jueves, 25 de julio de 2013

Snowden no brillará en Hollywood



Con respecto a Edward Snowden y  toda la historia de las revelaciones que ha hecho, delatando las escuchas ilegales y grabaciones inadmisibles de su gobierno, el guionista parece haber equivocado el guión de la peli. En la que estamos viendo, Snowden es un traidor, un delator, un apestado al que nadie quiere; y sus acusadores, aquellos que quieren cazarlo como un conejo, son los que luchan por la justicia, los buenos. En las pelis normales el chico bueno y guapo, por añadidura experto en computadoras; casi siempre uno que nada tiene de héroe, y más bien si de vecinito de la puerta de al lado, es el héroe; que tiene una novia linda o se hace de una durante la acción, y recibe la ayuda de ella y de algún amigo; cómplice gordo o tonto, pero buenote que le saca las castañas del fuego y se juega el pellejo por ayudarlo a ganar. Así es la película que todos aplaudimos, la que la rompe en la taquilla y en la que nos identificamos con el héroe, se llame Peter Parker, Indiana, Mad Max o como se llame.

Edward Snowden

En esta peli que estamos viendo, el joven guapo abandona a la novia linda, que se declara aterrorizada de él, también lo abandonan los amigos, le cierran las puertas de su país y le abren la de los calabozos del mismo; la opinión pública lo condena, dicen que traicionó a la empresa para la que trabajaba, y hasta el presidente, aquel negrito con cara de amigo justiciero, proclama que hay que renunciar a la intimidad en pro de la seguridad; por tanto, aunque no lo dice, nos está diciendo que Snowden está mal y espiar al mundo entero ilegalmente, está bien. Y manda a sus hombres, cual jinetes negros de Saurón, a perseguir a este moderno Frodo de gafas, de 29 años, huérfano reciente de novia, en que se ha convertido Snowden. Y aquí, que siempre nos identificamos con las causas perdidas, con los caballeros a carta cabal de a caballo y espada, que luchan por el bien contra los malvados, nos sentimos de pronto Snowden, y queremos ayudarlo. Porque lo intuimos solo, acosado por sí mismo y por su decisión y porque después del discurso de que no quiere vivir en un mundo en que se graba todo, los demás lo han abandonado; como a Jerry Maguire cuando escribió y repartió aquel compendio de principios entre sus compañeros y todos, menos una (Renné Zelweger, que no era poco), lo abandonaron luego de los aplausos; porque primero, comprensiblemente, es el cheque de fin de mes, la  paga, el salario, las facturas, el cable, la internet en el móvil y después el romanticismo, los valores, la locura de querer ser como tus palabras.

Novia de Snowden, Lindsay Mills
Entonces preguntamos qué ha pasado. Rocky Balboa luchaba con sus puños por una patria de libertades frente a un imperio opresor y totalitario, en Rocky III. Rambo se exponía a una lluvia de balas disparada por enemigos musulmanes y rusos por esa misma patria en una guerra que nadie entendía, pero cuyos valores expresaban todos. Bruce Willis luchaba contra unos malos de aspecto musulmán que querían chantajear y destruir los valores de occidente. Los chicos norteamericanos luchaban por la libertad. Al menos ese era el rollo. Una libertad que es la que quiere Snowden,  entendiéndola como la verdad, la justicia, la libertad. Libertad de hablar y pensar sin ser espiado, la justicia de que eso y no el ojo invasivo sobre la privacidad es lo justo, la verdad de decir su verdad sin ser perseguido por ello. Pero le han caído encima todos, o casi. No he visto una sola manifestación pública en su favor, ninguna movilización, y sólo unos cuantos pronunciamientos en su nombre, una cosa tímida para quedar bien con la conciencia. Y en nuestro país esto es para llorar. Silencio total.


