeste con el que ha estado trabajando en su chacra igual que hace décadas. Le cuento el motivo de mi visita. El sonríe y dice, “ah, esa es una historia muy larga”. Me invita a tomar asiento sobre un tronco que está a la entrada de su casa. Desde aquí miro hacia el horizonte y lo veo lejano, muy lejano. Es como estar conversando en el cielo mismo, rodeados de verdor, pero también muy cerca de esos nubarrones oscuros que amenazan la charla que iniciamos al siguiente segundo. 


                Don Lázaro Florida precisa que llegaron por primera vez al Codo del Pozuzo el 7 de junio de 1967. Durante dos años estuvieron yendo y viniendo. Sembraban productos, regresaban a Pozuzo y volvían a Codo dos meses después a cosechar y otra vez se iban. ¿Por qué el viaje? le pregunto. “Estuvimos buscando tierras desde 1,964, en 1967 decidimos buscar por aquí”, ¿Pero, por qué?, “Eramos nueve hermanos hombres y 3 mujeres, no había tierra para todos, había necesidad” responde. En Julio de 1969 don Lázaro decide vivir en Codo de forma permanente:  apenas él y algunos de sus hermanos, solos en un mundo nuevo, sin los servicios básicos, aislados de todo, en la intemperie social, económica y sanitaria. La gente empezó a venir después, cuando hubo avioneta que llegaba a un campito de aterrizaje, cuenta. Eso me lleva a una de mis preguntas originales. Los colonos no llegaron a Pozuzo en avioneta en 1859 porque estas no existían. ¿Por qué don Lázaro y hermanos no usaron avioneta en 1967? “Existían avionetas, sí. Desde el aire puedes ver la llanura, pero no ves el tipo de suelo ni el agua. Hay tantas cosas que necesitas ver. Además necesitábamos conocer el camino de venida y el de retorno, cómo entrar, cómo salir. Y los vuelos costaban y no podíamos pagarlos”. Don Lázaro Florida y sus hermanos han sido agricultores desde la cuna. Conocen la tierra buena. En sus primeras búsquedas en 1964 en Palcazú, Abasto, Mayro, Esmeralda, encontraban poca tierra buena y mucha tierra mala, por eso siguieron buscando. ¿Cómo reconocer la tierra buena? le pregunto. “Cuando conoces, conoces” me responde. “El color de la tierra es diferente, también el monte que crece es diferente en tierra buena y mala” “Aquí había cantidad de tierra buena, eso nos gustó”. Entonces concluyo que no conozco la tierra buena ni la mala. Que sólo soy un ignorante chico de ciudad, y sigo preguntando y las respuestas van saliendo como si fluyeran del rio mismo, hasta configurar una aventura sólida. 

¿Y los detalles? ¿Qué camino usaron? ¿Qué ropa vestían? ¿Qué comían? 

Continuará...

Día 3, Codo del Pozuzo. 26 de octubre del 2011

jueves, 17 de noviembre de 2011

Un Balcón en el cielo del Codo del Pozuzo

                 Imposible llegar a Pozuzo y que alguien no le hable a uno del Codo del Pozuzo. Fue lo que ocurrió  en mi primer viaje. Tanto en el camino como en el pueblo en sí y aún antes, algunas personas ya lo habían mencionado. Eran comerciantes de paso por Pozuzo, agricultores en camino a algún lado, viajantes que hablaban porque cuando viaja uno habla como bebe, respira o mira. Como una cosa lleva a la otra, empecé a indagar quién había fundado el pueblo de Codo, en dónde quedaba, cómo era. El fundador: Lázaro Florida. Los datos en ese momento fueron muy pocos. Él y otras personas, un grupo reducido, partiendo de Pozuzo habían seguido la ruta del río adentrándose en la selva, hasta llegar al lugar en que hoy se levanta el pueblo llamado Codo del Pozuzo. Muchas preguntas surgieron. ¿Por qué se fueron? ¿Quiénes eran? ¿Cuántos eran? ¿Por donde realmente fueron? ¿Fue peligroso el viaje? ¿Y si aquello fue en 1967, por qué no usaron avioneta para el viaje? ¿Por qué se detuvieron en Codo?

