Es el amanecer del 24 de junio y
el doctor Fernando Medina Chiclote, levanta con esfuerzo su macondiana y cansada figura; viste el terno de gala, la corbata, la cristina. En pocas
horas andará algo más de cien metros. Podría seguir descansando porque es
domingo, lo merece; pero tiene un compromiso consigo mismo y con el Colegio Nacional de San Juan y no faltará aunque haya cumplido 103 años ya y esos cien metros sean para él como una
maratón de 42 kilómetros para un atleta.
Fernando Medina Chiclote, el sanjuanista más antiguo
En otros rincones de la ciudad, un
médico, un ingeniero, un empresario, un abogado, un empleado, un jubilado, se
levantan muy temprano; visten sus ropas respectivas y se van a ser
flagelados cuatro o más horas, bajo el tórrido sol del norte. Sin diferencias, no importa la profesión o el oficio, están reunidos junto a dos mil otros hombres que han renunciado a las
atenciones que les prodigan en otros ámbitos. Hoy no
son el “Doctor Fulano”, hoy son Pepe, Juan Lucho, como en años juveniles. Una multitud ansiosa se
aglomera para verlos pasar.
A las 9 de esa mañana las pistas
de la plaza de armas de Trujillo son un mar de cristinas amarillas coronando las testas
de las gentes. Es el aniversario 158 del Colegio San Juan, que ha tomado las calles de Trujillo. En el centro de la plaza de armas se suceden los discursos de rigor; como fondo una banda resuena. Don Fernando
Medina, único sobreviviente de la Promoción 1928, descansa en una silla, y dos mil hombres mayores conversan recordando
historias pasadas. Asombra la elegancia, la organización, una mística en los ojos. Todos llevan alguna
prenda amarilla, una cristina, un chaleco, una chompa o apenas un borde
amarillo en un chaleco negro. En el atrio de la catedral un hombre ensaya los
pasos de marcha mientras con ambos brazos sostiene un estandarte. Es una cosa
rara esto de amar a un colegio. Ellos lo dicen: no esperamos que nadie nos
entienda.
Mística canaria y compromiso
El desfile empieza con colegios
anónimos, hay bandas, aplausos, madres emocionadas fotografiando a sus párvulos. Son
los actos preliminares que se trepan al evento principal en busca de fama. En un momento , sin permiso de nadie ni aviso, irrumpe en el aire el sonido de las
trompetas de la banda de estudiantes del San Juan. Entonces la gente, se agolpa, estira el cuello, levantan al aire
las cámaras y todo se vuelve un loquerío: vienen marchando los jóvenes músicos que acompañarán el paso de los batallones
de estudiantes. Hoy son niños de los años menores: marchan con seriedad y gallardía de hombres grandes.
Los 150 metros o más de desfile están copados de gente que empuja y estrecha el
sendero.
Batallón de sanjuanistas de hoy, mística de siempre
Este colegio soportó la Guerra
del Pacífico. De hecho, los jóvenes estudiantes de entonces salieron de las
aulas a luchar esa guerra. Quizás de allí viene la mística, el convencimiento
en la mirada de los hombres y los niños vestidos de amarillo. Otros espíritus
los alimentan, un fuego eterno, algo que no muere jamás. El colegio también
soportó la llamada Revolución de Trujillo en donde otra vez estos jóvenes irrigaron con su
sangre el árbol sagrado de la libertad. Todo eso lo vivió don Fernando Medina,
que ya ha abierto el desfile de ex alumnos como el hombre más antiguo de todos.
Camina con pasos de 20 centímetros desplazándose entre las miradas de
admiración de la gente que le testimonia su cariño con aplausos y sonrisas. El,
que ha vivido tanto, se emociona, detiene el paso, levanta un brazo saludando a la gente y en su mirar cansado una lágrima de hombre pugna por salir. Lo acompañan
dos nietos, uno a cada lado, ya son sanjuanistas de corazón. Don Fernando camina vitoreado ante la banda de ex alumnos que ha ocupado su lugar y suena como un ejército de
vencedores.