Hay una renuncia a ejercer la ciudadanía. El miedo nos ha invadido paralizándonos y consumiéndonos. Justificamos la violación de nuestra intimidad a cambio de seguridad. También justificamos esa violación porque no queremos detener la juerga, la diversión, la alegría. Porque todo va demasiado bien aquí dentro, como para arriesgarlo por un chaval tonto. Hasta se dice al respecto “si te portas bien no tienes porque preocuparte”. Y claro que me porto bien, pero pienso libremente y pienso que nadie tiene derecho de espiar a nadie, en nombre de la seguridad. No necesitamos espiar más, sino acordar más, consensuar más, odiar menos, luchar mejor contra los flagelos universales, antes que flagelar más con redes de espías mundiales. 


La batalla parece temporalmente perdida, como Frodo desfalleciendo en las montañas de la tierra media, lejos de destruir el anillo. La gente a veces dice, “tienen razón”, refiriéndose a Snowden, mientras empinan el codo o miran la telenovela de turno. O se pegan desde el dedo al Smartphone con un Triz irrompible. Es el control total, la estupidez infinita, la renuncia al propio pensamiento. ¿Snowden héroe? Al carajo, que se defienda solo, quien lo manda. Ya no hay príncipes valientes, ni caballeros del rey Arturo, ahora hay legiones de pendencieros que pasan por hombres pragmáticos. Son tipos sin ideales, sin valores, sin derroteros. Buenos para nada, o buenos para la pendencia, la diversión, el vicio, la indiferencia. Y entre ellos están quienes nos gobernarán mañana. El egoísmo se ha convertido en un ideal. Edward Snowden, el muchacho de 29 años, arrancado de su familia para preservar la vida, el que se ha jugado por todos nosotros para revelar una verdad muy incómoda, está solo y no podrá ser mostrado en el Hollywood de hoy, plagado de patriotismos y censura.


San Isidro, 24 de julio del 2013


domingo, 30 de junio de 2013

Trujillo: Somos como la tierra en que nacemos



Bruno es un familiar al que no veía hacía muchos años. Hemos coincidido con él y su hermana en la ciudad en que nacimos y a la que eventualmente volvemos alguna vez durante el año. Estamos a punto de almorzar en el hotel en el que se hospeda, cuando él lanza una singular teoría. Dice que somos como la tierra en que nacemos, como las propiedades que ésta tiene. Para explicarse me cuenta que su hermano menor, que salió de esta ciudad siendo muy niño aún y aquí es casi un foráneo, ha descubierto que sus males y preocupaciones, el estrés y alguna dolencia, desaparecen cuando viene.


Lo escucho y pienso que me pasa lo mismo. De manera casi imperceptible la ciudad se mete en nosotros por los poros y como en una purificación nos va sanando de cualquier cosa, desde una gripe hasta la locura. Bruno añade lo siguiente “yo me llevo una semilla de ají limo a Miami, allá la planto; crece, pero no pica” “Hay algo en las propiedades de esta tierra que la hace especial y le da los sabores que tiene el fruto. Y con nosotros hace lo mismo, nos da propiedades que en otros lugares no funcionan. O nos cura”.


Yo pienso, y se lo digo, en el espárrago. Esa planta de exportación que en los valles trujillanos da cuatrocosechas al año y en el resto del mundo una sola. Es verdad que algo tiene esta tierra. Pero no es sólo ella. Es también el sol, un poco pálido ahora por el cambio climático y el invierno, pero Sol al fin, que alumbra y abriga llenándonos de energía aún desde la timidez de unos rayos que apenas alumbran la plaza de armas, en la que acabamos de estar. Es el agua, cuyo sabor alaban algunas empresas limeñas que hasta vienen a Trujillo a fabricar sus productos en secreto, en ese secreto del agua que usan, más pura, sana y rica. Es el aire que nos oxigena, casi siempre puro y que sólo se convierte en ventarrón en la calle Grau amenazando despegarnos del piso, aquella Grau de los adoquines de piedra, esa en la que hace años quedaba la agencia Roggero y hoy tiene un aspecto solitario y antiguo como de tiempo detenido.