                La única forma de responder mis preguntas era hacerlas. Así que me dispuse a preguntar. Pero ¿a quién? Nadie respondería mejor que los fundadores originales. Tenía la suerte de que aún estaban vivos. Un poco lejos de mi casa en la ciudad, pero eso se podía arreglar. Así fue que luego del primer viaje a Pozuzo, hice un viaje relámpago hasta el Codo del Pozuzo. Ya lo he dicho, la falta de tiempo me obligó a cancelar mis indagaciones aquella primera vez. Hube de  esperar tres años y medio para que se presente una segunda oportunidad. Un par de veces cancelé el viaje por razones fortuitas casi con maletas en la mano: poco tiempo, mal clima, escasez de recursos (billete). Pero no hay mal que dure cuatro años ni inquietud que lo resista. Así que a mediados de octubre (2011) tenía el tiempo, las ganas, el dinero, todo. Y aquí estaba, héme aquí, en Codo. Dos datos estaban muy claros con todas las personas con las que indagué. Uno, el señor Florida vivía fuera de la ciudad. Dos, era conveniente ir en moto. Había un tercer dato, podía ir caminando, pero demoraría. Dato cuatro que no me dieron, no llegaría si no conocía la casa ni aunque tuviera GPS, fuera un marine gringo y tuviera el sentido de orientación de Colón.

                Así que estoy en el segundo día de mi estancia en Codo, decidido a conocer al señor Florida y preguntarle por mi mismo las cosas que deseo saber. Por la mañana fui a buscar a un amigo del pueblo. Lo conocí en el primer viaje y tuvo la gentileza de traerme hasta el pueblo y darme algunos datos que necesité entonces. Encontrarlo ahora fue difícil. He indagado por muchos lugares con poco éxito hasta que finalmente he dado con su casa y me han dicho que no saben donde está, quizás se fue a la chacra y si es así no volverá hasta el domingo. Menudo lío, el domingo ya estaré muy lejos. Así que me despedí de su familia, contrariado con la situación. Ofuscado, me metí en una cabina de internet y cuando salgo 30 minutos después, Rildo, que así se llama el amigo, me encuentra a mí. Ha pasado tanto tiempo que tardo en hacerle recordar quien soy y no es para menos pues ni yo recordaba su rostro. Al final, sin que ninguno de los dos sepa si es otro es el que dice ser, damos una vuelta en su moto por todo el pueblo y nos despedimos ignorando si nos volveremos a encontrar.

                A las tres de la tarde de mi segundo día en Codo, después de una pasada por la única y simpática radio local, donde me enteró de que la temperatura es 26 grados (que parecen 35 cuando yo vengo de un clima de 15 grados) me encamino hacia la salida del pueblo, rumbo a la casa del señor Florida. Ya allí busco motos que me puedan llevar, pero no hay una. Cuando por fin veo un taximoto esté no tiene conductor. Sopeso ingenuamente la posibilidad de empezar a caminar antes de que se haga tarde. En eso aparece Rildo y se ofrece a llevarme. Trepo rápidamente al vehículo, me tomo de las agarraderas y volamos de allí. Tomamos la ruta de Codo a Pozuzo. Ante mi desfilan unas pocas viviendas y después la misma llanura verde de pastos y ganado que vi el día anterior, al llegar. Veo nuevamente los ranchos en mitad de los verdes campos, algunos con algún vehículo en las puertas, en otros casos veo los toros y vacas pastando en los campos o retozando. 