El Batallón del colegio San Juan en la guerra con Chile
En los siguientes minutos
desfilan las promociones, desde 1944 hasta 2011 y las dos más antiguas: 1928 y
1932. Emociona ver el compromiso de estos hombres que pasan vestidos de
amarillo en su mayoría, pero también de blanco y plomo algunos. Se ha visto un
ranger y una escolta completa vestida de uniforme Caqui. Luego de pasar, las promociones más jóvenes
aplauden a las promociones más antiguas; es emocionante ver cómo se alientan y
dan vivas unos a otros, animándose a continuar; entre todos estos no hay más
diferencia que la edad; la mística, el compromiso, el orgullo y la sencillez,
son las mismas.
Promoción 62 Bodas de Oro
Cuando la plaza se queda vacía
los hombres siguen marchando en las calles aledañas. Nadie más que ellos lo
saben, que en las calles los sanjuanistas nunca rompen filas; por eso marchan
al compas de la marcha Tupac Amaru hasta ingresar al claustro de Independencia. Allí sí la emoción se desborda
bajo los arcos centenarios que miran con historia a esos extraños hombres alegres como niños. Hay gritos y hurras; los hombres se abrazan aunque no se conozcan, algunos saludan
a los queridos maestros retirados que han venido a eso, a ser saludados; hay vivas por doquier y en instante sublime se canta la marcha sanjuanistamás fuerte que nunca. Es un canto raro que se acompaña con un silbido, un canto que hace que nadie más comprenda el porqué esos hombres lo cantan como lo cantan. Como si quisieran morirse entonándolo.
Amarillo canario toma las calles
El viejo claustro de Independencia
es el principio y fin de todo. Allí estuvieron César Vallejo y Ciro Alegría. Esos
hombres que hoy han marchado, por años no pudieron recorrer sus aulas y sus
veredas. Hasta alguien les dijo en los ochentas que jamás regresarían. Por eso ese claustro que
destruyó un incendio en 1975, es la tierra prometida, la Jerusalén liberada, la Meca,
la Medina, el Machupicchu del sanjuanismo vivo, el lugar que quieren conocer los que no lo conocieron y al que todos quieren volver. Es sólo amor a un colegio, algo inexplicable,
ellos lo dicen, nosotros lo decimos, no esperamos que nadie nos entienda ni falta que nos hace. Nos basta con ser los mejores y que todos lo sepan.
En Rayuela, Julio Cortázar dice
acerca de La Maga, “para verte como yo quería, había que empezar por cerrar los
ojos”. Algo de eso hay en el Mural de Hastings en Trujillo. Es inhabitual
encontrar arte de primera en la calle. Eso hallé de improviso al pasar frente a
la UNT. El mural tiene un
kilómetro de largo por 3.6 metros de altura. Su fábrica tomó 18 largos años.
Hastings concebía en Lima o Piura (donde se armó un taller) los cuadros que
comprendían el mural, los remitía a los estudiantes de la Escuela de Bellas
Artes de Trujillo, quienes reproducían los bocetos sobre el cemento y luego se
procedía a cubrir los trazos con los cerámicos. La dimensión de estos es de 1
cm cuadrado, lo cual da a las figuras un nivel de detalle impresionante. En un
metro hay 10, 000 cerámicos, pegados uno a uno. Existen aproximadamente 36 millones
en todo el mural. Yo, después de verlo, ya no quería que terminara el desfile cromático ante mis ojos.
Hay
muchas historias generadas en torno a ésta obra a lo largo de sus 18 años de
hechura. El autor se convirtió en abuelo, los jóvenes de Bellas Artes
maduraron, la ciudad cambió. La historia dice que el mural corrió el riesgo de
ser inacabado por agotamiento de recursos. También cuenta la historia cómo
muchas veces los obreros y pintores tuvieron que deshacer lo avanzado porque no
habían interpretado correctamente el mensaje del autor y de cómo los
trabajadores hubieron de desarrollar toda la tecnología para sacar adelante la
obra: cortado del cerámico, pintado con colores necesarios y que no existían en
el mercado, fabricación de las cortadoras del cerámico. Todo desde cero.
Pero
esa historia del mural no opaca la historia que cuenta el mural. En él, los
cangrejos son gigantescos, los hombres levitan asombrados y asombrosos; y los ángeles,
al contrario de Bizancio, poseen sexo y son ángeles macho y ángeles hembra. Y
está la historia del mundo con su Torre de Babel, pero también la nuestra, con
los hombres blancos que llegaron en 1532 trayendo la espada y la cruz. Desfila
nuestra flora y fauna, los campos de cultivos con sus campesinos, con sus
arenales; las gaviotas, los volcanes que no tenemos, la megaciudad atacada por
la naturaleza, las danzantes, el niño perdido que observa el horizonte y que
puede representar al mismo observador del mural; la migración de las aves, los
helicópteros al ataque, la vida, la muerte, la resurrección, lo etéreo y lo eterno. Todo está allí como una sinfonía visual que ingresa por
nuestros ojos en una concepción poética, la de Hastings, que asombra y subyuga.