La tierra que cura
 Pero es sobre todo la gente. Esa gente que te mira sin sospechar tu interno regocijo, la alegría que te llena, la algarabía en que se convierten los corazones cuando se encuentran en paz, porque volver a caminar la tierra da eso, paz. Esa gente que te habla o no te habla, que te conoce o no te conoce; pero se comunica desde su silencio porque los códigos comunicacionales son los mismos que se aprendieron en la niñez. Entonces la mirada inquisitiva es mirada inquisitiva; la sonrisa es amistad y no sarcasmo; la amabilidad es eso y no cálculo; el extraño confía; las damas no caminan pendientes de quien camina a su tras, temerosas de todo, agachando la mirada o ignorando a quien cruza su camino; sino que caminan libres como reinas desfilando sus encantos en la primavera, con la mirada al frente y una sonrisa general. Y todo eso es la paz. Y la paz nos cura. Y nos cura la tierra toda; la que tomábamos en las manos cuando salíamos de palomillas siendo niños, a jugar el trompo, las canicas, la pelota; y nos cura la tierra que es sustrato de todo lo anterior, la que nos da los espárragos, el ají limo, la papa y otras mil cosas. 


Entonces pienso que sí, que Bruno tiene razón: somos como la tierra en que nacemos. Porque el agua se va al mar, el aire a otros rumbos, el Sol se apaga a las 6 de la tarde; pero la tierra se queda a fructificar y sanar. Hacía años que no nos veíamos, pero el tiempo ha pasado rápido y es hora de irme. Bruno se quedará en la ciudad unos días y será feliz andando esta tierra. Yo volveré en cuanto pueda para serlo nuevamente. No sé cuántas veces nos volveremos a encontrar, la vida nos llevó por diferentes caminos. Antes nos veíamos todos los días y ahora los años pasan como mastodontes que vemos caer, sin vernos.  Antes fuimos primos; el tiempo, la distancia, la tierra, el agua, el sol, la ciudad que añoramos, el colegio y los amigos compartidos, nos han hecho mejores amigos.



San Isidro, 26 de junio del 2013

sábado, 29 de junio de 2013

Consenso Sin Lima: la explicación



Del consenso antilima de levitsky, al consenso sin Lima, hay un mundo de distancia y trataré de explicarlo en el pequeño espacio de esta discusión.


Conversando meses atrás con un amigo ingeniero, él confesaba haber tenido una discusión (en el buen término) con una señora arequipeña, que le reprochaba que los limeños se llevaban sus riquezas. El amigo no sólo desechó aquella tesis, sino que sostuvo que Lima daba dinero a las provincias. Yo le dije que la señora tenía toda la razón y él me miró con sorpresa.


Cuando uno revisa las cuentas del estado encuentra que las provincias reciben menos de lo que aportan. Sólo las provincias muy pobres reciben algo más de lo que entregan. La ciudad que desde hace siglos recibe más de lo que aporta es Lima, invariablemente, cuando los conquistadores españoles empezaron a recoger el oro de las provincias, para construir sus palacetes en la capital o enviarla a la metrópoli española. 

En Lima no hay petróleo: Hay petroperu  ¿De dónde?

En provincias la pobreza es consuetudinaria

Y hay falacias que por supuesto inflan las cifras limeñas. Por ejemplo, la producción de una minera limeña (todas las grandes mineras son limeñas) aparece aportando al PBI de la región Lima; lo que no se dice es que la explotación de esas mineras se lleva a cabo en provincias. Los puristas alegarán “pero se les entrega el canon”. Sí, es cierto, el 30% en impuestos para la región. Yo pregunto “¿Por qué no el 100% para la región?”. Lo mismo ocurre con el petróleo, el gas, y hasta con los dineros por ingresos a los restos arqueológicos de provincias; que van a engrosar las arcas del ministerio respectivo, el cual raciona luego con gotero, lo que esa región recibe por ese mismo concepto, siempre poco, tarde o nunca.


