jueves, 7 de abril de 2016

Apuntes sobre la Marcha NO A KEIKO

La noche del  5 de abril del 2016 será recordada por mucho tiempo.  NO A KEIKO Fue una marcha  multitudinaria,  a la que en última hora trataron de subirse algunos políticos como PPK con declaraciones innecesarias de apoyo en esa altura del partido. Los intentos que desde el fujimorismo y fuerzas afines se hicieron desde días antes por meter miedo y agitar el terror, naufragaron redondamente. Fue una marcha pacífica, colorida, rítmica, musical, ingeniosa. Fue una auténtica fiesta en las calles liberadas.


Marcha NO A KEIKO fue multitudinaria

 Los encontré a la altura del paseo Colón por el retraso que me produjo la misma marcha en el transporte. Durante casi 50 minutos vi pasar una columna compacta de gente que agitaba banderas, cartulinas con frases ingeniosas, tocaban el bombo o las zampoñas o simplemente sumaban sus cuerpos a ese enorme cien mil pies (que no ciempiés) que se desplazaba interminablemente por las calles de la vieja Lima, como si con su sangre joven y alegre, vinieran a renovar las gastadas estructuras de la política nacional.

Por la mañana un candidato al congreso por el fujimorismo, había dicho en el programa de Juan Carlos Tafur, que se estaba ofreciendo 100 soles a quienes asistían a la marcha. Una auténtica infamia que siempre practica el fujimorismo. Personas que como yo miraban la marcha con algunos metros de distancia, hubieron miles a lo largo de todo el camino (aplaudiendo, filmando, sonriendo) sin contar a los auténticos marchantes, y no estábamos allí por ningún dinero; estábamos allí por convicción, porque lo mandaba nuestra conciencia. Porque sabemos que la inacción puede hacer que se pierdan la libertad y la democracia en un abrir y cerrar de ojos, y que recuperarlas cuesta demasiado tiempo, cuesta demasiadas vidas. 


En Argentina como en otros países se marchó contra la Fujimori (foto Jessica Vicente)
Fueron pasando escalones universitarios de San Marcos, Católica, Villarreal, Cantuta y otras universidades que, empezando por la de San Marcos, la más antigua, rebelde e identificada desde siempre con las protestas, traían un aire de invencibilidad que llenaba de entusiasmo a los demás. Es también como si las marchas de 1,997 y 1,998 que estas universidades protagonizaron para derrotar a Fujimori, se hubieran transmitido en saltos generacionales hasta llegar a este 2016 renovados, jóvenes, lozanos, victoriosos como entonces. Pero metidos entre las filas de los jóvenes universitarios, estaban también adultos, hombres y mujeres, algunos acompañados de sus hijos, o acompañándolos; que sólo querían sumar sus figuras para decir, Fujimori Nunca más.

En los días anteriores arreció la campaña del terror desde el fujimorismo. Intentaron pintar a la marcha como una de “terrucos”, de “caviares”, y toda esa tontería adjetivacional que el fujimorismo usa tan bien. El mismo día de la marcha, ayer, intentaron el último sicosocial desesperado: habría un golpe de estado humalista y los militares tomarían las calles. Nadie les creyó. Es como si de tanto usar sus gastadas artimañas, la gente respondiera al contrario de lo que el fujimorismo quiere: con coraje, con valor, con alegría, con conciencia de que si el fujimorismo dice que no, la única respuesta posible y correcta, es decir que SI, un sí grande, muy grande como fue la dimensión de la marcha.

Porque fueron decenas de miles. Yo computé entre 50,000 a 100,000 personas. Ya digo, fueron 50 minutos mirando gente pasar y pasar, es cosa de agarrar una calculadora y son decenas de miles. Juan Carlos Tafur, conocido periodista que de caviar tiene nada, ha cifrado la gente entre 30,000 a 50 000, vale. Pongamos por caso 30,000, es la movilización más grande que se ha visto en lo que va de campaña y aún, de muchas campañas.  No digo mítines, eso es otra cosa. Porque a diferencia de los mítines, a donde el fujimorismo y otros partidos llevan gente a la que ofrecen dádivas, en ómnibus contratados (la famosa portátil), vestidos con polos regalados; en la marcha de ayer cada persona llegó con la suya, auto convocados o convocados por las redes sociales; con sus zapatillas mayormente, pero también con sandalias, zapatos del trabajo, con ojotas, con lo que había.


NO faltó el humor: carro policial con afiche Keiko no va
Porque había de todo, blancos y mestizos, rubios y negros, izquierdistas y derechistas, pobres y ricos, hombres y mujeres, hubo de todas las razas, de todos los credos. Es particularmente esperanzador que se ve una participación creciente de una masa de jóvenes blanquitos (pitucos por llamarlos de algún modo), de miradas inteligentes, sin complejos, que marchan porque saben que es lo correcto, no son indiferentes y quieren manifestarlo, tienen valores superiores que defienden. Como querían también manifestarlo esas decenas de chicas de todos los colores que volvieron a corear la frase más emblemática de estas marchas “Somos las hijas de las campesinasque no pudiste esterilizar”. Entre esos chicas y chicos blanquitos y esas chicas mestizas, acaso esté el germen de los acuerdos necesarios que integren cada vez más a éste país y nos reconcilien con nosotros mismos.

La impresión que tengo es que esa masa compacta de gente, 50,000 o 100,000, volverán a salir a las calles antes de la segunda vuelta y como dice el refrán “seremos millones”. Es la gente que marchó contra la repartija en el congreso, y contra la ley pulpín, no tienen partido ni lo quieren tener; no tienen banderías. Y por lo mismo volverán a salir cuando sea necesario contra Keiko, Verónica, PPK o Barnechea. No importa quién sea. Ahora hay una ciudadanía con conciencia, que no existía en abril del 1992, esa fecha nefasta que no se debe repetir jamás.

Lima, 06 de abril del 2016 

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