Hastings es el que nos observa, es el otro, y a través de sus ojos nos miramos
en el mural. A través de los ojos de la Maga, Cortázar descubría en él un ser
que no conocía. A través de la mirada y pinturas de Hastings, nosotros,
Trujillanos, pero humanos en general, y flora y fauna y mundo, podemos
reconocer en nosotros a seres que desconocemos. Es entonces en que para
entender a Hastings hay que empezar por cerrar los ojos. O tomar perspectiva. Porque como en el caso de las líneas de Nazca, de esos otros pintores del tiempo, el mural de Hastings no se aprecia desde cerca, hay que tomar distancia.
Es
una obra extraordinaria, épica, colosal. Todo lo que se pueda escribir será
siempre insuficiente para narrar la belleza, lo descomunal, lo artístico, lo
fabuloso y más, de este mural que nos concilia con las dimensiones que perdimos en la modernidad banalizada, hueca y frívola que se nos ofrece a diario. Hastings hizo esta obra, sus pinturas, sin cobrar un centavo. Porque el arte es universal y no puede negarse a los pueblos, hay artistas que lo dan todo. Eso tiene esta pintura, todo.
Hace ya varios años los
trujillanos mirábamos llegar a nuestra ciudad unos tipos inmensos, rubios,
barbudos. No eran los Españoles de Pizarro, que llegaron mucho antes. Estos eran
turistas mochileros: gringos y europeos que venían a conocer nuestra ciudad; cientos, miles de ellos. Habían burlado a la propaganda que les hablaba sólo de
Cuzco y la maravillosa Machupicchu; también habían escapado a la mención excluyente de Arequipa, la Ciudad Blanca. Y habían llegado hasta el norte peruano atraídos por la curiosidad, en un
tiempo en que no existía la mal llamada “Ruta Moche”, ni el Señor de Sipán, ni La
Dama de Cao, ni El Degollador. Nada de eso existía. Apenas nos sonaba un poco Chan Chan
y la fama de una playa de ensueño que era Huanchaco. Los turistas jamás traían
niños. Vestían pantalones cortos -casi siempre de color caqui- camisas muy
ligeras, botines explorador o unas gastadas hawaianas, lo mismo les daba. Cargaban sobre sus espaldas unas mochilas inmensas, tan grandes como
ellos mismos.
Estos
turistas no pagaban hotel. No había Westin, ni Meliá, ni Hotel Libertador, ni
Hotel Turismo, ni Hotel El Brujo; no, nada de esas cosas. Se hospedaban en el piso o en algún
jardín, que para eso era la enorme mochila, para el sleeping y todas las cosas
de vivir. Luego aparecían por la plaza de Armas. Esa que hace enmudecer y produce
crecimiento de los ojos. Y se ponían a sacar fotos. Fotografiaban los
monumentos, EL MONUMENTO, los árboles, las casas, pero más que nada
fotografiaban los ventanales de hierro forjado. Nosotros los mirábamos apuntar aquellas cámaras tan grandes que parecían bazookas hacia
nuestros ventanales. ¿Qué les veían?
Ventana de Hierro Forjada C.C. Haya de la Torre (Trujillo del Perú)
Hasta
que me pasó dejar la ciudad y volver varios años después para comprender que lo
que no comprendíamos era la belleza que estaba frente a nosotros. Lo bello
pierde encanto si lo vemos todos los dias; la distancia se lo devuelve. Esos
ventanales con sus formas caprichosas eran únicos, singulares, hermosos. Y no
lo veíamos. El tiempo pasó. Ya no hay más gringos mochileros. Hoy todos traen
tarjetas de créditos y se hospedan en hoteles y hostales. Se van de frente a
Cao, el Brujo y otros lugares. Nuestras ventanas siguen allí. Esperando por
nosotros que ahora sí les sacamos fotos. Nunca
nos preguntamos de donde salieron. Están y eso basta. Búsquelas en Lima, Arequipa, Cusco, Cajamarca, en donde quiera y no las encontrará, son exclusivas de Trujillo del Perú. En la exposición de
Trujillo de Extremadura que reposa en casa de Haya, observé una foto. Es una
reja muy antigua en las paredes de un viejo palacio del Trujillo transoceánico,
el Palacio de Piedras Albas. Allí esta, atravesando el océano, el antepasado
antiguo, herrumbroso, pero idéntico, de nuestros ventanales de hierro forjado. De allí es de donde vinieron. En España
están los aceros, los hierros, también están nuestros abuelos remotos.