Ganado observable en el camino


Viajamos así por 20 minutos hasta que en determinado momento Rildo toma el lado derecho de la carretera y se interna entre la maleza. Invisible a ojos distraídos hay un camino escondido. Por allí avanzamos haciendo equilibrio, pues es tan estrecho que sólo pasan las ruedas de la moto. Seguimos ascendiendo. A ratos pasamos por pequeños puentes construidos por trozos de madera, o tablas que crujen ante nuestro peso como si fueran a estallar. El ascenso es de unos 500 a mil metros bordeando la montaña. Después de unos minutos emocionantes en que creo que no llegaremos nunca o que la moto no podrá trepar más, dado lo escarpado del camino, llegamos a un sector plano en donde nos detenemos. Al mirar hacia atrás me sorprende comprobar que estamos a mucha altura. Desde aquí se divisa el río como un mar algo lejano abriéndose en dos direcciones. Es sol reverbera estallando en las aguas del río como un arco iris. Es como si viéramos el pueblo y el río desde algún balcón en el cielo. Frente a Rildo y yo hay una empalizada y trás ella se mira una choza de madera y plantas. Allí vive don Lázaro Florida.

                Hay unas nubes negras que se anunciaban cuando iniciamos el viaje y ahora están casi sobre nuestras cabezas. Son una amenaza de lluvia; más aún, amenaza de truenos, relámpagos y rayos. Rildo sugiere que quizás debemos regresar, por una vez lo veo asustado, “Es peligroso”, dice. Peligroso o no –pienso yo- ya estamos aquí. El señor Florida estaba a unos metros y después de tres años y medio ninguna lluvia me iba a detener… 

Continuará…

Día 3. Codo del Pozuzo, 26 de octubre del 2011.

              

lunes, 14 de noviembre de 2011

La Reforestación en Codo del Pozuzo (Perú)

A las seis de la tarde encuentro a Fernando Crespo después de buscarlo por casi dos horas. Es el responsable de una pequeña empresa local dedicada a la reforestación. Fernando es joven, es natural de Oxapampa de donde se vino a Codo hace algunos años en busca de oportunidades. Eran años –explica- en que Oxapampa no tenía el auge que hoy tiene. Es verdad. En los últimos años su ciudad natal se ha posicionado como la tierra del mejor café del mundo, el cultivo de la granadilla ha ganado terrenos literalmente y tienen un festival de ese fruto, así como un fuerte reconocimiento por su potencial ganadero. Además, la proximidad con Lima los ha beneficiado en el comercio. 

Bosque deforestado
                 Pero Fernando está en otro tema. Él calcula que anualmente sólo en la zona de Codo se deforestan casi 5,000 hectáreas de bosques primarios para convertirlos en follaje para el ganado. Y es que de la ganadería vive casi el 90% de la población de la zona. ¿Cómo ser la potencia ganadera que se es y no deforestar? La cuadratura del círculo. PLANTAR, la empresa de Fernando, es contratada por terceros, propietarios de tierras que se convencen de las ventajas de la reforestación. “Es muy difícil”, explica Fernando. “Reforestar da resultados a largo plazo. La ganadería es más inmediata”. La gente quiere resultados rápidos en su economía, sin embargo reforestar es un buen negocio. Los bosques reforestados después pueden dedicarse racionalmente a la explotación de la madera y cultivos agrícolas. De otro lado, para evitar la deforestación podría usarse los sistemas agroforestales, en los que se mantienen ciertas especies de árboles realizando un cultivo o ganadería asociados, con lo cual el campesino obtiene una renta de dos o más rubros, preservando el medio ambiente.

Bosque Reforestado
 Este año las cosas se pusieron más difíciles por las elecciones generales. “Había temor” reconoce Fernando. Los propietarios están recobrando la confianza poco a poco y volviendo a invertir. Se calcula que en Perú la deforestación alcanza 260,000 hectáreas por año. La reforestación llega tan sólo a 8,000 hectáreas anuales. Al año 2000 en Perú había casi 10 millones de hectáreas deforestas, de las cuales el 80% estaba en estado de abandono. 

