viernes, 10 de julio de 2015

Lucho Castañeda nunca Nos Mintió. Eso son Calumnias.

Montado en un ómnibus camino del centro de Lima (el paisaje no es algo que mostrarías a una novia extranjera), me pregunto si alguien nos  mintió. He intentado llegar en otros días por Arequipa, por Alfonso Ugarte, y hoy por Abancay. Nada, ni modo, es casi imposible llegar en un tiempo decente. El ómnibus está detenido en el mismo lugar hace como 10 minutos. Sólo no se mueve en ninguna dirección. Me arrepiento, con lo bien que podría estar en mi casa y estoy en un barco encayado hacia ninguna parte.



El Tráfico en Lima está totalmente colapsado

¿Y esto de quién es culpa? Me pregunto. Hace algunos años, comentando la infidelidad de que había sido víctima una amiga común, otra amiga me dijo: “Nadie nos engaña; nosotras nos engañamos; queremos que nos engañen”. Me pareció cierto entonces y me lo sigue pareciendo ahora. Cuando las elecciones del 2011, un amigo me llamó al celular y dijo “Tenemos que apoyar a Ollanta”. Le dije que frente a la Fujimori, sí;  pero le recordé que Ollanta era un traidor, y que había traicionado a su padre y a su hermano. Era obvio antes de las elecciones del 2011, que Ollanta se había distanciado del Etnocacerismo al fundar el partido “Nacionalista”; que lavaría la cara del movimiento primigenio que se había caracterizado por una propuesta racista enarbolada por reservistas del ejército peruano. Esos hechos eran frescos y estuvieron a la vista de quien los quisiera ver. Ollanta no nos mintió.

Ahora estoy empantanado en un tráfico que no avanza. No es como en tiempos pasados en que se avanzaba lentamente, pero se avanzaba. No. Ahora los vehículos se estacionan 10 o 15 minutos sin moverse un centímetro. La gente ya no reclama, parecen resignados a que eso es la vida y ese problema parte más del vivir. Ya no hay culpables, ni se buscan; lo sabio es aguantar. Tirar para adelante, pero eso es precisamente lo que no ocurre, no se avanza ni para atrás ni para adelante.

Lucho Castañeda Nunca Nos Mintió


Y es que nadie nos mintió. Yo, aferrado al pasamanos de un vehículo que me tiene encarcelado en una lógica que no entiendo, pienso “Querías Castañeda, tienes Castañeda”. Estos problemas no existieron antes de él. Con Villarán, su antecesora, “La tía Vaga”, el tráfico se movía. Hoy en día no. Los semáforos del Centro de Lima o no funcionan o funcionan mal. ¿A quién culpar? Castañeda no prometió nada. En su anterior gestión los atoros fueron el pan de cada día mientras se construía el Metropolitano. Las obras del zanjón estuvieron paralizadas por años sin que nadie moviera un dedo. Pero los limeños eligieron nuevamente a Castañeda, y toma, ha vuelto con todo. 

Es eso o el orden asfixiante de Villarán. Y, seamos claros, a los limeños no les gusta el orden. Por eso Castañeda está bien, sin roches. Su popularidad es alta y la misma prensa que combatía a Villarán no se entera de los problemas generados por Castañeda. No los visibiliza. Por eso ante problemas como el del transporte, nadie identifica al alcalde como culpable o responsable de la solución, simplemente es la vida que ocurre.

Nadie nos mintió, nosotros quisimos ser engañados con la idea de que Castañeda era solución, y que sí hacía obras, y era un gestor eficaz. Esa fue la mentira que nos construimos.

San Isidro, 06 de julio del 2015



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