Reja de Hierro Forjado - Palacio de Piedras Albas - Trujillo de Extremadura
Ingreso a la casa en la que en
1,895 nació Haya de la Torre. Sí. El hombre que conoció a Einstein y dialogó
con él. El que estuvo en la URSS revolucionaria. Haya, el joven líder que se
enfrentó a Leguía y su dictadura, el ideólogo, el orador electrizante, el
hombre que por 50 años protagonizó la política de este país y creó el partido político
más importante. El que encarnó el carisma, el que sufrió el veto de los
militares en 1,962 y fue desagraviado por el voto en 1978. A la casa de ese
hombre ingreso hoy, primero de mayo. Otras veces él recibía éste día junto a
los trabajadores. ¿Que hicieron hoy nuestros políticos? ¿Contaron sus doblones? ¿Contaron sus tarjetas doradas? ¿Contaron sus cuentas en Suiza? Quizás descansaron, no
lo sé. Volvamos a la casa de Haya. Hasta hace poco fue cuartel de la Guardia
Republicana; recuerdo su fachada gris bañada por el Sol, sus dos escalones custodiados por un guardia armado y un camión portatropas. Pero ya no más. Hoy es un centro cultural dirigido por el Banco de
la Nación. He llegado como de casualidad en uno de mis tránsitos por el centro
histórico trujillano. Me ha llamado la atención lo bien cuidada de la fachada.
Fachada principal de la casa de Haya en Trujillo
Como toda casa colonial, la de
haya de la Torre cuenta con un zaguán, desde el cual se accede a un patio
columnado con tres escaleras, una a cada lado. Por la escalera principal accedo
a un primer ambiente en el que se expone sobre Trujillo de Extremadura, la
patria del conquistador español Francisco Pizarro, que ordenó la fundación de
Trujillo del Perú. Hasta hay un mensaje del alcalde de la ciudad homónima. Y
mucha información. Me entero de cosas. Por ejemplo, que la primera dama
española que se afincó en nuestra ciudad fue una tal María de Escobar, esposa
de Miguel de Estete; hicieron fortuna desenterrando tesoros incas y pre-incas.
También descubro algo inesperado: las casonas de Trujillo de Extremadura tienen
ventanales idénticos a los que lucen nuestras casonas. Y lo tercero, una teoría
descabellada acerca de la fundación de nuestra ciudad. Quieren datarla en 1435.
¿Pruebas? Ninguna. Nada, no les creo, ya veremos porqué. Después de este
ambiente hay otro de idénticas dimensiones, con más información de Trujillo de
Extremadura, Tierra de Conquistadores, así la llaman, información de sus
festividades, sus edificios, su gente. Igualitos a nosotros. Bueno, no tanto. Pero es fácil sentir una identidad común. Si hay peruanos en Nebraska, ¿Por qué no trujillanos en Europa?
Patio principal de la casa de Haya
Después del primer ambiente existe un segundo
patio columnado que ahora funciona como Sala de Conferencias. Enseguida, en un
tercer ambiente hay una exposición, una más, acerca de Machupicchu. Es una
exposición que cuenta con el respaldo y material de la comuna cuzqueña. Por
ello mismo reivindica el descubrimiento de Machupicchu por Agustín Lizárraga y
no por Hiran Bingham. Es justo. Este ambiente comunica a el que sería patio de
labores, con su pozo de agua y sus jardines.