Cuando se lo pregunto, Fernando responde “con nosotros no hay intervención del estado, ni gobierno regional, ni gobierno local”. “Sería conveniente que existiera ese apoyo”. En el 2009 el gobierno anunció la reforestación en diversos departamentos peruanos con la siembra de 40 millones de árboles. Sin embargo el peligro es latente. Fernando ha trabajado siempre en reforestación. “Al ritmo que vamos, los bosques van a desaparecer”, advierte. Le pregunto si no es romántico querer reforestar lo que el sentido común y el economicismo aconseja deforestar; después de todo, la ganadería es tangible, hay prosperidad. “Es lo que me han dicho alguna vez” responde. “Pero esto más que romántico es una necesidad”.  Es verdad. La desaparición de los bosques arrasa con la flora que los habita, pero también con la fauna. Además produce erosión del suelo, desestabilización de las capas freáticas provocando inundaciones o sequías, alteraciones climáticas, calentamiento global. No es poca cosa lo que se evita con la reforestación.

Plantones antes de la siembra
 La noche ha caído en Codo, me despido de Fernando. Me espera un amplio camino de tierra, solitario pero seguro, hasta el centro del pueblo. Me voy  convencido una vez más de que los citadinos y principalmente las clases dirigentes harían bien en mirar mejor al interior del país. Habría que empezar a preguntarnos si esfuerzos como el de Fernando Crespo y otros habitantes de nuestras selvas comprometidos con la reforestación –entre otras actividades- no merecen ser apoyados más intensamente. En otros lugares del país se ha hecho, aquí puede hacerse. Como Fernando mencionó al final “es un tema de educación”. La reforestación genera puestos de trabajo, conserva el equilibrio natural, crea riqueza asegurando un mejor mundo para todos. 

 
Vuelvo a convencerme de que mientras en la ciudad no nos cansamos de mirarnos al ombligo, en los lugares del Perú hay personas que se compran el pleito de crear el país del mañana. Al fondo del camino ya miro las primeras luces del pueblo como si fuera una metáfora. 

Dia 2. Codo del Pozuzo, 25 de octubre del 2011

domingo, 13 de noviembre de 2011

dia 2: En Codo del Pozuzo

Hemos llegado aproximadamente a la una de la tarde. Ya lo he dicho, Codo es un pueblo
Calle principal de Codo
pequeño, pero tiene grandes extensiones, así que no nos engañemos; movilizarse de un lugar a otro, a un caserío, a una chacra, aún a una casa, puede implicar la necesidad de una moto por la distancia a recorrer. Por eso aquí las motos son el medio de locomoción preferido. El día en que llego hay muchas de ellas por todos lados. Y autos también, muy extraño, o  muy diferente de mi primer viaje. La sensación que tengo de que soy el nuevo del pueblo es natural pero injustificada,  todos los días llegan decenas de nuevos y negociantes con sus mercancías. Me instalo en un albergue en la calle principal, con balcón y calor y todo, para no perder de vista nada. Después a almorzar.

Instalarme en el albergue, asearme, cambiarme la ropa del viaje, todo eso me toma tiempo y cuando voy en busca de alimentos me dicen que ya se terminó la comida. Camino un poco y encuentro un lugar en el que me ofrecen Asado de Majaz. Caray ¿Qué cosa es Majaz? No lo sé. Pero no es el proyecto minero que en Piura ha costado vidas, así que sin preguntas ni dudas acepto el asado. Es una carne bastante rica y blanca y suave y todo ingresa muy bien en mi estómago. Cuando ya casi termino de pronto veo un afiche de eventos de la zona destacando las fotos de los animales de la región. Allí esta, una foto del Majaz, es un señor de mirada grave, orejitas y de cuatro patas, muy circunspecto y serio, parecido un poco al conejo, en suma, es un animal propio de la zona. Si hubiera visto la foto antes quizá no lo comía, pero  ya se sabe, ojos que no ven corazón que no siente y al Majaz le hinqué el diente. Pobre.

El Majaz, carne muy proteíca
Codo empezó a ser conquistado en 1967 por los hermanos Florida, después vinieron los demás, miles más. Venían atraídos por la posibilidad de ser propietarios de sus propias tierras. Lo que llaman el derecho de Amparo.  ¿Qué es esto? Algo así como el Uti Possidetis. El derecho a seguir poseyendo lo que se posee. La gente venía, se repartía la tierra y la explotaban, la hacían producir. Con el tiempo se organizaban, elegían autoridades, llegaba el estado y la gente se “amparaba” en el aprovechamiento de la tierra para legalizar la tenencia. Desde entonces Codo ha crecido mucho y se ha convertido en un distrito que es una potencia ganadera en el departamento de Huánuco. 