Esto que el amigo ingeniero desconocía, está, como decían en X-files, allá afuera, para quien lo quiera ver; pero jamás se dice, nunca se menciona ni se discute. La intelectualidad limeña calla y la provinciana resigna. Pero cuando los limeños liberados por algún feriado largo, se desplazan por el país y miran la pobreza, la achacan a una supuesta “ignorancia” o “haraganería” o “socialismo” o “ideas de izquierda” de los provincianos. Es admirable la forma en que los comunicadores limeños desde los medios han pronunciado la frase “es que no saben gastar” o “no tienen capacidad de gasto”, para referirse a las autoridades regionales que aparentemente no poseen los conocimientos para formular proyectos que aprobados por Lima, les permitan gastar los dineros que poseen. Señalan el mal pero jamás mencionan una solución, a menos que ésta sea como parecen desear, volver al centralismo de antaño, del que no se dan cuenta (o no quieren darse cuenta) estamos no tan lejanos.


Pero entonces estamos claros que Lima expolia a las provincias su oro, gas, petróleo, agro y cada vez más productos que va encontrando a su paso. La pobreza provinciana es la gordura limeña. Las inversiones de los últimos tiempos, sólo generan empleo de mala calidad para los provincianos; y gerencias y supervisiones para los limeños, que llegan a las provincias como comisarios que reparten la sal de la salud a sus felpudos y el desprecio al resto. Llegan como golondrinas que no acamparan y por tanto no estarán el siguiente verano. Como aves carroñeras arrancan lo que pueden al moribundo -al que ayudan a matar- y luego emprenden la retirada para ser reemplazados por otro igual o peor. Ha sido la historia de la relación de Lima y provincias por cinco siglos y es eso lo que debemos cambiar. O somos un país o Lima es un país con sus colonias a las que explota y difama cuando es conveniente. O aprendemos a mirarnos a la cara y a tratarnos con respeto, o las provincias seguirán languideciendo y recibiendo el chorreo, que se nos vende como la panacea. Mientras seguimos viviendo de propinas y a media vida, la capital, engulle, engorda, dilapida, y se enriquece con nuestros recursos. Eso es lo que debemos terminar.


Pueblo Libre, 29 de junio del 2013

jueves, 30 de mayo de 2013

Del Consenso de Lima al Consenso sin Lima




La distancia da perspectiva, permitiendo apreciar detalles que “desde dentro” jamás se observan. Esto no es aplicable sólo a los ámbitos físicos o geográficos. También es aplicable a lo moral o intelectual. Una persona puede estar inmersa en una trifulca y percibir perfectamente cuál es el límite de su reacción, son los menos; otra, los más, en esa trifulca responden como les manda el impulso, porque no tienen perspectiva, no ven ni saben que hacen  o dejan de hacer.


Steven Levitsky, politólogo norteamericano, tiene la perspectiva y la distancia que da la cultura y el no haber nacido entre nosotros. Ha escrito un artículo, El Consenso de Lima,  con la singularidad a la que nos tiene mal acostumbrados, para poner (otra vez) el dedo en la llaga y permitirnos pensar las cosas que las Aljovin, los Vargas, o las Balbin, tan ahítos de gastronomía, jamás nos dirán. Ni siquiera ya los Lauer, perdidos como Lucho Llosa en festival de cine independiente en el que brillare la inteligencia y no el oro.


Levitsky señala dos cosas importantes. Una, la reacción a lo talibán de un sector económico limeño, a la posible compra de REPSOL por el estado peruano, como una herejía al pensamiento “correcto”, y el acompañamiento de esa conducta por sectores de clase media y hasta popular. Levitsky señala un poco sin ganas un problema mayúsculo. La micro atmosfera limeña del “estamos bien, estamos creciendo, las reservas internacionales, las inversiones, las cifras macroeconómicas, las  exportaciones y un largo etc” repetido como el nuevo testamento en todos los estratos limeños, que a falta de libros tienen diarios de medio sol, y a falta de líderes al estilo Haya de la Torre, tienen Marco Tulios, Mulderes, Keikos y otros. En ese fango, la elección y discurso limeño es consecuencia, no alternativa ni solución.