Patio interior convertido en sala de Conferencias
Finalmente, en lo que sería el
ala derecha de la casa, hay un sector bastante amplio dedicado a Haya de la
Torre. Sus inicios como estudiante en San Marcos, sus viajes y destierros, la
fundación del APRA, sus vicisitudes y
sueños. ¿Qué hubiera pasado si Haya hubiera sido presidente? ¿Habría sido una
especie de Francois Miterrand latinoamericano? Imposible saberlo. Hay una foto
del Grupo Norte en el “Casino de Buenos Aires”, el que luego sería el restaurante Morillas y hoy
no existe más. En esa foto están todos
los personajes que hicieron la historia política y cultural del país. Una
auténtica joya. También está expuesto el
carnet del militante 001 del APRA. Fotos familiares, del destierro, la
amistad con César Vallejo y otros.
Zona de Exposicion
Más. Recuperar las casas es
recuperar y reconocer la historia; reconociéndose en ella. Varias casas y
casonas han sido recuperadas en las últimos años en Trujillo: como la casa en donde vivió
Vallejo, o lo que fue el internado del Colegio San Juan, Que el empeño perdure y se extienda en toda la ciudad.
Vista frontal de la parte trasera de la casa
El famoso carnet 001 del jefe del APRA
El Grupo Norte con Haya de la Torreen Buenos Aires
Sharon Terry
tiene 15 años. Es una adolescente inquieta. El año 2011 se coronó Campeona
Mundial de Marinera con su pareja de Baile: Juan Pablo Espinoza, en
Trujillo-Perú, el concurso más importante del país. Es la Nadia Comaneci de la
Marinera: 10 puntos. puntaje perfecto. La conocí en el 2009 y ya dejaba
traslucir seguridad y simpatía. Ahora lo confirmo, es de una simpatía
arrasadora. Y tiene ángel. Sorprende su amabilidad. Al conversar con ella, va
construyendo las frases y expresándolas como si de bailar Marinera se tratara,
con elegancia y pulcritud. Su madre me confiesa que Sharon también ha sido
campeona de oratoria. ¿Niña genio? Para nada. Esfuerzo y dedicación. Ha debido
llorar para conseguir sus triunfos y no han sido pocas las frustraciones.Pero todo llega, y ahora es toda una Campeona.
Los 15 años de una Campeona Mundial de Marinera
JU:
Cuéntanos ¿Cómo empiezas a bailar la marinera? ¿Te gustó desde el
principio?
Sharon: Empiezo cuando tengo seis años. Empieza todo como un
juego. En el jardín (kinder) teníamos un taller de danza y allí me enseñaban
Marinera. Cuando llegaba a casa le enseñaba a mi mamá los pasos que aprendía y
siempre le tomaba bastante interés a este baile. Un día un amigo de mi mamá nos
contó que dictaba un taller en una instalación de la policía y mi madre
me dijo “Hay que matricularte a ver cómo te va”. Este amigo era profesor
temporal. Cuando llega el profesor titular, es Beto Pinedo, que es quien me ha
enseñado desde que comencé hasta ahora. Así empecé a bailar. Y sí, me gustó
desde el principio.
JU: Cuando campeonaste en el 2011… ¿En qué momento
sentiste que podías campeonar? ¿O no lo sentiste hasta que dijeron que eras la
ganadora?
Sharon: En realidad los años te van dando experiencia. Yo la
tenía, era mi último año en esta categoría y como que te sientes más segura,
sabes lo que vas a hacer, lo que vas a entregar en la cancha. Conforme iban
avanzando las fechas y veía que yo iba punteando, tenía los máximos puntajes;
en la final, yo ya me sentía ganadora, sabía que me merecía ese triunfo, y que
realmente si daba todo de mí, realmente yo podría ganar.
JU: El
atuendo con el que concursaste no es muy usual (es corto). ¿En algún momento
pensaste que podía restarte posibilidad de obtener el campeonato o sabías que
no iba a ser así?
Sharon: Tenía conocimiento de que no me iba a restar puntaje.
No es un atuendo común, pero esta dentro de lo tradicional, porque en Moche
usan ese tipo de trajes que son Anacos o Cotos. Que llegan a la altura de la
pantorrilla o de la rodilla. Cotos es el que usé, que es pegado -el Anaco tiene
más vuelo- y lo usan con bordados en Moche; y éste, que es más piurano, con
camisones bordados y acompañado de una faja. Está dentro de lo típico, sino que
mayormente se suele usar faldas largas y camisones
JU: ¿Y
porque elegiste ese atuendo?
Sharon: Me sentía más cómoda. Y se podía lucir más el zapateo,
que es mi fuerte.