A las 3 de la tarde calor, mucho calor. He dado una primera vuelta por el pueblo buscando frescor y descubro que junto a las casas de madera y eternit de ayer, hoy han empezado a construirse nuevas viviendas de ladrillo y cemento. Es el resultado de las nuevas vías de comunicación. Como la carretera Pozuzo – Codo, que ha traído más comercio y prosperidad a la zona, pero que también permite el arribo de estos materiales de construcción que antes eran fantasía. La llegada de vehículos ahora es frecuente, llega gente de muchos lugares para hacer negocios y otros por diversión o turismo. He visto gente que viene de Oxapampa a pasear, con sus cuatro por cuatro. No hay dudas, algunos han mejorado sus condiciones de vida. Las viviendas de las calles del centro del pueblo son consecutivas, pero sólo a unos metros el concepto cambia. Las casas son el punto céntrico de en una extensión bastante grande de área verde en la que puede tenerse pasto o cultivos para el autoconsumo. 

Parque en Codo
Todas las personas con las que converso son un poco o muy amables. Nadie se ha negado a darme un dato, una orientación, alguna luz. Los más hasta han caminado algunos metros para indicarme el lugar o la persona a la que busco. Porque eso he hecho, buscar lugares y personas y aprender, que se aprende aunque no se desee y mucho. Es verdad, las calles del pueblo aún no están asfaltadas, pero eso a nadie incomoda y yo no seré el primero. Sólo en la lluvia eso es un pequeño inconveniente. Por cierto, aunque no le he notado ya no tengo la fiebre que me traje de la ciudad, ni la faringitis, ni la congestión nasal, estoy curado.  Aleluya.

Por la noche, en el albergue, trabo conversación con un comerciante que está hospedado en el lugar. Esta contentísimo y me lo cuenta con la solemnidad de nuestra gente andina pintada en el rostro, en un castellano diferente pero suficiente. Es comerciante de ganado. Hasta antes de la carretera él debía hacer un viaje desde sus tierras en Chorropampa hasta Pozuzo, para llevar sus animales. Era un viaje penoso en el cual debía alimentarlos y cuidarlos por un camino de herradura durante 8 dias atravesando el monte. Hoy hace el mismo viaje por la carretera en 3 horas. Está feliz. Su vida ha cambiado. Por él me entero de que la carne la vende por arrobas y que éstas cuestan según cuál sea el animal. Arroba de carne de toro, 95 soles; de ternero 85; de vaca setentaicinco. Un animal puede dar casi 30 arrobas. 

¿Lugares que ver o visitar? Claro. Pero de eso hablaremos luego.

Continuará…

 Codo del Pozuzo, dia 2. 25 deOctubre del 2,011

jueves, 10 de noviembre de 2011

Dia 2: De Pozuzo al Codo del Pozuzo.


Chabela, viajera de Santa Rosa
 Hemos salido de Pozuzo la mañana del martes. He recorrido brevemente el pueblo antes de partir. Como el día anterior, al caminar entre calles muy limpias y ordenadas observando las montañas tan próximas que rodean al pueblo, es sorprendente la sensación de libertad, de despreocupación, de plenitud que se tiene. Quizás a esto se refirió Betzabeth cuando dijo que esta tierra era un paraíso. En fin. Para el viaje hacia Codo deseché la combi y elegí una camioneta con cabina, en el sector de la tolva, de frente a todo, como DiCaprio en el Titanic. Eso me permitirá tener una perspectiva diferente del paisaje a la que tendría viajando bajo techo. La mañana está pletórica de Sol. Entre los pasajeros de la tolva hay una niña de quince años que por su estatura parece mayor. Se llama Chabela y tiene unos ojos verdes y el cabello bastante rubio. Ha preguntado de donde soy y al responderle no oculta su sorpresa y me dice que el 4 de noviembre estará en Trujillo en viaje de promoción. Y por qué Trujillo, le digo. ¿Por qué no Lima o Cusco? Lima no tiene nada de bueno, y ya lo conocemos, responde, y al Cusco nadie lo mencionó en el aula. Nuestra coordinadora conoce Trujillo y dice que es una ciudad bonita. Chabela es de Santa Rosa, un caserío de postal a once kilómetros de Pozuzo. Desde allí partieron los fundadores del Codo del Pozuzo en 1,967. 