República Independiente de Lima: ¿La Solución?

El otro tema importante señalado por Levitsky es que este consenso de Lima ha vaciado de contenido la democracia. “El Consenso de Lima no representa una mayoría del electorado peruano.¿Pero qué nos queda de la representación democrática?” Se pregunta. Y es claro. La elección del 2011 ganada por Humala es mayoritariamente provinciana. Se buscaba un cambio real. Y esto no lo abarca levitsky en su análisis. El triunfo electoral de Toledo en el 2001 y el triunfo de Humala en el 2011 son triunfos eminentemente provincianos. Incluso el segundo lugar de Humala en el 2006, a pocos votos de García, estuvo basado en los votos de millones de provincianos que pese a la campaña del miedo de la derecha limeña, deseaban el cambio. Esa es la magnitud de la estafa a la gente, por parte del “consenso de Lima”.


Yo tengo una conclusión para este problema. Lima no quiere cambios. Le encanta su delincuencia y su corrupción, a veces toma presos a unos u otros y luego los libera sin escándalo. Es industrial la cantidad de periodistas, opinólogos y hasta economistas que hicieron de felpudos de la dictadura y hoy están reinvindicados y repartiendo consejos como autoridad desde los medios limeños. Le encanta a Lima su poder económico, su huachafería y robar las elecciones que pierde. Y en esto no hay ricos y pobres, son todos hijos de la misma codicia, esperan su momento de ocupar el sillón del poder hasta los que jamás lo ocuparan y lo defienden aunque les pise el pie gangrenándolo. Les importa poco el Perú. Si pudieran montar una oficina de 10 metros cuadrados que les garantice extraer todos los recursos y manos que el Perú les da para obrar sus negocios, estarían felices. Machupicchu es el patio trasero que muestran como “sétima maravilla del mundo” a sus amigos extranjeros, pero es a la vez, la ciudad despreciable a la que por levantisca le dicen “Quédate con tu Machupicchu” y le quitan la sede de un congreso internacional. Y  nadie disiente. Nadie reclama. Todos miran al cielo y silban ante el abuso. Lo encuentran normal.


No hay solución. Los escritos de Gonzales Prada señalaban los males limeños hace cien años. Nada ha cambiado, por el contrario parecen haber empeorado. Para acabar con estos males surgió el APRA de Haya de la Torre; el AP de Belaunde, ambos en provincias. Lima los devoró completos con el paso del tiempo tras luchas intestinas. Los partidos políticos nacionales son clubes limeños de espaldas a las reivindicaciones provincianas. El que crea que Lima cambiará privilegios por valores y pensará en función de país y no en una comarca de privilegios, que expolia las riquezas de las otras regiones, está equivocado. Por ese camino no hay salida.


La salida, la solución al problema, surgirá el día en que las regiones se planteen firmemente, desde la derecha o la izquierda, desde la indignación ciudadana, terminar con los lazos que las atan a una ciudad que sólo ha aprendido que cada vez que una región, un pueblo del interior del país, protesta y se levanta; a enviar sus ejércitos con la orden terminante de acabar con los revoltosos a punta de balas, revoltosos a los que luego convierte en eso, en agitadores, comechados, sucios, comunistas, infiltrados de filiación foránea, todas cosas malas de gente que no ama la patria. Pues no nos entendemos y a muchos no nos interesa ya ningún entendimiento. Lima por su lado, el Perú por el suyo. Punto. La solución no es como cree Levitsky un Consenso Antilima, sino un Consenso sin Lima.


Pueblo Libre, 30 de mayo del 2013