JU: Cuando tú ganaste muchas
personas que no conocías, incluidos familiares, se alegraron por tu triunfo.
¿Que se siente que te quiera tanta gente que no te conoce?
Sharon: Es algo que te
llena de alegría. Saber que tú con tu baile, haciendo algo que es muy bonito y
que es típico de tu país, llenas de felicidad a otros y les transmites un
sentimiento muy bonito, eso te llena de orgullo, porque piensas que esas
personas sin conocerte admiran lo que tú haces. Eso te da más ganas de seguir
haciendo bien lo que sabes hacer.
JU: A las reinas de belleza se
les escucha decir que cuando ganan un concurso éste les cambia la vida. Tú
ganaste el concurso de Marinera más importante en nuestro país. ¿Qué cosas han
cambiado para ti?
Sharon: Bueno, eso es muy cierto, un triunfo cambia bastante.
Porque es algo que logras, y adquieres más experiencia y nuevos conocimientos
que te ayudan a formarte mejor; y sobre todo en el concurso que organiza el clubLibertad, que es el más importante. Allí aprendes muchas cosas:
aprendes a ser segura de ti misma, a no dudar de lo que sabes hacer, a depender
de ti misma. No puedes dejarte influenciar por otros. Y esto te hace más
segura, hace que tu baile de cierta manera pase a otro nivel. Además trae
orgullo a tu vida y no sólo a ti, sino a toda tu familia y a los que te rodean.
JU:
También has tenido más presentaciones ¿Has viajado más?
Sharon: También en eso
porque tienes el título más importante, tienes más presentaciones, más personas
quieren verte bailar. Te haces más conocida.
JU: Tú triunfo es producto de
tu esfuerzo antes y durante el concurso. Sin embargo ¿Qué otras personas han
influido o contribuido a tu triunfo y te han animado a seguir adelante cuando
tú decías “Ya no”?
Sharon: Si bien es cierto tú eres de quien esto más depende,
porque tú eres quien sale a bailar y enfrentarse a los demás en la cancha, pero
no sólo es esfuerzo tuyo; esto también depende de tu pareja porque es
quien te acompaña en el baile, de tu familia porque son quienes más te apoyan y
están más cerca de ti. De tus profesores, por supuesto, porque ellos son
quienes te enseñan todos los pasos y de los cuales depende tu nivel de baile,
aparte de tu práctica personal y el empeño que tú le pongas; pero no es sólo esfuerzo
tuyo, es también de todos los que te rodean y los que te están apoyando para
que puedas obtener el título, que es algo que sigues por años, porque se
necesita mucho esfuerzo para conseguirlo.
JU: Aparte de la Marinera ¿Qué
otras inquietudes o gustos tienes?
Sharon: Siempre quise practicar ballet, pero todavía no he
tenido la oportunidad de hacerlo, me parece que este año voy a hacerlo; por que
tenía en prioridad la Marinera y cuando tienes una prioridad las demás cosas
las dejas bastante de lado. Ahora que he obtenido lo que quería y con lo que
todos sueñan, creo que le voy a dar espacio también a otras cosas
JU: En
todos estos años practicando la Marinera, concursando y ahora obteniendo el
triunfo, ¿De que manera ha influido tu madre?
Sharon: Bueno, mi mamá
ha sido mi mayor apoyo después de Dios. Ella siempre ha estado conmigo
llevándome a los concursos, a los ensayos, viendo de que siga avanzando, de que
esté bien, y como que si tú necesitas...Siempre necesitas un empujón para seguir
avanzando, mi mamá ha sido siempre la que me ha dado ese empujón, ella siempre
ha estado pendiente de cualquier cosa que pueda mejorar…Y las críticas de parte
de tu madre siempre son buenas, porque son críticas constructivas, que te
ayudan a superar esas cosas para que puedas ser aún mejor. Y ella siempre ha
estado pendiente de mis ensayos, ayudándome en lo que necesitaba, diciéndome
“Sharon puedes mejorar en tal cosa, yo te ayudo, vamos a practicar”. Y siempre
apoyándome y llevándome de la mano.
JU: ¿Volverás a concursar en
otras categorías en los siguientes años?
Sharon: Claro. Ahora
estoy descansando de mi campeonato, recién acaba de ser mi presentación de
entrega como campeona y de aquí pienso volver a practicar porque me gusta
bastante la Marinera, me gusta la danza, me gusta el mensaje que da, y pienso
volver a participar en la siguiente categoría que es junior. Eso ya puede ser
el próximo año.