Caserío de Santa Rosa
                El camino dura aproximadamente 3 horas. Buena parte del trayecto es muy similar al que existe entre Oxapampa y Pozuzo. La misma flora, los mismos árboles majestuosos, la montaña más majestuosa aún y la misma densidad de vegetación cubriéndolo todo. También el inmovilismo que da la sensación de tierra virgen, inexplorada jamás, sin huellas dactilares humanas nunca. Pero luego de una hora y media es notorio que la tierra se ha vuelto arcillosa y ha adquirido una coloración de un marrón rojizo muy intenso. Y las montañas subrepticiamente han descendido sus dimensiones. Las caídas de agua persisten y el río jamás abandona nuestro trayecto. El clima sí es diferente. Entre Oxapampa y Pozuzo tuvimos sectores de lluvia y frío. Ahora en cambio el clima está cálido y soleado, quizás demasiado pues he quemado mis brazos rápidamente y el rostro no es excepción.

Edificación en Chamorro
                He puesto atención al momento en que lleguemos a Chamorro, o a lo que tres años antes me dijeron que era Chamorro. El lugar en donde se iniciaba el viaje en moto, cuando aún no existía la carretera afirmada por la que hoy viajamos. Ese viaje en moto fue una aventura aparte, llegué hecho un barro y con jirones de sangre en mi piel, pero contento, esa primera vez. Ahora, cuando llegamos al supuesto Chamorro observo un conjunto de edificaciones y casas, algo distinto a la casa blanca en forma de L que yo recordaba, o la casa no está más o la cambiaron la prosperidad y el tiempo. He atisbado algo de ella en otra, un pliegue, un muro, algún árbol del jardín interior. Nada seguro.

Vista de Chamorro
                En algunos puntos del camino suben pasajeros nuevos para viajes muy cortos. Nadie pacta precios, si levantan la mano se les hace subir y al momento de bajar acuerdan el valor del viaje. Nadie desconfía y los acuerdos son justos. El conductor es un muchacho muy joven y muy delgado. Es amable con todos y todos con él. 

                En un momento me ha parecido ver el cerro Huanca, un coloso muy empinado y muy verde con forma de cuchillo, parecido al Huayna Picchu cusqueño. Trato de fotografiarlo, pero ya no tendré la perspectiva necesaria, los vaivenes del viaje me azotan contra los lados de la camioneta y es difícil conservar la estabilidad. 


                Finalmente aparece ante nosotros un puente pintado de un color naranja muy visible, es el puente Codo, inaugurado recién un mes y medio antes y que junto al puente Alacrán y el puente Cocina, hacen posible que la comunicación sea más fluida e ingresen vehículos de mayor envergadura a Codo. El puente no lleva placas inaugurales ni de Alan ni de nadie. De aquí en adelante el viaje es coser y cantar. Dejamos atrás los cerros y corremos por una llanura inmensa plagada de ranchos en los cuales es común observar ganado pastando. Hasta llegar a la estación de transportes. Codo del Pozuzo es un pueblo pequeño en el que parece imposible perderse y sus edificaciones son mayoritariamente de madera y eternit. 
Vista de Codo del Pozuzo
 Al fin estoy aquí. Uno cree que se va para siempre de algún lugar, pero no se va nunca, retorna atraído por la aventura,  los afectos y los misterios que no pudo desentrañar la primera vez, como el viaje de los fundadores en 1967 a través de la selva, los que emularon en fondo y forma el viaje de 1859. 

Dia 2. Codo del Pozuzo, 25 de octubre del 2011