Y allí se queda Sharon Terry, con sus 15 años, la luz
de su mirada y las inquietudes de su edad, preparándose para ir al cine. Si
todo sale bien dentro de un año se preparará para ir a la universidad y seguirá
bailando para deleite de todos.
En la vida o fantasía de
cada niño existe una playa en la que construye castillos de arena, o recoge
muimuyes de entre la arena humedecida de la orilla, o persigue carreteros que emergen de las entrañas de la tierra, saliendo de orificios que parecen cueva de mineros o duendes.
¿Normandía en el día D? Buenos Aires, Truillo - Perú, las playas no mueren de pie
Los bonaerenses y una parte de
trujillanos hicieron de Buenos Aires esa playa. En las mañanas del verano, cuando el Sol
brillaba en oriente abriéndose paso entre los cerros que cubren las espaldas
de la ciudad, mientras
estiraban sus cuerpos o construían castillos sin dragones, veían cruzar barcos y gaviotas en el horizonte. Los barcos eran un misterio de destino ignoto, se iban para nunca volver; las gaviotas daban vueltas en el aire con sus gritos, volando a vuelos rasos, robando gotas del mar.
En un
cuento de Edgar Allan Poe hay una playa en la que cada mañana aparece de la nada un cerro de
arena; lo limpian y vuelve a aparecer. En Buenos
Aires cada día una cantidad de arena como un cerro desaparece sin que se sepa a donde se
va. Fue la playa más amplia en toda la ciudad, pero fue la playa pobre, la del último minuto, la más a la mano. Estos últimos años junto con la arena, el mar se ha llevado decenas de metros del litoral. Es muy poco lo que se ha salvado momentáneamente; ni nadar, ni jugar, ni mirar, ya nada se puede hacer en esa playa a no ser que se miren los recuerdos.
Hilera de bloques de cemento caídos como soldados muertos
He llegado cerca del mediodía a
Buenos Aires. En la parte central de la playa se reúnen los curiosos: turistas
al paso que desean mirar cómo se muere una playa. Se paran sobre un borde y
miran el horizonte como si no alcanzaran a creer lo que ven. Luego inician el
peregrinaje hacia el norte o el sur. Miran como el mar ha comido las arenas,
como si hubiera dado una gran dentellada arrancando trozos de un pastel. Hacia
el norte, una franja de rocas intenta ser una barrera para el mar; hacia el sur, una hilera
de bloques de cemento han caído como soldados muertos en una
guerra. Sólo unos pocos se mantienen en pie. El mar se estrella contra las
rocas con fuerza, revienta, nos moja con una suave llovizna. Cuatro curiosos
parados sobre una plataforma se cruzan de brazos y miran: un cañón de hierro
varado o tirado en la orilla librando una última batalla; una lengua de mar que
ha ingresado en la arena como una medialuna, un sector de la playa que semeja
las arenas de Normandía en el día D. El mar vuelve a estallar y muestra las
espumas blancas de toda la vida. Acaso más limpias que antes y esa sea la única
ventaja de tanta devastación. Una tenue neblina se infiltra en el ambiente y la
sensación de final se vuelve aún mayor.
Cuatro curiosos parados sobre una plataforma se cruzan de brazos y miran: no creen lo que ven
¿Las autoridades? Nada, ya nadie les cree nada. Dos niños de la zona han pasado corriendo junto a mí, se han detenido a mirar el mar, uno ha probado a entrar al agua, retrocede, se van. Miro el agua coronando las rocas con sus espumas y pienso que falta muy poco para que logre rebasar. Las rocas quedaran en el fondo del mar y este seguirá avanzando. Hoy es un día normal. Hay días de mar encrespado en uqe las aguas salen aún más hacia la ciudad y la gente asustada reza su mejor oración.
Una lengua de mar ha ingresado en la arena. Los niños ya no construyen castillos.
Que desaparezcan dineros en las arcas del estado es normal; que desaparezcan personas en las guerras intestinas es normal. Que desaparezca una playa no. Decido que hoy no desaparecerá. Me marcho preguntándome cómo veré la siguiente vez lo visto hoy. La silueta de un barco se dibuja en el horizonte, pero los niños ya no construyen castillos. A la playa la devora el mar.